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Esclavo de sus propias palabras
Enrique Salvatierra
Un conocido refrán reza lo que el título de este artículo quiere expresar. Todo ser humano es dueño de lo calla y esclavo de lo que dice. Hablar resulta muy fácil, pero cada persona debe hacerse responsable de las consecuencias que estas puedan provocar en aquellos de quienes se habla. Al parecer, Ramón Calderón, presidente del Real Madrid, no es totalmente consciente de todo esto, ya que no tuvo ningún problema en expresar con claridad y sin tapujos su opinión, la cual no era nada positiva, sobre el vestuario blanco, del que Guti, Casillas o Beckham fueron algunos de los jugadores que salieron peor parados.
Aún no consigo comprender como el presidente de una entidad modelo como es el Real Madrid, puede realizar este tipo de declaraciones tan duras a la vez que desafortunadas. Un club que presume de ser el mejor del mundo, y que pregona su escuela por todo el mundo, no puede permitirse un affaire así por parte de su presidente. No ya solo por lo desafortunado de sus palabras, que no son comprensibles ni siquiera aceptando su excusa de que se produjeron en una conferencia privada, sino por el momento de crisis deportiva, futbolística e institucional que el club está atravesando en estos momentos. Recordemos que el equipo viene de dos duras derrotas seguidas, y que a finales de este mes se resolverá el juicio sobre el voto por correo, una mancha negra que persigue al club desde sus últimas elecciones.
Estas incomprensibles declaraciones, han hecho tambalearse a un barco, el blanco, que parecía empezar a levantarse con la victoria ante el Zaragoza. Y es que en un momento en el que el club, ya no solo como institución, sino como equipo, necesita unidad y estabilidad, dichas palabras provocan todo lo contrario.
Ahora Calderón debe asumir la responsabilidad de sus actos, y actuar en función de lo que un cargo como el suyo requiere. Ser presidente del Real Madrid no es solo llevar una empresa de puertas para dentro, sino mantener una imagen de puertas para fuera, algo que el máximo mandatario del club blanco no ha conseguido. Quizás este hecho no provoque la dimisión del presidente, pero si va a dejar muy tocada su imagen ante la afición madridista, para la que también tuvo palabras en su discurso.
Aún así, se agradece su rápido arrepentimiento, y su posterior charla-disculpa con los jugadores, pero esto no será suficiente para recuperar la confianza y la imagen que un presidente del Real Madrid requiere. Y no quiero acabar sin recordarle al Sr. Calderón lo que el título de mi artículo reza, porque como les decía al principio, toda persona es dueña de sus silencios, pero también es esclavo de sus palabras. Aprenda la lección Sr. Calderón.
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