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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Las enfermedades del tiempo venidero

José Vicente Cobo
Vida Universal
martes, 23 de enero de 2007, 18:43 h (CET)
El ser humano apegado al mundo enferma cada vez más. Con el correr del tiempo han ido apareciendo enfermedades que para los médicos siguen siendo enigmáticas y sobre las cuales hacen toda clase de suposiciones. Sin embargo, no pueden reconocer los detalles de los orígenes de los síntomas. Las causas de que una enfermedad se manifieste van a llegar a ser tan múltiples y de tan diferentes tipos, que a los médicos en muchos casos no les quedará otro remedio que reconocer que no saben qué hacer, o bien abandonarán toda cordura y administrarán irresponsablemente medicamentos y dosis de rayos que no sólo provocan malestares físicos incrementados, sino también sufrimientos y torturas anímicas.

Más de algún médico cambiará su forma de pensar y aplicará la terapia integral, que vale ante todo para el alma y sólo después para el cuerpo. Esta terapia la pueda aplicar sin embargo, sólo aquel que se ha analizado a sí mismo y ha reorientado su vida, partiendo del pensamiento humano, intelectual, hacia el reconocimiento espiritual y la sabiduría divina.

Para que todos los seres humanos se reconozcan a sí mismo y transformen su vida, Yo, el espíritu de la vida, doy indicaciones, enseñanzas y lecciones. Pero cada uno tiene que trabajar en sí mismo. A nadie se le quitará lo que tiene de contrario a la ley divina. Cada persona tiene que reconocer su ego, su falso comportamiento y estar dispuesto a superarlo paulatinamente, es decir, a no hacer más lo que va contra la ley de Dios. Tiene que estar dispuesto a trabajar con la ley en vez de actuar contra ella.

De acuerdo con esto son instruidos los médicos en Vida Universal. Ellos son los que primero se preparan. Es decir, se esmeran en empezar primero ellos mismos a vivir y actuar según la ley eterna, para después ayudar y servir al prójimo de acuerdo con las legitimidades divinas.

En breve los médicos de este mundo se sentirán impotentes ante enfermedades que nunca habían existido en esta forma, y no sabrán qué medicamentos podrán recetar. Las clínicas se llenarán poco a poco también de personas con enfermedades anímicas.

A esto hay que agregar los cuerpos humanos afectados por la irradiación atómica, que reaccionan de maneras muy diferentes a la irradiación radioactiva, que es cada vez más intensa. Así también sus dolencias.

En el curso de este desarrollo muchos médicos tendrán que reconocer su propia incapacidad; en muchos casos fracasarán en el ejercicio de su oficio médico.

Las enfermedades del tiempo venidero se basarán en su mayor parte en daños radioactivos que hay que atribuir a la contaminación atómica del aire, de la tierra, de los lagos, ríos y mares. Los mismos alimentos y todo lo que el ser humano ingiere, también medicamentos y remedios naturistas, estarán con el paso del tiempo contaminados.

La muerte física va acompañada de un gran cortejo y afecta a todos aquellos que se orientan sólo a lo material, siendo por lo tanto propensos y receptivos a las vibraciones negativas, como son la irradiación atómica, los virus y las bacterias.

En la medida en que lo negativo y lo contrario a la ley divina va sufriendo su derrota, se abre el Cielo para las criaturas necesitadas. De la publicación "Origen y formación de las enfermedades". Haga su pedido a: Vida Universal Aptdo. 3044 – 29080 Málaga

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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