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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Es la hora de la policía

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 7 de enero de 2007, 22:24 h (CET)
¿Cuántas veces quiere ETA hacernos volar? Con tanto explosivo acumulado ETA sólo podía tener por objetivo volar media España, qué enfermizo empeño. En dos semanas muy provechosas las fuerzas de seguridad han descubierto más de doscientos kilos de material explosivo. Lo de Barajas aparte. Era la aportación etarra al proceso de paz. No sólo querían hacer volar la tregua, querían hacer volar a los gobernantes y a los gobernados, quizá porque todo el que no está con ETA está contra ETA. Como los dos inmigrantes ecuatorianos. ETA asesinando proletarios. Puro Lenin. Ésa y no otra era la voluntad de paz de los asesinos terroristas. Y Zapatero y Pepiño Blanco convencidos de la bondad de ETA. ¡Convencidos de la bondad de ETA!

Nos han engañado a todos, a unos más que a otros, claro. A Zapatero, el presidente que prefirió irse de vacaciones a Doñana en vez de visitar a las familias de los fallecidos, a Pepe Blanco y especialmente al PSE les han engañado como a chinos. Como a niños chinos. Como a inocentes niños chinos. Zapatero, el de los discursos pomposos, grandilocuentes, fatuos, vanos y hueros ha sido engañado. Zapathuero. Algunos de los que creíamos que tenía tanta razón como los anteriores presidentes que intentaron el final dialogado de ETA también creíamos que tenía tantas posibilidades de acertar como ellos. O de errar. O de herrarse, a saber.

Era tonto, infantil e ingenuo el empeño del Gobierno en hacernos creer que el evidente rearme de ETA no tenía importancia, que pistolas, explosivos, kale borroka y extorsión eran gestos de cara a la galería. El gesto de cara a la Terminal Cuatro hizo que la ingenuidad de Zapathuero quedase a la intemperie cuando voló el aparcamiento. Es absurdo confiar en ETA, en su bondad y en su buena voluntad y en su ingenuidad porque uno mismo sea buenista, ingenuo y tenga buena voluntad. Cuando te juegas tanto al póquer, o a las siete y media, qué más da, hay que poner mala cara, fruncir el entrecejo y tener mala leche. Necesariamente tienes que desconfiar, tienes que presuponer mala fe, tus rivales son tus enemigos. Si por el contrario crees que todo se va a solucionar con ingentes dosis de sonrisas y buena voluntad mejor no jugar. Y si el rival es una banda de asesinos, se llama ETA, roba 350 pistolas, extorsiona y almacena cientos de kilos de diferentes explosivos yo no juego con él ni a “Tres en raya”.

Dicen que entre el Sindicato Unificado de Policía corre el siguiente SMS: “Ni una oportunidad más a los terroristas. A por ellos. Se acabó el tiempo del diálogo. Es tiempo de la policía. Pásalo.” Cierto, muy cierto, es la hora de la policía, se acabó la tontuna. Y sin embargo el final de ETA tendrá que ser hablado, negociado y pactado. Cuando 200.000 personas apoyan con su voto, con sus manifestaciones y con su militancia a una organización terrorista nunca podrás acabar con ella por la fuerza de las armas. Por muy legales y lícitas que sean éstas, no hay cárceles suficientemente grandes, no hay suficientes jueces. Será dentro de mucho tiempo pero volverán las negociaciones, las llevarán a cabo presidentes más serios, inteligentes y menos ingenuos que Zapathuero. Y mejor informados, que 24 horas antes de que le vuelen medio aeropuerto no cometerán el infantilismo de decir que España va bien ante millones de espectadores. Ingenuo, nuevamente.

Para entonces, para que podamos creer la voluntad de paz de ETA, los asesinos deberán demostrar su voluntad de paz y su sinceridad entregando o destruyendo sus armas. ¿Cómo creerlos si no? De momento es la hora de la policía. Que sea buena hora.

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