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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Prevención de la violencia doméstica

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
jueves, 18 de enero de 2007, 18:42 h (CET)
Otra muerte de un menor, en este caso un bebé, saca a la luz la violencia cometida en el seno de las familias desestructuras. Fuerteventura, madre de 18 años que trabaja y deja en manos de su compañero sentimental de 20, con muerte del bebé de 6 meses por consecuencia de los malostratos, con un padre biológico de 17 años desconocedor de todo, tiene los suficientes datos como para analizar en qué sociedad vivimos. Violencia no incluida en las leyes específicas que ya la secretaria general de Políticas de Igualdad, Soledad Murillo, consideraba que estos casos estaban "perfectamente" incluidos en el Código Penal por lo que no era necesario que estén amparadas en la Ley contra la Violencia de Género. Tal vez no debiera esta incluida ninguna violencia en esta ley denunciada por discriminatoria y que no soluciona nada.

Todas las violencias entre las que se encuentra la doméstica son condenables, pero la prevención -como en la enfermedad- es atenuadora solución para evitar los trágicos desenlaces. Probabeblemente si los dos padres estuvieran responsabilizados en la crianza otro gallo cantaría. Pero el gallo desafina siempre en la facilitación social y legal de la desestructuración familiar, que sucedido el trágico desenlace se complementa con el dedo acusador del culpable intruso. Maltratos unos que llevan a la muerte, otros que provocan fuertes desequilibrios psíquicos en los menores sin que nadie haga nada, muchos tienen sus raíces en la desestructuración familiar. El individualismo personal introducido en la familia es su caballo de Troya, que nunca se sacia al necesitarla. Este posterior hambre de familia hace consumir productos que caducados o no acordes al organismo individualista, que pagan susbsidiariamente los hijos. Cuando se aprobó la ley del divorcio exprés donde no hacía falta alegar causa alguna, ningunos de los que pudieron recurrirla quisieron ver que se disolvía el artículo 39 de la Constitución. Artículo que obliga al Estado en la protección de la familia, las madres y los hijos, lo dejaba con la ley en huelga de brazos caídos. Desprotegida la familia en su papel y fuerza cohesiva, los pésimos resultados devienen en cadena. Prevenir antes que curar, y en familia a eso se llama protegerla como institución para que sus miembros se vena beneficiados. Aunque ellos mismos, en su individualismo ni siquiera lo sepan.

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