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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Coherencia y seriedad

Pascual Mogica
Pascual Mogica
domingo, 14 de enero de 2007, 06:47 h (CET)
Una vez más tengo que dar la razón al presunto líder del PP, Mariano Rajoy. Su negativa a participar en la manifestación del pasado día 13 convocada por CCOO, UGT y la Federación de Asociaciones de Ecuatorianos en España (Fenadee) me ha parecido seria y coherente. Sigo constatando que la gente del PP es gente de muchos principios y de una sola dirección. Aunque esa dirección les esté llevando al borde del precipicio.

Alegan, para justificar su decisión de no participar, que a su juicio esa manifestación “genera división y confusión en la lucha contra ETA”. Ante semejantes argumentos uno no puede más que comprender y asumir que efectivamente si el PP hubiera participado en dicha marcha bajo el lema de “Por la Paz y Contra el Terrorismo” ello habría creado una enorme confusión ya que la gente no llegaría a entender como podían ir juntos los que están por la paz y contra el terrorismo y los que están por la guerra y contra el Gobierno.

En cuanto al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, Rajoy se ha mostrado, una vez más, partidario de relanzar este pacto. Pacto que el mismo Rajoy dijo que Zapatero se la había sacado de la chistera como el que saca conejos. Al afirmar Rajoy, que los españoles “no tienen la culpa de que el presidente del Gobierno haya hecho el ridículo” me da la sensación de que anda un tanto desorientado, actitud que no sería de extrañar, y que del presente se traslada al pasado sin darse cuenta de ello, ya que en el supuesto de que algún presidente del Gobierno haya hecho el ridículo por intentar lograr la paz y acabar con el terrorismo este presidente no puede ser otro que el “generoso” José María Aznar, ya que en todos los contactos que ETA ha tenido con los distintos Gobiernos al único que le pudo “sacar” algo fue al Gobierno de Aznar, con el acercamiento a las cárceles vascas y puesta en libertad de cientos de presos etarras.

Lo que no acabo de entender muy bien es como algún sector de la prensa ha mencionado estos días pasados que la AVT, Francisco José Alcaraz, no ha participado en la manifestación. No se porque dan tanta importancia a un señor que nunca fue nada y que sigue siendo un don nadie. Al final le van a hacer creer que es alguien y de ahí a caer en lo grotesco, aunque ya va deslizándose por la pendiente camino del ridículo, solo hay un paso. Si España tiene que mejorar en algo por la actividad pública de este sujeto es que ni el podía llegar a más ni España a menos.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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