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Cae un alcalde prevaricador

Rafa García
Rafa García
@rafagarciak
miércoles, 17 de enero de 2007, 10:43 h (CET)
Mientras Mariano Rajoy continúa con su discurso incendiario, intentando sacar vergonzosamente réditos del terrorismo de ETA, los problemas de corrupción le siguen acechando al líder del Partido Popular. Ayer dimitió, por fin, el alcalde de la localidad castellonense de Vila-real, Manuel Vilanova, al que el Tribunal Supremo había condenado hace más de un mes a ocho años de inhabilitación, y a 18 meses de prisión, por prevaricación. Según la sentencia condenatoria, el edil había permitido las ruidosas emisiones de la empresa Rocersa, a pesar de ser consciente de que con su actitud incumplía la ley. Por culpa de la dejación de funciones del ex alcalde, los vecinos del entorno no podían vivir en paz en el interior de sus hogares.

Una vez conocida la sentencia, el alcalde de Vila-real se resistió a la dimisión, y recurrió a todo tipo de subterfugios legales para intentar eludir la acción de la justicia. Las malas lenguas, las de doble y triple filo, aseguran que Vilanova quiso dimitir al ser condenado, pero que el presidente provincial del PP, Carlos Fabra, le presionó para que no lo hiciera. Esas mismas lenguas viperinas consideran que Fabra estaba “poniendo sus propias barbas a remojar”, por si dentro de algunos meses había de verse en circunstancias similares.

Y es el líder del PP castellonense también tiene problemas judiciales. Fabra, que ha gobernado “manu militari” la provincia, mandando “en todo”, está imputado por uno o varios delitos contra la administración pública, y tiene tras de sí a la Agencia Tributaria, que le acusa de haber hecho unas declaraciones de la renta un tanto peculiares.

Sea como fuere, lo cierto es que Rajoy sigue instalado en el NO; que sigue incendiando la política patria; que está dispuesto a sacar tajada del terrorismo de ETA; y que mira para otro lado cuando los efluvios de la corrupción salen por los poros del Partido Popular.

Ayer dimitió el alcalde de Vila-real, quizá para evitar que la Policía se presentase un día en su despacho y procediese a sus destitución. En Castellón es la primera pieza de Rajoy que cae, y créanme cuando les digo, que la más inocente de todas. Vilanova ha actuado mal, movido por las presiones que quizá hubo de sufrir en su momento para consentir ciertas cosas, y por el ambiente de prepotencia e inmunidad en el que se movió el PP en Castellón entre 1995 y 2004.

Pero no ha caído por causas urbanísticas o por fraude. Para eso, Rajoy puede tener otros candidatos, no demasiado lejos de Vila-real.

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