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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

La Estación Internacional de Canfranc: de monumento único a aberración destructiva

Raúl Tristán

jueves, 18 de enero de 2007, 21:27 h (CET)
En Aragón hay gentes que parece que vinieron a este mundo con el único fin de hundir a esta tierra en el lodo hediondo de la miseria cultural.

Recuerdo cuando era un crío y la mochila de montañero sobresalía por encima de mi cabeza, mientras recorría a pie, o sea, como debe hacerse, los bellos parajes del Pirineo aragonés, ese magnífico monumento natural que hoy se encuentra casi desmantelado gracias al crecimiento descontrolado de estaciones de esquí y urbanizaciones (el hormigón llegó a la Naturaleza para asfixiarla), tragedia permitida, auspiciada y promocionada por nuestros ególatras mandamases, más preocupados del euro que se llevan al bolsillo que de la herencia cultural que deben dejar a sus nietos. Una ejecución, como digo, llevada a cabo bajo un engañoso nombre empresarial: Aramón, montañas de Aragón. Risa me daría, si la cuestión no fuera tan seria. Pero aunque ese será un asunto a tratar en breve, no lo será hoy.

La cuestión de este día es similar pues, como digo, recuerdo que cuando caminaba por esas montañas, una de las bases de partida era Canfranc. El Canfranc de cuento montañés, con su torre a la entrada y su Estación Internacional, edificio bellísimo de 1928, de sinuoso tejado de pizarra y columnas de fundición, ejemplar único reconocible en cualquier lugar del mundo en el que se hallara levantado.

Por desgracia, semejante obra maestra de la arquitectura se levantó en Aragón, o por desgracia los americanos no llegaron a tiempo de llevárselo piedra a piedra para erigirlo de nuevo y con honores como sede del rectorado de alguna de sus universidades.
Y digo por desgracia porque aquí estamos tan acostumbrados a ver excelentes piedras seculares, que las denostamos y las derruimos como si de escoria urbanística se tratara. Un estorbo Generalmente para levantar en su lugar algún mamotreto de moderno e incomprensible diseño, poco útil, de escasa habitabilidad en términos humanos pero de excelente rentabilidad a efectos del bolsillo de algunos.

Pues bien, después de años y años de abandono, en los que la estación estuvo a punto de venirse abajo, se acometen unas obras que pretenden hacer desaparecer precisamente los elementos más característicos de la misma, entre ellos las columnas o pilares y la techumbre.
El razonamiento dado para semejante injuria, afrenta moral, ataque al patrimonio, no es admisible. En realidad se pretende convertir al anciano edificio en un ente diferente, en nada parecido a lo que fue, excavando sus cimientos para hacer plantas subterráneas, levantando sus cubiertas para dotarlo de más plantas, y claro, esa obra destructiva no se puede llevar a cabo sin colocar unos pilares que soporten más carga, y una cubierta más ligera que la original...

Cuando las obras acaben, ninguno de los que hemos conocido la estación podremos reconocer en ella el lugar mágico, refugio de fantasmas, escenario de aventuras y leyendas, o de historia, como el episodio del oro nazi, que inspiró y alimentó nuestra imaginación.

Ha de detenerse semejante atropello y, por suerte, APUDEPA , Asociación de Acción Pública para la defensa del Patrimonio Aragonés, se ha puesto manos a la obra, denunciándolo ante el TSJA. Esperemos que lleguen a tiempo.

Desgraciada tierra aragonesa, llena de tesoros que tus hijos desprecian.

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