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Turkmenistán podrá rivalizar con Rusia en el mercado gasista

Andrei Grozin
Redacción
miércoles, 17 de enero de 2007, 22:27 h (CET)
El problema relativo al futuro de Turkmenistán requiere de un análisis serio y minucioso. La desaparición del “Padre de todos los Turkmenos” Saparmurat Niyazov obliga a mirar de forma nueva lo que pasa en la república a través del prisma de posibles procesos políticos internos.

Originariamente, como posible sucesor del Turkmenbashy se consideraba a Ovezgueldy Ataiev, presidente del parlamento y vicepresidente de la Asamblea Popular que es el máximo órgano legislativo de Turkmenistán. Este ex maestro de 55 años, jurista y ex presidente del Soviet Supremo de la república, es una persona poco notable, pero el Consejo de Seguridad de Turkmenistán declinó su candidatura alegando el hecho de que la Fiscalía de la república abrió contra él un proceso criminal.

Es el viceprimer ministro Kurbangueldy Berdymuhamedov quien se hizo presidente interino de Turkmenistán. Él también fue nombrado maestro de ceremonias en los funerales del Turkmenbashy. En Turkmenistán se le conoce como político débil y de poca ascendencia. Todo parece indicar que será justamente él el próximo presidente de Turkmenistán.

Por otra parte, toda la élite política de Turkmenistán es débil, poco influyente y carece de figuras más o menos destacadas. En Turkmenistán, como en ninguna otra parte del espacio postsoviético, todos los altos funcionarios tenían bien desarrollado el síndrome de favoritismo. En el Gobierno cada ministro desempeñaba su cargo durante 6 meses por término medio, después de lo cual era expulsado, escapaba al exterior o ingresaba en prisión. Basta decir que desde comienzos de 2001 hasta noviembre de 2002 tan sólo los presidentes del parlamento cambiaron cuatro veces. Es muy poca la influencia de que gozan todas las estructuras y personas que ambicionan el poder, especialmente en lo social.

Ahora, en cambio, las élites nacionales poco a poco comienzan a erguir la cabeza, siendo de suponer que les espera un período corto, pero bastante intenso, de luchas por el reparto del poder.

Es muy amplio el círculo de personas capaces de ambicionar el máximo cargo público y que tienen influencia más o menos igual, que es bastante poca.
El presidente turkmeno no se preocupó de nombrar un sucesor: quizás confiaba tanto en su exclusividad e irreemplazablidad que no quería ni pensar en tales cosas, sin que hubiera nadie que se lo dijese. La variante casi dinástica de traspaso del poder al hijo de Niyazov, a semejanza de lo que sucedió en Azerbaiyán, difícilmente podrá tener lugar porque en Turkmenistán no hay nadie quien apoye a aquél.

Hablando desde el punto de vista de la materialización práctica de sus ambiciones, podemos afirmar que lo más probable es que el poder lo pueden tomar aquellos que están a cargo de las instituciones armadas. Pero tanto las Fuerzas Armadas como el Ministerio del Interior y el Ministerio de Seguridad Nacional cada medio año o año se sometían a purgas, de modo que también presentan el mismo cuadro de debilidad.

Las elecciones a la presidencia se celebrarán el próximo 11 de febrero. Todavía nadie sabe en concreto quién será el sucesor de Niyazov. A mi modo de ver, este sucesor no existe, lo que no es de sorprender, dadas las regulares purgas de la élite turkmena que el presidente fallecido realizaba. La vida política de Turkmenistán parece un desierto. El país carece absolutamente de mecanismo de seguro para casos de fuerza mayor semejantes a la muerte del primer mandatario del Estado.

La influencia que la oposición tiene sobre los procesos dentro de la élite es ínfima y está asegurada únicamente por sus parientes representados en los órganos del poder. La clase política turkmena está fuertemente permeada de relaciones de parentesco y regionales pero después de desplazados del poder Shihmuradov, Orazov, Hanamov y otros oposicionistas destacados, sus parientes quedaron apartados de la cúspide del poder y de los negocios.

Es de afirmar que la oposición dentro del país no existe porque Niyazov la eliminó hace ya tiempo y para siempre. Los oposicionistas que se encuentran en exilio no son capaces de controlar la situación a distancia. Es dudoso que en los próximos tiempos se les permita entrar en el país: nadie necesita rivales en la lucha por el poder y en los negocios que se va a desarrollar a partir de ahora.

En Turkmenistán no se podrá movilizar a la gente a semejanza de lo que pasó en Kirguizistán. La población turkmena está acostumbrada a mostrarse leal al poder central por lo que será muy difícil cuando no imposible lanzar allí una “revolución de color”. La mayoría de la población aceptará la figura política que pueda tomar el poder y anunciarlo en voz más alta que los demás.

En condiciones de este “interregno” adquiere cada vez mayor importancia el papel de los pretorianos de nuevo cuño que disponen de fuerza real. Estos centros de fuerza son actualmente tres: el sesentón ministro de Defensa Agagueldy Mamedgueldyiev (el mayor de todos los allegados al líder de antes y, en virtud de este hecho, el candidato más probable al cargo de presidente de la Asamblea Popular). Mamedgueldyiev había fungido antes como director de un sanatorio militar y jefe del servicio logístico en el Ministerio de Defensa. Todo parece indicar que el ministro de Defensa actúa de mancomún con Akmurad Redjepov, jefe del servicio de protección del presidente, lo que lo hace el más influyente de los pretorianos.

