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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Valencia ya es Mónaco

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 18 de enero de 2007, 21:27 h (CET)
Para que no se me trate de mal valenciano y de cometer crimen de lesa patria, que es lo primero que hacen por mi tierra cuando alguien es critico, lanzaré los gritos de rigor y dejo claro ya, desde este momento, que vivo en una de las ciudades más bonitas del mundo- a pesar de sus autoridades- y que me encuentro feliz en ella- pese a los que la rigen- y que a pesar de que muchas veces me dan ganas de dejarla nunca lo haré de manera voluntaria. Pero mi ciudad no es la misma que las autoridades tratan de venderle al mundo, mi ciudad no son esas grandes construcciones de un conocido arquitecto valenciano- por cierto residente en Suiza-, mi ciudad son las viejas callejuelas del centro histórico por las que llegar al Mercado Central o la Lonja: dos auténticas joyas de épocas diferentes. Mi ciudad son esos alrededores de la misma donde todavía es posible ver campos donde las lechugas se hermanan con las alcachofas y en la que diversos tonos de verde dan vida a una huerta que estamos dejando morir día a día en manos de la especulación y el ladrillo. Mi ciudad son esas calles que rodean la Basílica de la Virgen y la vieja Catedral por las que Ausias March paseó más de una vez. Mi Valencia es una Valencia sin prisas, una ciudad llena de calma para andarla acariciando las paredes de los viejos palacios que todavía persisten en la calle de Cavallers.

Por desgracia las autoridades que rigen los destinos de esta bella ciudad no opinan como yo. Ellos, con nuestra alcaldesa al frente, son más amigos del boato y el oropel que de mantener lo antiguo. La huerta se nos muere un poco cada día y durante un tiempo las calles del casco histórico – uno de los más grandes de Europa- parecían una copia de un Beirut bombardeado. Pero alguien retomó una vieja idea de cuando los socialistas gobernaban y se comenzó a elevar cerca de la vieja desembocadura del Turia la Ciudad de las Artes y las Ciencias, unas obras faraónicas que durante su construcción han ido elevando su coste y que han endeudado a los valencianos para décadas y décadas. Cuando el socialismo gobernaba estas tierras- no es que las cosas fueran mejores- idearon estas construcciones, luego los que ganaron las elecciones, que se habían reído de la idea, la llevaron a cabo de manera exagerada. Caballo grande ande o no ande.

Ahora hay que sacarle partido a toda esta inversión y hay que venderle al mundo esta parte, digamos bonita y moderna, de la ciudad. Y qué mejor que convertir Valencia en un nuevo Mónaco. El mismo mar baña ambas riberas, ambas ciudades tienen un paseo marítimo y si los monegascos tienen un precioso casino nosotros tenemos infinidad de timbas, tahúres incluidos, desperdigadas por nuestra geografía naranjera. Incluso tenemos una alcaldesa con aires y ganas de ser la “princesa de Valencia” y un President de la Comunitat que pasea el mismo aire de tristón y aburrido que Alberto de Mónaco. Tan sólo nos faltaba una carrera de Formula 1 por nuestras calles y ya la hemos tenido. Aunque tan sólo fueron ocho minutos de gloria para esta ciudad.

La escudería McLaren Mercedes ha venido a presentar su nuevo MP4/22, el vehículo que intentará llevar a Alonso al tercer campeonato mundial de la especialidad, a Valencia. Y las calles aledañas a la Ciudad de las Artes y las Ciencias se llenaron de una ingente multitud para escuchar los rugidos de los coches de la Fórmula 1. Verlos ya fue más difícil ya que las sombras de la noche hicieron que lo que tenía que durar treinta minutos quedará tan sólo en una exhibición de ocho minutos por cuestiones de seguridad. La broma nos ha costado a los valencianos un millón doscientos mil euros más toda la parafernalia de vallas, salario de 400 policías y las molestias que llevó consigo cortar el tráfico en la zona durante varias horas. Y eso que el circuito de Cheste, más apropiado para estos eventos, está tan sólo a escasos treinta kilómetros de la ciudad.

Pero como siempre hay quien ha sabido sacar buen rédito de estas celebraciones. Los dirigentes populares estuvieron todos en primera línea, salieron en todas las fotos y eso en año de elecciones es muy rentable. Que nuestra huerta se muera cada día amenazada por el cemento que avanza inexorablemente, que muchos niños valencianos sigan dando clases en barracones prefabricados, que los ancianos más necesitados sigan sin tener la asistencia necesaria y sean los familiares los que palien las deficiencias de los servicios públicos, que los barrios periféricos sigan reclamando dotaciones sociales y culturales o que en el otro extremo de ese mismo viejo cauce del Turia por donde pasó Alonso sigan durmiendo gentes debajo de los puentes no es una bonita postal. No sirve para el disparo de salida de una campaña electoral que ha comenzado a toda prisa, con las prisas y los ruidos de los coches de Fórmula 1. Ese día los pájaros que anidan en aquella zona del viejo cauce emigraron hacia zonas más tranquilas. Es de esperar que los valencianos que amamos esta ciudad no tengamos que hacer como ellos. Pero Mónaco no nos dará envidia.

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