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Opinión
Etiquetas:   Religión   Iglesia   ROMA  

Políticos calvinistas

La regeneración política depende de la regeneración espiritual
Octavi Pereña
lunes, 13 de julio de 2020, 08:47 h (CET)

Francesc de Carreras comienza así su escrito <i>Holandés y calvinista</i>: “Hace unos días en el curso de una videoconferencia familiar un hijo mío nos hizo soltar a todos una carcajada cuando dijo con cara muy seria que a la vista del “personal político que tenemos en España, la única solución era que viniesen los <i>hombres de negro</i>, se pusiesen al frente de cada uno de los ministerios y designaran presidente del Gobierno a un holandés calvinista”. Es curioso que un joven español proponga como solución del desbarajuste político en nuestro país, debido a la incompetencia de los políticos, un Presidentes calvinista.

¿Quién fue <b>Juan Calvino?</b> Un reformador francés nacido en Noyon y fallecido en Ginebra (1514-1564). Su enseñanza se basaba exclusivamente en la soberanía absoluta de Dios y la autoridad suprema de la Biblia como Palabra de Dios que es. Esta enseñanza hizo mella en Holanda y en los políticos. Allí en donde la Biblia brilla con fuerza las personas y las naciones salen del oscurantismo y de la superstición religiosa.

En la escala de valores los calvinistas ponen en primer lugar a Dios y que el ser humano tiene que relacionarse directamente con Él. Difiriéndose del catolicismo romano que intercala entre Dios y el hombre a la Iglesia como mediadora principal y como medidores secundarios la numerosa cohorte de santos y vírgenes, que autoriza ejerzan su papel de medidores. Cuando la Iglesia se engrandece se empequeñece a Dios. La Iglesia usurpa las funciones de Dios y lo situ en un lugar secundario. La Iglesia se alza en la parte alta del podio. El protagonismo que adquiere la Iglesia hace, entre otras cosas, auto concederse el poder de perdonar los pecados. Jesús afirma que tiene poder de perdonar los pecados porque es Dios. Con la relevancia que adquiere la Iglesia, Jesús no es necesario. Teniendo el fiel católico a un confesor a quien ve, ¿qué necesidad tiene de Jesús a quien no ve? Mas vale pájaro en mano que cien volando. ¿Y si se diese el caso de que Jesús sea un mito como muchos aseguran? Cojamos lo que vemos. A pesar de que los fieles católicos tienen el Nombre de Dios a flor de labios, realmente no creen en Él. La Iglesia le ha quitado a Dios la potestad de perdonar los pecados y la ha traspasado al hombre.

El calvinista no creen en la mediación de la Iglesia, ni en la de santos y vírgenes. Tampoco que el hombre posea el poder de perdonar los pecados como se atribuye la Iglesia. Para él solamente “hay un único Dios, y un único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre” (1 Timoteo 2:5). “La sangre de Jesús su Hijo (de Dios) nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7). Nos deja limpios como una patena. Ocurre algo parecido a lo que le sucede a una camisa blanca tendida en el balcón. No sé por qué, pero muy a menudo le cae una mota en el cuello, el lugar más visible de la prenda, suceso que irrita a las mujeres. La persona cuya alma ha sido blanqueada por la sangre de Jesús no puede soportar la presencia de tan pequeño como lo que se considera pecado venial. No puede permitirlo porque su comisión significa que se ha transgredido toda la Ley de Dios (Santiago 2: 10). Este motivo espiritual hace que el hijo de <b>Francesc de Carreras</b> aporte como solución al desbarajuste político español que los <i>hombres de negro</i> pongan como Presidente del Gobierno a un calvinista.

El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia en Roma dice que la autoridad “es un servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios vengador para castigar al que hace lo malo” (Romanos 13: 4). El que verdaderamente es calvinista se toma al pie de la letra su condición de “servidor de Dios”, de que es un representante suyo para gobernar a su país. Si la característica de Dios es ser justo en su máxima expresión, el ciudadano calvinista o el que ejerce un cargo público, ambos, en sus respectivas áreas de responsabilidad, desean que se refleje en ellos de la mejor manera posible la santidad de Dios.

El político calvinista forma parte de la membresía de una iglesia local que se reúne para adorar a Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo y deja ante la puerta del templo los honores públicos que goza. Junto con sus hermanos en la fe celebra la Cena del Señor, que es el recordatorio de la muerte vicaria de Jesús en favor de los pecadores. Lo hace con el espíritu que enseña el apóstol Pablo: “Así pues, todas las veces que coméis este pan y bebéis esta copa la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga. De manera que cualquiera que coma este pan o beba esta copa del Señor indignamente será culpado del cuerpo y sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y como así del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Corintios 11: 23-30).

El político calvinista ante el pan y el vino que simbolizan la muerte de Jesús para perdón de sus pecados, el reconocimiento de su condición de pecador arrepentido y perdonado fortalece su fe y la capacidad de aplicar la justicia de Dios en el desempeño de su responsabilidad política. El hijo de Francesc de Carreras, aun cuando sea inconscientemente, desea que un político calvinista ocupe la presidencia del Gobierno de España.

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