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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

El cazador cazado

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 7 de enero de 2007, 22:24 h (CET)
Hace una semana que ETA perpetuó su último atentado en Barajas. A pesar de mi reparo ante quienes aprovechan cualquier suceso para pedir la dimisión de Zapatero, debo decir que, en este caso, el presidente del gobierno ha estado torpe.

En realidad, confieso que me gusta su tendencia a explicar la mayor parte de las decisiones que toma el gobierno. Platón decía que el buen político debe ser, ante todo, maestro, debe explicarse y hacer que se le entienda.

Pues bien, creo que durante esta semana, a partir del atentado, se ha dejado ver a un Zapatero que no ha sabido encajar un golpe político importante. Evidentemente, el gobierno no puede controlar las circunstancias que mueven a la banda terrorista a volar la terminal cuatro. Claro que existe un gran número de posibilidades de que ETA actúe sin dar cuentas al gobierno de turno, sea cual sea el color de éste.

Aun así, creo que cuando Platón ansiaba un político-maestro, se refería a un político. Maestro, cierto, pero político. Y eso es lo que me ha costado ver en Zapatero esta semana.

La expresión derrotista no beneficia en nada al estado general de la relación de España con ETA (se quiera o no, existe esa relación). Cuando se duda sobre si se debe someter a la ley a un grupo de personas que operan por medio de la violencia, se duda sobre si estos mismos deben poseer unos privilegios legales que el resto de la sociedad no posee.

Se muestra como una relación inversamente proporcional a la constitución del crimen: la violencia singular, no organizada, es sancionada, perseguida y tachada de lacra social; la violencia estructurada requiere de comprensión para que termine de una vez por todas.

La posición de Zapatero debe ser clara, sobre todo en estas situaciones. Antes del 11S, Giuliani era un personaje gris. Su posicionamiento firme y directo, preocupándose por estar en el lugar cuando su responsabilidad política se lo requería, le inspiró un aire de popularidad que le hizo valer su condición de alcalde de Nueva York.

Por el contrario, el presidente del gobierno español parece decepcionado. Decepcionado porque una banda terrorista ha hecho precisamente aquello para lo que ha sido ideada. Dicen algunos que nunca se debería hacer tratos con un mafioso, porque si hay alguien que tiene todos los números para violar un pacto es, justamente, un mafioso.

Bajo mi punto de vista, es correcto abogar por el acercamiento de posiciones. Si se quiere hallar una solución, ésta ha de ser necesariamente dialéctica y consensuada. Por supuesto que se deberá ceder en algunos aspectos, pero los famosos precios políticos tanto pueden pagarse a un tercero como cobrarse por parte de otro y, al fin y al cabo, el electorado es el que manda.

No dudo que la tarea de equilibrio entre lo que estamos dispuestos a perder y lo que se supone que ganaremos es ardua y laboriosa. Tampoco dudo que político y maestro no puede serlo cualquiera.

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