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Opinión
Etiquetas:   Alemania  

Crónica de una escasez verde

José Antonio Jato
José Antonio Jato
martes, 9 de enero de 2007, 22:10 h (CET)
El ecologismo una corriente social de fuerte arraigo en Alemania, se ha convertido en un sector pujante para los negocios. Los supermercados ”Bio” han salido de las piedras en los últimos años y su despliegue logístico es cada vez más apabullante. Y es que el consumidor alemán concienciado y pudiente no mira el bolsillo a la hora de cuidar la salud, el paladar, y claro de pasada el medio ambiente. ¿Porqué habría de hacerlo?. Los productos biológicos saben de rechupete, como si los hubiera, cultivado el abuelo, o cocinado la abuela, y por añadidura están en perfecta armonía con la naturaleza.

Sin embargo no todo va tan a pedir de boca, y pese a que en este sector los precios en los últimos años se han vuelto sorprendentemente competitivos, y además la demanda va en aumento, la oferta cojea. La cojera es grave porque el número de agricultores del sector no logra dar abasto a una demanda en constante crecimiento.

Thomas Dosch, presidente de Bioland, la primera en importancia Asociación de Agricultores de Productos Biológicos de Alemania ha denunciado recientemente que “el mercado no da para más”. La crisis es absurda porque la oferta se ve desbordada por la demanda de productos ecológicos. Concretamente en Alemania escasearon frutas y verduras, lácteos o carne de cerdo y debido al mal tiempo en el 2006, el cultivo de patatas y cereales fue deficitario. Los productos “Bio” producidos no lograron satisfacer el fuerte aumento de la demanda interna del mercado germano. Y lo que es peor, según Dosch, la crisis no es posible paliarla ni siquiera con importaciones del exterior.

En opinión de Dosch la solución es eminentemente política porque muchos de los agricultores han asumido en las últimas décadas una mentalidad funcionarial que les impide tomar en serio las posibilidades de negocio ecológico. Los riegos de reconversión y la política de subvenciones de la Unión Europea son una camisa de fuerzas que colocan a los agricultores alemanes entre la disyuntiva de proseguir con cultivos manipulados genéticamente o lanzarse a una aventura ecológica presumiblemente próspera pero de riesgos incalculables por lo díficil de poner en marcha una reconversión en medio de continuos recortes de subvenciones estatales, y rigurosos requisitos comunitarios. Al consumidor alemán lo único que le duele entender es que volver al viejo y natural cocido de la abuela cueste tanto tiempo y trabajo de cocinar.

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