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Opinión
Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero  

La Voz desciende del cielo

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
domingo, 14 de enero de 2007, 21:18 h (CET)
Querido Efraín:

Juan estaba bautizando, y Cristo se acercó, tal vez para santificar al mismo por quien va a ser bautizado; y sin duda para sepultar en las aguas a todo el viejo Adán, santificando el Jordán antes de nosotros y por nuestra causa; y así, el Señor, que era espíritu y carne, nos consagra mediante el Espíritu y el agua.

Juan se niega, Jesús insiste. Entonces: “Soy yo el que necesito que tú me bautices”, le dice la lámpara al Sol, la voz a la Palabra, el amigo al Esposo, el mayor entre los nacidos de mujer al Primogénito de toda la creación, el que había saltado de júbilo en el seno materno al que había sido ya adorado cuando estaba en él, el que era y habría de ser precursor al que se había manifestado y se manifestará. Soy yo el que necesito que tú me bautices; y podría haber añadido: "Por tu causa." Pues sabía muy bien que habría de ser bautizado con el martirio

Pero Jesús, por su parte, asciende también de las aguas; pues se lleva consigo hacia lo alto al mundo, y mira cómo se abren de par en par los cielos que Adán había hecho que se cerraran para sí y para su posteridad, del mismo modo que se había cerrado el paraíso con la espada de fuego.

También el Espíritu Santo da testimonio de la divinidad, acudiendo en favor de quien es su semejante; y la voz desciende del cielo, pues del cielo procede precisamente Aquel de quien se daba testimonio; del mismo modo que la paloma, aparecida en forma visible, honra el cuerpo de Cristo, que por deificación era también Dios. Así también, muchos siglos antes, la paloma había anunciado el fin del diluvio.

Nada hay que agrade tanto a Dios como el arrepentimiento y la salvación del hombre, en cuyo beneficio se han pronunciado todas las palabras y revelado todos los misterios; para que, como astros en el firmamento, se convierta en una fuerza vivificadora para el resto de los hombres; y los esplendores de aquella luz que brilla en el cielo le haga resplandecer como lumbrera perfecta junto a su inmensa luz. Iluminado con pureza y claridad por la Trinidad, cuyo único rayo, brotado de la única Deidad, recibe inicialmente de Cristo, Señor nuestro, a quien le sean dados la gloria y el poder por los siglos de los siglos. (De San Gregorio Nacianceno -Sermón 39-).

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA.

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