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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

¿De dónde vienen los miedos?

José Vicente Cobo
Vida Universal
sábado, 13 de enero de 2007, 14:21 h (CET)
Muchas personas se atemorizan ante enfermedades y golpes del destino. El miedo es una fuerza magnética, como lo es cada pensamiento, cada palabra y cada acto. El ser humano atrae aquello que teme y que mueve en pensamientos y palabras.

El temor, así como cada pensamiento, cada palabra y cada acto, tienen una causa.

Una causa del miedo puede ser, por ejemplo, el encubrir cosas o sucesos: El prójimo no debe enterarse de lo que ocurre en aquel que tiene temor. Quien siente miedo quiere sujetar o esconder algo.

El temor se basa eventualmente en anteriores fracasos, golpes del destino, preocupaciones, sufrimientos, decepciones y desavenencias que el temeroso aún no ha superado o que aún no ha perdonado a su prójimo. El temeroso tiene miedo de que le pueda ocurrir otra vez lo mismo o algo parecido.

El miedo puede venir también de las capas del alma, en las cuales hay todavía algo que no ha sido expiado. El que siente temor no debería simplemente tildarlo de superfluo con las palabras de que podría venir de vidas anteriores, puesto que la vida de cada uno es una totalidad. No hay separación entre aquí y allí, entre el pasado todavía cargado y el presente. El pasado afecta al presente, en tanto aún haya algo que no haya sido expiado.

El miedo como tal puede ser también un signo de que el pasado, lo que no ha sido reparado, empieza a parecer y ahora tiene que ser purificado.

El temor no es otra cosa que un complejo de pensamientos en el que, bajo ciertas circunstancias, se manifiestan envidia, codicia, odio y celos. Estos pensamientos, palabras y obras aun no reparados, que tal vez tuvieron lugar en vidas pasadas, afectan ahora al alma y al hombre en esta forma de existencia; quieren advertir a la persona de que tiene que reparar lo que está pendiente.

Temor, manifestaciones de la conciencia o pensamientos contrarios a la ley de Dios pueden ser a menudo advertencias. Mueven a la persona a perdonar lo que ha reconocido. Quien reconoce y acepta estas advertencias, aquel que purifica lo reconocido, camina por el camino hacia Dios y ya no tendrá que sufrir o soportar muchas cosas.

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