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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Evangelistas de la paz

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
viernes, 12 de enero de 2007, 11:03 h (CET)
Resulta que el Gobierno se ha gastado fondos reservados en enviar a entrevistarse con José Luís Urrutikoetxea a un aficionado del diálogo, además de maestro del maltrato doméstico, por lo que ya fue condenado. Cada vez está más desconcertada la ciudadanía por lo que está sucediendo y no lo están menos los analistas políticos; aunque pensándolo bien: entre maltratadores pueden llegar a entenderse mejor. La torpeza de Eguiguren le llevó a confesar en una entrevista su “fe ciega en que este proceso de paz va a salir bien”.

Al presidente Zapatero le ha puesto ETA 'mirando a Cuenca' en la T-4 de Barajas, con perdón. También a Eguiguren le ha situado en la misma posición tras entrevistarse con “Josu Ternera”.

El tiempo ha dado la razón a los más sensatos: no es lo mismo ‘txikitear’ con Otegi y reunirse a merendar con él en el caserío de Elgoibar que enfrentarse al ‘gran oso’ de una de las dos corrientes de ETA, huido de la Justicia española y buscado por la Interpol, “Josu Ternera”. ¿De qué ha servido la información aportada por el visionario Eguiguren? ¿Por qué se malgastan fondos públicos en pagar ‘vacaciones negociadoras’ a saltimbanquis de la política? ¿La Fiscalía Anticorrupción va a investigar los puntos oscuros, que son muchos y presuntamente delictivos?

El presidente está atenazado por los fantasmas ‘monclovitas’ y ni siquiera la desesperada reacción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado le van a salvar de su 'Gólgota' particular. Estamos ante un presidente aturdido, huidizo y asustado. Pero lo más deplorable es que estamos ante el artífice de la resurrección etarra.

La 'bestia' está otra vez entre nosotros. La responsabilidad de las muertes es de ETA y solo de ETA. Pero también el presidente tiene una responsabilidad y esa radica en haber recogido a la organización etarra del estercolero donde fue arrinconada por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en 2002, haberla amamantado y tonteado en exceso con ella, hasta el punto de proponerle maridaje en un proceso al que sospechosamente bautizaron como “de paz”.

No solo hemos encontrado 'mirando a Cuenca' al presidente y a Jesús Eguiguren. Resulta que también estaban en esa misma orientación muchos desconcertados colaboradores como Joan Mesquida, Mª Teresa Fernández de la Vega, Rubalcaba, el bachiller ‘Pepiño’, el fiscal general,… Y en el bando de la ‘bestia’: Arnaldo Otegi, Joseba Permach, el navarro Pernando Barrena,... Cada uno a su manera buscó su protagonismo como 'evangelistas de la paz'. Si no había negociación con ETA ¿A quién representaba Eguiguren y en nombre de quién ofrecía el pacto? ¿Qué había comprometido Eguiguren que no podía ratificar Zapatero?

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