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Etiquetas:   Políticamente incorrecta  

El detector de mentiras

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 22 de enero de 2007, 21:22 h (CET)
Desde hace unos meses se ha vuelto a poner de moda eso de someter a los famosos, a los menos famosos y a los frikis de todo pelaje y condición que pueblan el mundo de la prensa del corazón a esa prueba llevada a cabo con un aparato llamada “el polígrafo” o “detector de mentiras” , cuya función principal es la de medir en el individuo sometido al análisis determinadas alteraciones fisiológicas que se producen cuando éste miente: presión arterial, ritmo cardíaco, la conductancia de la piel y la respiración. Si bien el pionero en el asunto de someter a la farándula al detector fue, hace unos años (¿quién no recuerda la "Máquina de la Verdad" a la que acudió Carmen Ordoñez?), Julián Lago en Telecinco con su “Máquina de la verdad”, esta vez abrió la brecha Jaime Cantizano en Antena 3. Como no podía ser de otra forma, en cuanto los índices de audiencia se dispararon Telecinco se apuntó al asunto y fichó a otro especialista. Normal que la idea tuviera tanto éxito. Siempre produce cierto morbo eso de pillar a un personaje odioso, famoso o envidiado en un renuncio.

Sin embargo, la validez de la prueba poligráfica está siendo, al mismo tiempo, objeto de fuertes controversias en nuestro país. Según salga el resultado (vamos, si gusta o no gusta lo que presuntamente queda desvelado) se pone en cuestión la fiabilidad del aparato o se lo considera casi como un invento divino que deja claro, clarísimo “que yo no miento”. Y teniendo en cuenta quienes se someten aquí a esta prueba el asunto parece casi de chirigota. Pero la cosa es mucho más seria de lo que parece. En Estados Unidos el polígrafo, que además es utilizado desde hace muchos años por los servicios de inteligencia de todo el mundo, es admitido como prueba voluntaria de descargo. Y es que, según afirman recientes estudios efectuados por la Universidad norteamericana de Utah y por la Universidad John Hopkins, el índice de fiabilidad del aparatito, si la prueba ha sido correctamente realizada, alcanza el 95%. Fiabilidad sólo superada por la infalible prueba del ADN. Así pues, parece un buen método para pillar al mentiroso.

Pues bien, es una verdadera lástima que en España el invento en cuestión, objeto de estudio de la Psicofisiología Forense, se utilice sólo para saber si Cristina Rapado nació hombre o si Andrés Bruguera mintió acerca de su famoso padre –más serio es el asunto de Carlo Constanza, ex marido de Mar Flores-. Y es que, gracias a este invento, nos hemos enterado de cosas que, en principio, no tienen importancia alguna. Pero, eso sí...¡cómo nos divierte ver el mal trago que pasa el famosillo, personaje absurdo y parásito sin más mérito que airear cualquier cosa escabrosa de su propia vida o de vidas ajenas, cuando es pillado in fraganti soltando mentiras y más mentiras! "Ya te lo decía yo... Si es que a estos no se les puede creer nada de nada... Si mira que tenía pinta de mentiroso... Si es que no podía ser..." Y, hala, toda España entretenida delante de la tele. Pan y circo. Y la novia del ex cuñado del primo del tío del vecino del famoso en el papel en el centro de la pista.

Pues digo yo que ya puestos a esto del pan y circo para entretener a la plebe… ¿por qué no políticos o periodistas sentados en la silla de la tortura y con todo su cuerpo rodeado de cablecitos? ¿Se imaginan poder medir sus alteraciones fisiológicas mientras mienten a destajo? ¿Se imaginan lo que sería poder interrogar al político de turno sobre las mentiras -más que evidentes- que nos ha largado tomándonos por idiotas? Eso sí que tendría interés.

Yo, lo reconozco: me muero por ver al señor Rubalcaba siendo sometido al polígrafo ante los ojos de toda España. ¿Se lo imaginan? Seriamente el interrogador, con voz engolada, pregunta: "Señor Rubalcaba… ¿España no se merece un gobierno que le mienta? ¿Usted ha mentido alguna vez a los españoles?" No se iba a volver loca la máquina ni nada. Como que iba a reventar.

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