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Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero  

Quien se ama a sí mismo, busca su gloria

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
domingo, 21 de enero de 2007, 21:47 h (CET)
Querido Efraín: Del modo que te traslado a continuación se expresaba Diádoco, santo obispo de Foticé, en Épiro, hacia el Siglo IV, acerca de la perfecta relación del intelecto del hombre con su Creador: “El que se ama a sí mismo no puede amar a Dios; en cambio, el que, movido por la superior excelencia de las riquezas del amor a Dios, deja de amarse a sí mismo, ama a Dios. Y, como consecuencia, ya no busca nunca su propia gloria, sino más bien la gloria de Dios. El que se ama a sí mismo busca su propia gloria, pero el que ama a Dios desea la gloria de su Hacedor”.

“En efecto, es propio del hombre que siente el amor a Dios buscar siempre y en todas sus obras la gloria de Dios y deleitarse en su propia sumisión a él, ya que la gloria conviene a la magnificencia de Dios; al hombre, en cambio, le conviene la humildad, la cual nos hace entrar a formar parte de la familia de Dios. Si de tal modo se obra, poniendo nuestra alegría en la gloria del Señor, no nos cansaremos de repetir a ejemplo de Juan el Bautista: “Él tiene que crecer y yo tengo que menguar”.

“Sé de cierta persona que, aunque se lamentaba de no amar a Dios como ella hubiera querido, sin embargo, lo amaba de tal manera que el mayor deseo de su alma consistía en que Dios fuera glorificado en ella, y que ella fuese tenida en nada. El que así piensa no se deja impresionar por las palabras de alabanza, pues sabe lo que es en realidad; al contrario, por su amor a la humildad, no piensa en su propia dignidad, aunque fuese el caso que sirviese a Dios en calidad de sacerdote. Su deseo de amar a Dios hace que se vaya olvidando poco a poco de su dignidad y que extinga en las profundidades de su amor a Dios, por el espíritu de humildad, la jactancia que su dignidad pudiese ocasionar. De modo que llega a considerarse siempre a sí mismo como un siervo inútil, sin pensar para nada en su dignidad. Esto se debe hacer: rehuir todo honor y toda gloria, movidos por la superior excelencia de las riquezas del amor a Dios, que nos ha amado de verdad”.

“Dios conoce a los que le aman sinceramente, porque cada cual lo ama según la capacidad de amor que hay en su interior para corresponderle. Por tanto, el que así obra desea con ardor que la luz de este conocimiento divino penetre hasta lo más íntimo de su ser, llegando a olvidarse de sí mismo, transformado todo él por el amor”.

El que es así transformado, vive y no vive; pues, mientras vive en su cuerpo, el amor lo mantiene en un continuo peregrinar hacia Dios; su corazón, encendido en el ardiente fuego del amor, está unido a Dios por la llama del deseo, y su amor a Dios le hace olvidarse completamente del amor a sí mismo.
Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA

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