Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Hablando de éticas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 14 de enero de 2007, 21:18 h (CET)
Como en tantos otros conceptos, también sucede con la ética. Se les utiliza por doquier, se les modifican sus apariencias y se llega a echar mano de unos significados ocultos. Con ello se alcanza una idea abstracta; o algo parecido, nadie se queda ya con una idea en común, cada cual es portador de su ética particular, es la que utiliza en sus escarceos sociales. El desconcierto es descomunal y se aprecia desde las primeras observaciones.

Puestas así las cosas, ¿Hay que seguir hablando de ética? Por que si pensamos en su valoración positiva, su necesidad, hay que seguir interrogándose, ¿Qué ética? ¿Cuándo aplicaremos cada una de sus variantes? ¿Quién representa una ética idónea? ¡Ya no valen monsergas! ¿En que facetas o formas de ética hemos de fijarnos?

De tan acostumbrados a la convivencia con los desmanes y codicias, mentiras y pérfidas actuaciones; atendemos a una crítica superficial y profesamos una lamentación permanente. Se nos pierde en el camino la virtud de la ADMIRACIÓN, ¿Pero queda algo que admirar? Aún así, la cuantía visible actúa en favor de lo criticable. Sin embargo, nos olvidamos de un pequeño matiz, pero fundamental; la capacidad para la admiración ha de establecerse en primer lugar, sin ella no se distinguirán las posibles bondades.

Muchos autores abogaron por esa actitud tan conveniente. Destaco los escritos de Aurelio Arteta y su libro "La virtud de la mirada. Ensayo sobre la admiración moral". Pese a ello, como despreciando sus reflexiones, nos dejamos avasallar por las estadísticas y los números. ¿Quién sabe dónde quedaron otro tipo de razones? Nos urge una revitalización de la capacidad de DISCERNIMIENTO ante la pléyade de novedades tendenciosas. Es decir, una comparación permanente entre lo más valioso y lo necio o deleznable. También una distinción entre la ambigüedad meliflua que traga con mafiosos, terrorismos y mandangas de todos los sectores. Por desgracia, esta capacidades distintivas no se adquiere desde la resignación y el silencio, requieren un aprendizaje y una práctica realizadas con energía, desde las escuelas y los grupos de gentes interesadas en ello.

Tiene una importancia notable esa adquisión de ese POTENCIAL de ADMIRACIÓN, es una labor social genuina, ya que no se trata del pronunciamiento de los iluminados más vociferantes, ¡Cómo es posible que existan tantos! Ese potencial ha de elaborarse con un debate entre verdaderas razones y de forma continuada; no es sólo un pronunciamiento, es labor asidua. Atentos a los dibujos estadísticos interesados, enfrentados a tantos uniformadores de lo ajeno como suelen brotar. Aquí se procuraría una mejor distinción entre los dirigismos nefastos y las virtudes sociales. Que esto no se haga, es una de las calamidades contemporáneas.

Para que no quedemos constreñidos por éticas de tres al cuarteado total, convendrá la clarificación de aquellas cosas que aporten mejores cualidades a la convivencia de todos y permitan mayores grados de felicidad. Vamos camino del adocenamiento, dando por aceptado lo mediocre; como un cinismo preocupante, por que así se facilitará la circulación al no buscarse complicaciones más elevadas.

A lo largo de los días nos enfrentamos a problemas concretos y por incapacidad o por desidia, no digamos si por usuras o crueldades, incurriremos en múltiples desvaríos de los derroteros más humanos. El hecho cotidiano nos pone a prueba, con eso hemos de contar, siempre estaremos ante una calibración entre las diferentes posibilidades. Desde la mera opinión, a las ideas y las acciones, la DIVERSIDAD es la regla natural, no lo podemos soslayar. Es a partir de los diferentes comportamientos donde se podrá establecer la comparación aclaratoria. ¿Lograremos una base adecuada para ese discernimiento?En algún sitio habrá que elaborarlo, sea en la familia, escuelas, universidades ... Si no disponemos de esos fundamentos, ¿Con qué recursos contaremos?

Si nos dejamos enredar, no saldremos jamás de la maraña. El diálogo suele confrontar los asuntos de diferentes esferas -biológicas, legales, morales, políticas-. Entre las pretensiones y las posibilidades reales se establece un tenso forcejeo inevitable. Por eso será frecuente escuchar eso de la terquedad de los hechos, o posponer unos ideales, limitándose de entrada a logros más modestos. Según estas orientaciones ¿Sólo cabe conformarse con lo pragmático, dejando distanciadas las aspiraciones? ¿Quién tira del carro? O bien el conformismo vence como alternativa e impone su ley aunque caigan chuzos. Digamos que una TENSIÓN SANA no debiera impedir las directrices de las buenas razones.

Nos plantean excesivas "soluciones democráticas" para complacencia de las mayorías de turno, con ello pretenden la disuasión de otros enfoques. Al tratar de satisfacer a la mayorían se huye de logros más selectos; apunta Aurelio Arteta a declives progresivos por acomodación a una normalidad sin otras ansias de superación. Si además añadimos la politización abusiva de nombramientos, puestos de trabajo e incluimos diversos negocios, acabamos con el comentario sobre los factores éticos; su consideración va reculando sin remedio. Si se encorsetan escuelas, medios de comunicación, subvenciones y tramas de lo más complejas ¿La ética conserva alguna opción?

La contingencia de unos criterios elaborados por personas no debe convertirse en argumento para imposiciones, por muy numéricas que sean, ellas también adolecen de esa inseguridad y otras deficiencias de planteamiento. Tampoco justifican actuaciones como si no hubiera criterios; aunque sean mejorables, no cabe duda de que los hay. Son razones y la elaboración conjunta quienes llegan a forjar las directrices éticas.

Nadie osará en erigirse como estandarte de la perfección, ¡Falta poco! La introducción de mejoras en los criterios éticos actuales exige educación, ganas y tenacidad. Despues cabe referirse a éticas de mínimos o de máximos; así como a la adaptación de las mismas a los avances técnicos y a los cambios sociales. La exigencia del mencionado discernimiento constituirá una de las pocas formas de evitar los disfraces de los grupos dominantes e insensatos, y la imposición de tergiversaciones deplorables como culturas.

Admiración y diferenciación de lo bueno y de lo malo, así de sencillo. Procurarlo y no silenciarlo con nuestras actitudes.

Noticias relacionadas

¿Inmigración sin filtros? La criminalidad se instala en España

“La inmigración ilegal es la crisis de nuestro país. Es una puerta abierta para las drogas, criminales y terroristas potenciales para entrar en nuestro país. Se está agotando nuestra economía, añadiendo los costes de nuestra justicia, la salud y los sistemas educativos.” Timothy Murphy

¡Casualidades…des……des………des!, con eco

El Destino no está siendo especialmente amable

Cerdos y tirantes

Decía Pablo Iglesias en algun reunión con sus amiguetes de la kale borroka que había que “cazar fachas”

Carles Riera, sin foto en el cartel

Perfiles

¿Será Erdogan el nuevo Saladino de Jerusalén?

¿Peligra la vida de Erdogan?
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris