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Etiquetas:   Micro abierto   -   Sección:   Opinión

En casa ajena, voluntades propias

Pelayo López
Pelayo López
lunes, 22 de enero de 2007, 21:22 h (CET)
En nuestras casas, normalmente, podemos hacer lo que se nos ponga en gana, cierto es dentro de unas limitaciones marcadas por el que, demasiado frecuentemente, suele ser el menos común de los sentidos y, al mismo tiempo, por la deferencia de nuestros vecinos y congéneres: podemos poner los pies encima de la mesa, dejar la cama deshecha o los platos en el fregadero, e, incluso, andar desnudos tal Dios nos trajo al mundo. Extrapolando este micro-cosmos a universos de mayores dimensiones, en concreto a una realidad que nos viene a recordar que con asiduidad los seres humanos no medimos las situaciones por el mismo rasero en función de múltiples variables y condicionantes, uno se da cuenta de que cada vez es más certero eso de “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.

Nuestro país ha vivido, en los últimos tiempos, sacudidas mediáticas y sociales relacionadas con la integración que se deriva del fenómeno de la inmigración. Uno de los argumentos que con mayor frecuencia ha saltado a las bocas de los protagonistas, directos y/o indirectos, es el hecho de que, quienes vienen de fuera, deben amoldarse, aún conservando los modos de vida y tradiciones típicos de sus lugares siempre que sea compatible, a la vida de sus nuevos lugares de acogida. Sucede que, en ocasiones, nos comportamos diferente en nuestros domicilios que fuera de ellos. Eso parece haberle ocurrido a nuestro Ministro de Justicia. El señor López Aguilar, invitado por una universidad islámica de Arabia Saudí a impartir una conferencia, finalmente declinó, en el último momento, dicha invitación alegando que les fue impedido el acceso a la misma a cuatro mujeres periodistas. Parece, según han explicado desde la universidad, que el centro es exclusivamente masculino, y que ahí radican las motivaciones para dicha negación.

A veces uno se siente como gato encerrado y pretende reaccionar como gato panza arriba. Y si no que se lo digan al actor Tim Robbins, que, durante su reciente visita a Madrid para presentar su última película y comparecer en un festival de cine solidario, tuvo que compartir fotografía con el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón. Al parecer, dicha toma no estaba prevista y al actor, de marcada tendencia política, no le hizo la menor gracia, tal y como él mismo ha explicado públicamente. Cuando uno es invitado no puede establecer sus preferencias. Yo, por si acaso, ya les aviso, si algún día, sea por el motivo que sea, visitan mi residencia, déjense, por ejemplo, los cigarrillos en casa. En definitiva, que algunos tomen nota, lógico es entender que uno no puede pretender imponer en casa ajena, voluntades propias.

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