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Armenia como aliado de Rusia

Alexei Makarkin
Redacción
domingo, 21 de enero de 2007, 20:40 h (CET)
El año pasado fue Año de Armenia en Rusia cuyo acto de clausura se efectuó en el Palacio de Catalina, cerca de San Petersburgo.

Al intervenir en la ceremonia solemne, el primer vicepremier de Rusia, Dmitri Medvedev, dijo “que Rusia y Armenia siempre se han entendido y conservado la secular experiencia de relaciones tolerantes”.

Desde luego que el carácter exclusivo de las relaciones ruso-armenias se debe no sólo a factores históricos y a la afinidad religiosa (aunque no identidad porque los armenios profesan la versión monofisita del cristianismo) de los dos pueblos. Se trata de razones pragmáticas que a menudo son más seguras que palabras más sublimes. La posición geopolítica de Armenia es de carácter muy complejo. Las relaciones con Azerbaiyán son malísimas debido al problema de Karabaj. El problema del genocidio de los armenios en los tiempos de la Primera Guerra Mundial convierte a Turquía en oponente histórico de Armenia. De modo que ahora Armenia carece de alternativa a las relaciones positivas con Rusia.

Hoy en día, Armenia puede considerarse, en efecto, como aliado más próximo de Rusia en el espacio postsoviético. Hasta hace poco se consideraba como tal Bielorrusia que junto con Rusia formaba parte de la Unión Rusia-Bielorrusia. Pero ahora las relaciones ruso-bielorrusas atraviesan por un período bastante complejo: el proceso integracionista se ha frenado, y las altisonantes frases sobre la “amistad de los eslavos” tiene cada vez más un carácter declarativo. A los inversores rusos se les niega acceso a la economía bielorrusa y a algunos periodistas de Rusia ya comienzan a negarles la posibilidad de cubrir eventos oficiales de la CEI que se celebran en Minsk.

En cuanto a las relaciones con Armenia, la situación es de carácter contrario. Rusia ha firmado con ese país un convenio sobre el precio fijo del gas hasta el 1 de enero de 2009. Sin perjuicio de ninguna de las circunstancias de carácter exterior, durante todo este período Armenia adquirirá gas ruso a un precio de 110 dólares por mil metros cúbicos. A cambio, Armenia ha cancelado su deuda con Rusia en forma ventajosa para la parte rusa: en favor de Rusia se cedió la propiedad sobre la fábrica armenia “Mars”, el instituto de investigación científica de máquinas de computación, el instituto de investigación científica de sistemas de control automatizados, el instituto de investigación de ciencia de materiales, así como los bienes pertenecientes a la central hidroeléctrica de Razdan (más tarde la empresa “Gasprom” ha obtenido la quinta unidad generadora de esta central, actualmente en proceso de construcción). En abril pasado se suscribió el convenio bilateral, según el cual se cederá en favor de la “Gasprom” el dominio del gasoducto en construcción Irán-Armenia. De modo que el monopolista gasero de Rusia va obteniendo provechosas posiciones geopolíticas en esta parte de Transcaucasia.

Empresas privadas rusas invierten activamente en la economía de Armenia. La empresa “Vimpelcom”, por ejemplo, ha adquirido este año el 90% de las acciones de la “Armentel”, principal empresa de telecomunicaciones del país. En 2004, el Banco de Comercio Exterior de Rusia adquirió la cartera de control del ArmSberbank (Banco de Ahorro de Armenia) que actualmente funciona bajo nombre de Bank VTB (Armenia)- es el primer banco del país en créditos y segundo en depósitos de la población.

Pero, según parece, Rusia no siempre justiprecia en medida suficiente sus extraordinarias relaciones con Armenia. Por ejemplo, a comienzos de 2006 Rusia subió simultáneamente el precio del gas para Armenia y Georgia, elevándolo a un nivel igual a 110 dólares. Si bien ya entonces estaba obvio que los intereses geopolíticos de Moscú y Tbilisi eran diametralmente opuestos: los acontecimientos del pasado año han venido a confirmarlo. Ya hacia comienzos de 2006 estaba claro que Georgia no permitiría privatizar en beneficio de la “Gasprom” su gasoducto maestro pues se oponen a ello tanto EE.UU. como la mayor parte de la administración georgiana. Ni que decir tiene que Georgia no podrá disfrutar de un período de gracia hasta el año 2009, y durante los primeros tres meses de este año Rusia sigue suministrando gas a Armenia al precio “viejo” de 56 dólares. Mas, para la opinión pública armenia estas cuestiones son de carácter accesorio. Lo principal es la percepción psicológica del hecho de que los países tanto amistosos como no amistosos reciben de Rusia casi por igual. Ahora la situación con respecto a Georgia ha cambiado radicalmente: este año Rusia piensa venderle gas a un precio de 235 dólares. Pero esta diversificación de actitudes hacia Georgia y Armenia se produjo sólo tras una serie de conflictos entre ambos países, conflictos que pusieron las relaciones bilaterales al borde de la congelación.

Además, en Armenia se preguntan qué será dentro de dos años cuando acabe el “período de gracia” relativo a los suministros de gas. Es que la postura de principios que Rusia mantiene radica en que en lo sucesivo a nadie le concederá rebajas sobre los precios de agentes energéticos a suministrar, de lo que, por ejemplo, acaba de hablar el titular de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov. Desde luego que la vieja política de preferencias injustificadas en materia del gas ha llevado a un atolladero pero también puede llevar a un atolladero el empeño en medir con el mismo rasero a los países que respecto a Rusia mantienen actitudes distintas. En tal caso hasta las mejores relaciones podrán acabar por erosionarse, máxime que el factor de “ampliación de Europa” sigue en pie pese al escepticismo de una considerable parte del Viejo Mundo. En caso de que la integración atlántica de Georgia prospere, podrá servir de ejemplo para cierta parte de la clase política armenia. Es necesario que Rusia aplique a este respecto una política fina y delicada para no desairar a su aliado más próximo en la CEI.

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Alexei Makarkin, Centro de Tecnologías Políticas, para RIA Novosti.

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