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Estados no reconocidos en el espacio postsoviético: balance del año

Alexei Makarkin
Redacción
sábado, 13 de enero de 2007, 14:21 h (CET)
El recién finalizado año 2006, los Estados no reconocidos en el espacio postsoviético orientados hacia Rusia: la República Moldava de Transnistria, Abjasia y Osetia del Sur, no sólo se han conservado como “formaciones protoestatales”, sino que han recibido nuevos impulsos para su desarrollo. En todos ellos se efectuaron votaciones llamadas a imprimirles legitimidad y confirmar su viabilidad.

La República Moldava de Transnistria ha resistido el bloqueo aduanero protagonizado por la coalición de Moldavia-Ucrania “anaranjada”. Durante medio año la república sufría colosales pérdidas hasta que en Ucrania ha llegado al poder el gobierno de Víktor Yanukóvich conocido por su actitud benevolente hacia Tiraspol (los ucranianos residentes en Transnistria votan tradicionalmente por el Partido de las Regiones del actual premier), que ha reconsiderado la postura de su país. Los promotores del bloqueo esperaban concesiones de parte de Tiraspol capaces de escindir las élites locales en partidarios y adversarios del compromiso. La realidad refutó esos planes: el referéndum sobre la política de independencia implementada por la administración de Transnistria ha contado con apoyo incondicional. Las élites se consolidaron en torno al presidente Igor Smirnov, cuyas posiciones incluso se han fortalecido con respecto al período anterior, cuando sus partidarios perdieron las elecciones parlamentarias. A finales de año Smirnov fue reelegido por un nuevo plazo.
En Osetia del Sur se realizó el referéndum sobre la independencia (con análogo resultado) compaginado con los comicios presidenciales, cuyo resultado era esperado: triunfó el presidente Eduard Kokoity. Voy a recordar que el ministro de Defensa de Georgia, Irakli Okruashvili, prometió celebrar el Año Nuevo en Tsjinval, capital de Osetia del Sur, lo que fue tildado de manifestación agresiva de los intentos de Tbilisi. En el presente Okruashvili cesó en su cargo, mientras que en Tsjinval se mantiene firmemente el régimen de Kokoity. A diferencia de Transnistria, en Osetia del Sur se produjo la escisión en el seno de las élites, que no acarreó problemas fatales de alguna importancia para la república. Al contrario, la oposición que solicitó ayuda a Georgia y participó en las llamadas elecciones presidenciales “alternativas” en Osetia del Sur
( efectuadas en los pueblos georgianos controlados por las autoridades de Tbilisi), se vio absolutamente desacreditada en los ojos de sus compatriotas. Las amenazas de Okruashvili y el flirteo táctico de Tbilisi con la oposición al presidente Kokoity condujeron a endurecer más aún el carácter autoritario del régimen de Tsjinval.
En 2006 en Abjasia no se realizaron referéndum ni elecciones, no obstante, se celebró una votación sui generis. En diciembre, a iniciativa de los partidos influyentes y organizaciones sociales, en la república se llevó a cabo una asamblea de todo el pueblo. Sus participantes llamaron a Rusia a reconocer la independencia de Abjasia y establecer relaciones asociaciadas con ella. “Carecen de perspectiva todos los intentos de someter de nuevo a Abjasia a la jurisdicción de Georgia”, se dice en el documento aprobado por la asamblea. A mediados de año Georgia intentó ejercer presión sobre Abjasia habiendo introducido sus contingentes de fuerza en el territorio de Svanetia, adyacente a la “república no reconocida”. En respuesta, el presidente Serguei Bagapsh declaró que en cualquier momento su república está dispuesta a efectuar referéndum a imagen y semejanza del realizado en Osetia del Sur, máxime que análogo plebiscito ya tuvo lugar en la república en 1999. Voy a recordar que cuando Bagapsh ganó las elecciones presidenciales, algunos lo hacían pasar por poco menos que testaferro de Tbilisi. Pero el año pasado ese criterio tampoco se vio confirmado. Al contrario, junto con la élite abjasia, Bagapsh aboga por la independencia de su república.
Consiguientemente, la presión –económica, política y militar- ejercida sobre las repúblicas no reconocidas ofrece resultado del signo contrario al conjeturado. Al mismo tiempo, el reverso de similares acciones emprendidas por las ex “metrópolis” (Georgia y Moldavia) no hizo más que frenar la democratización política. Por ejemplo, en la República Moldava de Transnistria posibles adversarios reales del presidente Smirnov se negaron a participar en las elecciones para evitar que la escisión de la élite política local fuera utilizada por Kishiniov. Es evidente el retroceso en Osetia del Sur, donde las elecciones presidenciales transcurrieron bajo signo de enconada lucha entre los candidatos y condujeron al cambio del jefe de la república (entonces precisamente Kokoity infligió la derrota a su predecesor Ludvig Chibirov). Una excepción comprobatoria de la regla es Abjasia: el más fuerte Estado desde el punto de vista de su política militar de todos los arriba mencionados, el que, tras haber garantizado su seguridad, podrá permitirse el lujo de tener un nivel más alto de pluralismo.

La sucesión de líderes y partidos en el poder es un síntoma clásico de la democracia, pero en el contexto de la amenaza desde fuera, la mayoría de las élites y de la población se inclinan a aplazar la ejecución de las reformas democráticas. El estado de “fortaleza asediada”, en el que el pasado año se encontraban las “Estados no reconocidos” no propician de forma alguna el desarrollo del pluralismo político. Está claro que solamente la renuncia a los métodos de presión podrá convertir paso a paso las “fortalezas asediadas” postsoviéticas en sociedades más abiertas capaces de asegurar la evolución democrática.

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Alexei Makarkin, Centro de Ingeniería Política, para RIA Novosti.

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