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Yo estuve en Medjugorje

Inés Robledo, Málaga
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@DiarioSigloXXI
martes, 9 de diciembre de 2014, 09:18 h (CET)
Cuando alguien comentaba que la Virgen llamaba a ir a Medjugorje, sentía una sensación extraña. A mis años, tan lejos y con las dificultades que algunos comentaban, como la subida al Monte de las Apariciones. No creí que llegaría a ir, pero cada día alimentaba más la ilusión. Como cuando era pequeña y deseaba las fiestas del verano, la llegada de los Reyes Mayos y tantas cosas que en la vida se esperan con la alegría de poderlas alcanzar. Así han pasados algunos años y ya puedo decir Yo estuve en Medjugorje".

Durante 30 años, allí en una ciudad pequeña de Bosnia Herzegovina, seis videntes afirman que la Santísima Virgen: la "Gospa", como le llaman, se les aparece todos los días desde el 24 de Junio de 1.981.

Es una aldea pobre, de terreno pedregoso, que -en aquellas fechas, con apenas 400 habitantes, hoy ronda los 5.000- era una aldea fervientemente religiosa por tradición. Firme en su fe tras ser duramente perseguida por un régimen comunista que acabó desterrando a sus vecinos a países lejanos. La fe en su religión, en sus familias y buscando el calor de sus raíces fueron el acicate para volver a su terruca. Allí se palpa la pobreza, como se palpa la fe.

Sin fanatismo, ni confusión, hay un sentir colectivo donde la Virgen reina en el ambiente y el rosario es el símbolo de los mensajes que la Virgen comunica. Te tropiezas con peregrinos que con sencillez van rezando hasta llegar al lugar de encuentro que ese día corresponde.

Otro símbolo de su fe lo constituye una gran cruz de diez metros de altura por tres de ancho erigida en la cima del monte SIPOVAC.

Lo curioso de esta peregrinación, formada por 189 personas, que salimos de Madrid vía a SPIT, aeropuerto cercano. Por cierto precioso, con un puerto luminoso que produce en tu interior -con la vista puesta en ese cielo- el anuncio de esos días sublimes que nos esperaba. Decía que lo curioso de esta peregrinación es la mezcla de personas que allí estuvimos, no todos religiosos, ni convencidos. Allí nos reunimos esa gran variedad de personas que representan el mundo actual .Con sus limitaciones y sus anhelos, con sus dudas y desconfianzas, con despego hacia lo sublime, ignorando-algunos- por qué van. Algunos reconocen con limpieza que una fuerza interior les llama, otros luchan contra la soberbia de no claudicar ante los amigos que le invitaron a ir.

Medjugorje es uno de esos sitios en los que verás cosas que otros no creían. Existe la convicción de que la Virgen anda por aquellos parajes.

Tuvimos tertulia con una vidente que vive allí porque la Virgen se le sigue apareciendo cada mes. Te puede entrar la duda si aquello es verdad, también te puedes preguntar si tanta gente, millones de peregrinos que han visitado aquellos lugares se pueden poner de acuerdo para mentir. También tienes el derecho de no creer en esas apariciones y en ese fervor y cambio de vida que allí se opera.

Actualmente, las recetas para el desasosiego, lo que nos abruma… son los antidepresivos, los católicos tenemos una receta que nos ayuda a querer alcanzar el Cielo. Tenemos a la mano la receta para fortalecer la fe, para pensar con sensatez, que Dios tiene prisa. Que si algo no va bien, no esperemos que otros cambien las estructuras de la Iglesia para conseguir una sociedad más justa. El cambio tiene que ser interior, de la persona. Por eso la Virgen se empeña en que nadie se venga de allí de vacío. Y en aquel ambiente, mientras rezas por las calles, mientras veneras la Cruz y ves el recinto lleno cada tarde-noche y miras atrás y ves una interminable oleada de gente orando- a veces hasta 5.000 personas que es lo que se calcula por el espacio-, casi palpas que Dios nos habla en todos los idiomas, Que aquello es como una Torre de Babel y de fondo ya casi en penumbra solo una luz ilumina el altar con la Virgen y la Cruz. Vuelvo a decir, como antes: Todos tienen derecho a no creer estas cosas. Yo les aconsejaría que lo reflexionaran.

El último día del viaje, mientras íbamos camino del aeropuerto, hubo quienes se sintieron con deseos de sincerarse y, venciendo el pudor, desnudar sus sentimientos. He caminado entre espinas, pero entre ellas se encuentran las rosas Dios me ha despertado el alma, que estaba dormida. He oído que el Rosario es el mayor enemigo del demonio. Todos estos testimonios y muchas más vivencias de cambios de vida, de propósitos firmes me han servido para abrir ventanas, puertas y corazones, porque si no dejamos entrar la luz las tinieblas cegaran el horizonte luminoso y alegre que nos lleva a comprender las verdades que la vida nos ofrece a través de la fe. Perder el tiempo en banalidades, es un gran error, la confianza me dice que en esos continuos viajes, el testimonio de los peregrinos es el ventilador que pone en marcha la mano del hombre que a voleo siembra la semilla del mensaje de la Virgen.
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