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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Metabolismos inflamados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 7 de enero de 2007, 22:24 h (CET)
No faltan los motivos para rebullir en nuestro fuero interno ante la caterva de líos, despropósitos flagrantes y agitación permanente. No obstante, hoy me voy a centrar en otras INFLAMACIONES INTERIORES más metabólicas y ligadas a diversos factores, sobre todo al exceso de peso. Por lo demás, tampoco tan alejadas de los acontecimientos externos, como a continuación referiré.

Los diferentes medios científicos o de divulgación no cesan en la comunicación de complicaciones derivadas del exceso de peso. A su vez, las mejores condiciones de vida abocan a una incidencia elevada de la obesidad. G.S. Hotamisligil se hace eco de los recientes avances, de manera especial sobre la inflamación originada por el exceso de grasa (Nature, 14-XII). Las cifras absolutas abruman, porque son billones de personas con exceso de peso en todo el mundo. Por su indudable repercusión a largo plazo, preocupa preferentemente el incremento de la obesidad en los jóvenes, infancia y adolescencia.

En la citada publicación se enfatizan las influencias nocivas de la obesidad. En un claro esquema se expone la morbosa realidad. En torno a la obesidad se fraguan diversas enfermedades o empeoran otras; como resultado final se llega a MUERTES PREMATURAS que hubieran podido evitarse. Están más difundidos los riesgos vasculares en correlación directa con el peso; hipertensión, trombosis cerebrales, arterioesclerosis, así como la aceleración de la diabetes con sus trastornos asociados. Con ser un listado amplio, no se quedan ahí los problemas; existen datos comprobados con aumento y empeoramientos de casos de cáncer, asma bronquial, degeneraciones neurológicas, roncadores con apnea del sueño, artrosis o litiasis entre muchas afecciones relacionadas. ¡Importante asociación de procesos! ¡Notable y evidente repercusión sobre las cifras de mortalidad! Por número de afectados y por sus graves alteraciones estará justificada la atención que les prestemos.

Intuimos la inflamación por sus señales (Hinchazón, enrojecimiento, dolor, calor), pero no es tan fácil de detectar , y le prestamos menor atención, cuando se trata de una "inflamación de bajo grado", latente, silenciosa, causante de daños repetitivos y graves con el tiempo. Se nota menos al ser muy leve; mas no se detiene su acción destructiva progresiva. Llegamos a darnos cuenta al final de lo que estuvo ocurriendo, por un infarto, una trombosis o un coma. Conviene dar un toque de atención, un aldabonazo fuerte, para que no minusvaloremos sus efectos, evitando si fuera posible su desarrollo desde las edades más juveniles.

Precisamente, esta inflamación lenta, de bajo grado, es la que se añade a los problemas con la obesidad. El trabajo de Hotamisligil recuerda la evolución desde la mosca drosófila hasta los humanos, se ha ido manteniendo un CENTRO de CONTACTO entre GRASA e INMUNIDAD, una central donde confluyen señales del metabolismo graso y otras señales propiamente inmunitarias. La ubicación de este centro está sobre todo en el hígado; no exclusivamente, pero especialmente en ese tejido. Allí se acumula sustancia grasa y esta contacta con facilidad con otras células circulantes, entre las cuales nos interesa mencionar la presencia de células defensivas inmunitarias. Esa identificación de los centros de contacto supone la mayor novedad.

Lo dicho tiene una utilidad crucial. Un gran laboratorio liberador de energías como es el hígado, con las reservas grasas, se coloca en las cercanías o lugares de paso, para que puede ser utilizada esa fuerza por otras células en labores inmunitarias. Ahora bien, el tejido graso -sus células- provoca algunos estímulos directos (Inhibe la utilización de la insulina necesaria para la entrada de alimento a la célula, atraen células inflamatorias, liberan sustancias mediadoras) con los consiguientes efectos posteriores, ACTIVANDO CÉLULAS inflamatorias. No sólo disponemos de una proximidad grasa-inmunidad, entran en una conexión activa,¡El fenómeno inflamatorio está en marcha! ¿cuáles serán sus consecuencias? Factores de destrucción, alteraciones vasculares, disminución de las defensas orgánicas o hasta procesos tumorales, entre otros, pueden llegar a desencadenarse por estos trastornos.

Por si algo faltaba, se suma un invitado peligroso y la fiesta se transforma en un bullicio peligroso. Las fuertes tensiones, el estrés, bien de forma brusca o de manera prolongada, actúan como un disparador de las conexiones o estímulos a los que hacíamos referencia. La caldera contiene una efervescencia muy nociva, primero por las lesiones directas que provocan esas inflamaciones; después, por una acumulación progresiva de moléculas oxidadas, ácidos y partículas tóxicas diversas, ¡INFLAMACIÓN y BASURERO a la vez! A ello hemos de añadir el empeoramiento de la nutrición de esos tejidos; no es adecuada por diversas causas, se usa peor la insulina, se alteran los riegos sanguíneos nutritivos y hay toda clase de elementos distorsionadores. Obesidad y estrés como verdaderos diablos en acción.

En la magnífica revisión de Hotamisligil podemos apreciar como se va cerrando un círculo amenazante, partiendo de tejidos con mucha grasa, inflamaciones taimadas, basureros tóxicos y tejidos mal nutridos. Luego el estrés pone la puntilla, y como vehículo para todo ello colaboramos con unas conductas un tanto irreflexivas en las que la obesidad y el estrés se convierten en protagonistas. Ante datos como los referidos, merece la pena una postura general autocrítica.

El mejor conocimiento de todas esas conexiones y efectos, en sucesivas investigaciones, abre la espita a posibles descubrimientos terapéuticos, a posibles neutralizadores de los efectos indeseables. Sería mágica la píldora que todo lo recondujera, más bien una utopía, un largo me lo fiáis. Esta búsqueda honorable no debiera desviarnos de una atención más centrada en el tipo de vida y en las características de la alimentación.

De tales historias y otras, podremos colegir una inevitable predisposición a estar inflamados por dentro, por fuera, y por esos ENCRESPAMIENTOS pasionales que tanto se dejan ver. Se requiere un elaborado aprendizaje corrector, nos vendría bien una reutilización de las energías liberadas por metabolismos y elucubraciones.

Echemos un vistazo entre el carbón de los Reyes Magos, entre sus alforjas, por si quedó olvidada en los envoltorios alguna perla mágica; no sólo por un deseo esporádico, la necesidad acucia inmisericorde, nos suceden increíbles desmanes y miserias. ¡Un poco de magia por favor!

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