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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Fin de fiesta’s

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 8 de enero de 2007, 21:35 h (CET)
Hemos llegado al final de las Fiestas de Navidad y Reyes. Parecía que no iba a llegar nunca. Desde primeros de noviembre teníamos ya anuncios de productos de gran consumo propios de estas “fiestas entrañables” y nos decíamos: pero si aún quedan casi dos meses para Navidad.

Pero qué tendrá que ver lo que pensemos la gente de a pié con la realidad de la vida mercantil.

En efecto, la mayor parte de las mercancías que se iban a vender en Navidad y alrededores, el primero de noviembre estaban ya entregadas por los fabricantes a los vendedores finales. Ya sea a la gran distribución, como se conoce en el argot a las grandes superficies, como a los grandes almacenes, pues todos ellos son los únicos que disponen de almacenes intermedios “plataformas” desde donde distribuyen a su vez a sus “tiendas” de la zona.

El problema en las entregas se produce en los comercios convencionales, pues la falta de espacio para almacén, condiciona sus pedidos y las entregas. Y los precios también. Las tiendas pequeñas han de comprar poco a poco, no tan sólo para garantizarse que venderán lo que han comprado y no quedarse con “género” sino que tampoco pueden hacer que se les entreguen los pedidos de una vez, pues no tienen espacio suficiente en su almacén para todo el pedido de Navidad. Lo que, a su vez, condiciona severamente el precio de compra de tales artículos. Es claro que no puede costar lo mismo, en valor unitario por producto, comprar un contenedor de 40 pies (de los grandes) de un solo producto que cuatro palés –ya saben, esas plataformas de tablas para almacenar y transportar mercancías– del mismo producto y además entregadas de una en una, coincidiendo con las cuatro semanas de Adviento.

Pero para llegar a esto, primeramente, los fabricantes han debido obtener los pedidos de sus clientes, a lo más tardar, antes de finalizar la primavera anterior. Pero antes de esa época, los propios fabricantes han debido comprar o al menos comprometer la compra, de toda la materia prima necesaria para producir aquellos productos que piensan que sus clientes les van a comprar.

Un ejemplo práctico nos ilustrará el mercado. Por ejemplo, el de los juguetes que tiene su punto álgido el día de los Reyes Magos, último día de estas fiestas “tan señaladas”.

Las empresas jugueteras, luego de cerrar su ejercicio contable en marzo, como manda Hacienda y presentar las cuentas a la aprobación de sus administradores, les presentan de paso, para reforzar la posible situación de beneficios que las cuentas reflejan o para mitigar el efecto de unas cuentas en números rojos, en cualquiera de los casos, los gestores presentan también las ideas que serán las novedades de la temporada siguiente, para su aprobación.

Tales novedades, con el visto bueno de los administradores, pasan a convertirse en prototipos y una vez éstos son del todo satisfactorios y han pasado todas las pruebas de las autoridades gubernativas, pues son productos que van destinados a los niños, se preparan las muestras que durante el verano se remiten o presentan a sus clientes.

En las primeras semanas del año se presentan definitivamente los productos acabados en las ferias del sector y se cierran la mayoría de los pedidos. Si ha habido acierto en el diseño de las novedades, el negocio es incierto. Pero si no se ha acertado, el fracaso es seguro, pues no hay ya tiempo de reacción.

Entre el final del invierno y el principio de la primavera, se fabrican los productos y tratan de ponerse a prueba a final del curso escolar “para celebrar las buenas notas” y, así, desestacionalizar de paso la venta de juguetes.

Entre junio y julio se expiden los juguetes por los fabricantes a sus clientes. En septiembre ya queda muy poco por entregar. Y lo que no se ha entregado a mediados de octubre, es anulado por los clientes.

Así que, a primeros de noviembre, los juguetes están en las estanterías de las tiendas y ha de comenzar la publicidad –que se ha producido en primavera y contratado antes del verano– para asegurarse que saldrán de las estanterías.

Los restos de serie entran en las rebajas de invierno, post Reyes, para liquidar los almacenes y acabar de escurrir los bolsillos de los ciudadanos de a pié. Y volvemos a la casilla de salida.

Feliz cuesta de enero.

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