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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Pavana por un infante difunto

Antonio García-Palao (Madrid)
Redacción
domingo, 14 de enero de 2007, 21:18 h (CET)
Llamar eufemísticamente banderillas a dos arpones de acero cuyo único objetivo es clavárselos en la cerviz a un inocente animal de no más de seis años de vida es un insulto a la inteligencia, pero querer disfrazar su fría y cruel utilidad adornándolos de festivos colorines es una cobardía que pretende ocultar la realidad.

Vístase el matarife de blanco. Que todos puedan ver las sanguinarias salpicaduras de su hazaña. Muéstrense las vísceras atravesadas por el vil estoque. Y los pulmones. Y el corazón aún caliente. Que quede constancia que a espada se ensarta al cachorro.

Callen de una vez los vulgares clarines, que aquí no hay nada que celebrar. Aquí se ofende a la vida. A su Creador. Se ofende la sensibilidad de millones de almas horrorizadas. Se ofende al arte con mayúsculas. Se ofende a la moral, a la ética, a la civilización y a todos y cada uno de los animales del mundo.

Contigo, "picaor", no quiero cabalgar, ni compartir pradera, ni siquiera heredar la tierra mientras dure tu locura despiadada. Queden los "olés" para un "picao" bien fraseado de la guitarra y nada más.

Reniego de la copla torera y el flamenco torero. A mi me gusta la auténtica "Siguiriya" (seguidilla) , y la Taranta minera, y la Alboreá, y la "Soleá" (soledad), y el Zorongo gitano. Reniego de los poetas advenedizos que cerraron sus ojos al espanto. Su verso abominable me escandaliza. Me quedo con la España rapsoda de Albéniz, Rodrigo y Chabrier.

No me quedan paños calientes. El decoro me lo impide. El mismo al que se apela
para escudarse tras el perverso eufemismo banderillero.

Ha llegado el momento de optar. La sangre ha empapado la tierra. Y los corazones. Se ha alzado la voz lo suficiente. Ha quedado negro sobre blanco, incluso en solfa. Basta ya de disfrutar haciendo sufrir. Basta ya de agitar blancos pañuelos para vitorear la crueldad y la infamia. Al pan, pan. Y la pavana por el infante difunto, de negro.

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