Otra institución armada es el Ministerio del Interior cuyo titular es Akmamed Rahmanov, hombre de confianza de Saparmurat Niyazov. El tercer grupo está encabezado por el ministro de Seguridad de Turkmenistán, Gueldy Ashirmuhamedov, experto funcionario del servicio de seguridad de antiguo cuño y de los tiempos soviéticos. Ashirmuhamedov posee amplias influencias en el ejército turkmeno: antes de ser nombrado titular del Ministerio de Seguridad Nacional durante varios años había desempeñado el cargo de comandante de las Tropas Terrestres del país.

Hoy día son justamente los titulares de las instituciones armadas quienes ocupan posiciones fuertes en la élite turkmena, mientras que los políticos civiles de momento tienen la posibilidad de promoverse sólo como fantoches. El ya mencionado presidente interino y vicepremier para asuntos de Sanidad, Kurbangueldy Berdymuhamedov, o el titular del Exterior, Rashid Meredov, bien podrán encabezar formalmente la nación pero no dispondrán de resortes de poder reales.

Lo mismo se podría decir a propósito de los candidatos promovidos por la Asamblea Popular: Ishankulí Nuryiev, vicedirector de la corporación estatal “Turkmengeología”, quien desde diciembre de 2005 funge como ministro de Industria Petrolero-Gasera y de Recursos Minerales, así como de otros candidatos cuyo gran número muestra la debilidad total de la élite del país.

No obstante lo anterior, la situación dentro del país que se ha establecido durante el Gobierno de Niyazov, ahora después de su fallecimiento se ha agravado lo cual se nota especialmente en el ámbito social. El desempleo oculto ha alcanzado amplias proporciones. Los especialistas diplomados en otros países quedan sin empleo porque sus títulos se han declarado inválidos. El bajo nivel de vida de la población tampoco es un factor favorable para el régimen existente. El poder adquisitivo del salario que tienen los ciudadanos de Turkmenistán es uno de los más bajos del área. La inflación oculta se observa desde hace ya años. Por ejemplo, el manat (unidad monetaria de Turkmenistán) se ha devaluado en 12,5 mil veces desde que fue puesto en circulación. Con la muerte de Niyazov todos los problemas que aquejan la economía y la esfera social se harán evidentes, poniendo al descubierto los defectos y factores contradictorios de que adolece la economía de Turkmenistán.

Es bien probable que haya un determinado ablandamiento del régimen porque la élite turkmena de modo alguno está interesada en tener un régimen idéntico al de Niyazov. Además, quisieran aparecer a los ojos de la comunidad mundial en una forma menos odiosa. Pero una determinada apertura democrática en forma “dosificada” y en cantidades ínfimas tendrá lugar solamente en caso de que el cambo del poder se produzca por vía más o menos pacífica.

Ahora Rusia podrá tener una buena oportunidad para fortalecer su influencia en la república. Quienquiera que sea la persona que quede electa al cargo de presidente, estará interesado en obtener un valioso recurso político y financiero en cantidades mayores posibles y plazos más breves. Solamente una entidad que desde hace tiempo funcione en Turkmenistán y posea amplias influencias en la élite local es capaz de ofrecer ese recurso, siendo la empresa “Gasprom” que responde a estos criterios.

Hay también causas objetivas para conservar la influencia de Rusia en Turkmenistán sin perjuicio de quién llegue a ocupar la silla presidencial en ese país. El sistema de transporte del gas turkmeno hacia los mercados mundiales es bastante simple: todos los flujos pasan a través del territorio y por ductos de Rusia, Uzbekistán y Kazajstán. Hoy día la “Gasprom” es propietaria real de los yacimientos de gas, y esta realidad perdurará otros 25 años de conformidad con el convenio suscrito entre Moscú y Ashjabad.
Cabe recordar que hasta tiempos recientes Rusia se ha mostrado demasiado condescendiente respecto al comportamiento de la parte turkmena que menoscaba los derechos y libertades de decenas de miles de rusos en ese país. Después de la firma del convenio entre Turkmenistán y Rusia sobre la exportación de gas turkmeno a terceros países quedamos comprometidos y atados de pies y manos. Pero ahora Moscú tiene muchos argumentos de peso para las negociaciones con Ashjabad. Si la Federación de Rusia limita por un mes la exportación de gas de Turkmenistán la economía de ese Estado sufrirá un daño enorme. Hay que tener muy claro que tanto el antiguo líder como, según parece, sus sucesores son del tipo de gente que no aceptan crítica de ninguna clase ni atienden a argumentos diplomáticos y respetan sólo la fuerza.

La realidad es tal que si Rusia no adopta una serie de medidas activas y drásticas con respecto al régimen de Turkmenistán, lo harán activamente los Estados Unidos. Turkmenistán ordinariamente rica en gas representa el último eslabón en el “cinturón de anaconda” que cierra sobre Irán, siendo un país que en potencia es capaz de hacerle a Rusia una seria competencia en el mercado del gas europeo. Es cierto que de momento los oposicionistas emigrados no poseen ninguna influencia pero el tiempo, el dinero y tecnologías políticas podrán mover al país desde las posiciones de “estabilidad a la turkmena”.

En estas condiciones es importante que Rusia no encauce sus esfuerzos hacia momentáneos “convenios del gas” sino hacia el establecimiento de determinadas relaciones con la élite turkmena, relaciones que contribuyan a reforzar la influencia de Rusia en esta república y en el área centroasiática en general.

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Andrei Grozin, Instituto de los paíse de la CEI, para RIA Novosti.

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