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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

¡Arriba las manos!

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
domingo, 21 de enero de 2007, 07:03 h (CET)
Me maravilla la enorme capacidad que tenemos, gracias a la democracia, para que hablemos y protestemos y no sirva de nada absoluto, y aun para que se denuncien flagrantes atropellos y las autoridades ni se molesten en investigarlas. Da igual de lo que se denuncie, a nadie le importa un ardite, especialmente si se trata de meter el diente a las grandes compañías. Parece que es preceptivo que el timado pase antes por comisaría para presentar una denuncia; pero ni así es posible, porque, según en qué casos, le mandan al timado a quejarse a Consumo, y de aquí suelen enviarle a elevar preces a Santa Rita de Casia, que es muy milagrosa, o, en su defecto, le piden que quienes han timado al probo ciudadano le den primero una respuesta a por qué le engañaron que jamás recibirá. Vamos, lo de Kafka en versión “Spanish tonterida” que sólo redunda en beneficio de las grandes compañías muy timadoras y en un ánimo impune que les proporciona el sistema a seguir en su camino de engaños tocomocheros, porque por parte de las autoridades sólo se les brinda a los sufridos ciudadanos la posibilidad de perderse en los laberintos de la burocracia más incompetente y del absurdo más flagrante: además de cornudos, apaleados, vaya.

En fin, el caso es que nieva un par de centímetros en España y se bloquean los aeropuertos. No sé cómo harán los suecos o los rusos, pero aquí basta con un par de copos para que el desastre se verifique y todo se paralice (truculentamente para armar el timo, todo hay que decirlo). Mal, muy mal, hasta aquí; pero es que no es ni necesario que nieve para que con ésta u otra excusa, todas las vacaciones de verano, Semana Santa y Navidad, se monten unos tiberios de padre y muy señor mío en los aeropuertos, miles y miles de viajeros vean cómo no pueden realizar su carísimo viaje… y cómo las compañías aéreas se quedan con el importe de los pasajes de los miles de viajeros defraudados, así, por todo el morro. Entre los usuarios defraudados los hay que se empecinan en recobrar lo pagado y no usado, y que son como don Erre que Erre, pero ni siquiera el uno por ciento de estos obstinados defensores de sus propios derechos ve devuelto el importe del viaje pagado y nunca realizado, a pesar de haber invertido en las gestiones el equivalente a un año de esfuerzos laborales. Vamos, que el timo del aeropuerto no puede ser mayor.

Con la nevada del lunes pasado en Madrid, el 75% de los vuelos quedaron en tierra. Algunas compañías, como por ejemplo Raynair, ni advirtieron de retrasos, facilitaron información o algo parecido, o un simple tentempié a sus pasajeros, quienes a tocateja habían pagado ya sus billetes. Pues bien, ocho horas después, ya bien entrada la noche, les dijeron con los peores modos que a casita que se hace tarde, que dieran perdidos los importes de sus billetes y que como mucho, exagerando –no tenían ni siquiera hojas de reclamaciones- les devolverían el importe de “vuelta”, porque evidentemente la ida se había visto frustrada. En fin, que volver desde donde no se va, se antoja, cuando menos, un tanto paradójico o complicado, como se puede entender sin ser abogado o ingeniero de caminos.

Así está la cosa, pero la gente sigue viajando, haciendo un turismo aventura que comienza con la propia obtención del billete (pagado a precio de oro para que te traten como una genuina cabra), continúa no sabiéndose siquiera si se emprenderá el susodicho viaje, y, aun en el caso de que tal milagro se verifique, proseguirá ignorándose si se podrá regresar o no, pues que en el otro aeropuerto puede suceder lo mismo, y quedar uno abandonado a su suerte en… Tanganica, pongo por caso. Ryanair y otras muchísimas compañías son así de simpáticas. Casi tanto como las operadoras de teléfonos, como Ono verbigracia, que aunque es ilegal que te cobren por llamar para pedir asistencia técnica o información de tu factura, te cobran, ¡vaya si te cobran!, te saquean a razón de medio a euro y medio por minuto, te mantienen en la línea interminables minutos y más minutos como en un vulgar 806 (aunque no te hablan de sexo por más que joda), y se quedan tan ricamente con tu pelo y con tu pasta, y aquí no pasa nada señoras y señores diputados, fiscales, defensores del pueblo, organizaciones de consumidores y bla-bla-bleros en general.

Lo comprendo a pesar de todo, no se crean. Lo que me cuesta trabajo comprender es cómo hay tanto pillo que se llena la boca con la cosa de los derechos ciudadanos, de que las leyes están para cumplirse y con mandangas vacuas por el estilo, habiendo lo que hay y estando expuesto tan a la luz pública en cualquier casa, aeropuerto y donde sea, que así la cosa España se ha convertido en el paraíso de los timadores. ¡Y encima les pagamos estupendos sueldos a nuestros "defensores"! Y, por si fuera poco, a esta enorme colección de incompetentes a estupendo sueldo que por dejación de sus obligaciones permiten que cada día seamos timados, les damos nuestro voto, nuestro respaldo y les obsequiamos unas tarjetas oro para que gasten a tutiplén y hasta coches oficiales para ni siquiera gasten en gasolina. Somos, en fin, excedentarios en rostros de hormigón armado, y entre los unos y los otros se han montado un negocio a nuestras espaldas que para qué cuento.

A lo mejor el problema está en la excesiva civilidad o en el miedo a perder el frigorífico, porque mi generación, cuando tenía pelo y carecíamos de siquiera un duro, nos daba todo un tanto así y, si teníamos que tirar por la calle de en medio, pues tal cosa. Ardía España, la Universidad y las calles, si se terciaba, pero nunca tuvimos más derechos, incluso considerando que aquello era una dictadura. Hoy, con las buenas formas y el hablar cortésmente y en voz baja, ya vemos adónde se llega: a ser timados por los unos y desconsiderados por los otros. Aquí a quien se respeta y con quien se negocia, es con quienes incendian la sociedad (siempre fue así en todos los ángulos de la Tierra), como ETA, por ejemplo. Lamentable, ¿no es así? Ser bueno y civilizado, a la vista está, sólo sirve para ser un primo carne de timo.

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