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Etiquetas:   Momentos de reflexión   -   Sección:   Opinión

El problema del mal

¿Puede el leopardo borrar las manchas de su piel? Tampoco puede el corazón perverso dejar de pensar maldades, a no se que Cristo lo cambie
Octavi Pereña
martes, 9 de diciembre de 2014, 08:19 h (CET)
Oriol Pi de Cabanyes comenta el pensamiento de la judía Hannah Arendt: “Asimismo Eichmann”, dice Pi de Cabanyes, “que para Arendt no es un simple monstruo sino una pieza de un engranaje criminal que lo ha desposeído de discernir entre lo que está bien y lo que está mal de manera que puede sentirse eximido de toda conciencia de responsabilidad y de culpa…En su proceso de búsqueda de comprensión del holocausto como fenómeno el mal nunca es radical, como lo había creído. Porque no radica en las raíces de la humanidad sino en la superficie, como un hongo que seca las hojas. No se encuentra en la esencia de lo que es humano sino en lo que es circunstancial”.

El comentario de Pi de Cabanyes Hannah Arendt no entra en la raíz del dilema del mal. Si es algo circunstancial como el hongo que seca las hojas no se resolverá la dificultad. Con argumentos filosóficos se puede razonar sobre hongos superficiales que marchitan el comportamiento ético, pues no se resuelve el problema de fondo que sigue produciendo hongos que banalizan el mal, convirtiéndolo en un enigma meramente filosófico, académico, de amantes de las letras. No podemos desviarnos del tema convirtiéndolo exclusivamente en un dialogo de eruditos.

Si como dice Pi de Cabanyes que Eichmann “para Arendt no es un simple monstruo sino una pieza de un engranaje criminal que lo ha desposeído de toda capacidad de discernir entre lo que está bien y lo que está mal”, el ser humano no es responsable de sus actos porque “somos una pieza de un engranaje criminal”. Con este razonamiento se puede llegar a la conclusión de que sobran los jueces y las cárceles porque los delincuentes y los criminales no son responsables de su comportamiento impropio. Es así como se banaliza el mal y no se le aplica el tratamiento adecuado para acabar con él.

Se banaliza el mal cuando se considera que el comportamiento indeseado del ser humano lo provoca las circunstancias. Se considera que el ser humano es bueno por naturaleza y que son las circunstancias las que lo convierten en malvado. Aquí podríamos discutir si primero es el huevo o la gallina. Si las circunstancias mueven al hombre a hacer el mal, ¿cómo es que son tal como son? ¿Es el hombre perverso quien las hace malignas? Si sin prejuicios vamos a nuestros orígenes como los enseña la Biblia entenderemos porque el engranaje criminal del cual somos una pieza nos impulsa a hacer el mal. “A Adán (Dios) le dijo: Porque has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol que te mandé diciendo: No comerás de él, maldita será la tierra por tu causa, con dolor comerás de ella todos los días de tu vida” (Génesis 3:17). Ahora ya sabemos quien es primero si el huevo o la gallina. El hombre es el engranaje criminal que crea los Eichmann de turno en toda su escala de degradación moral.

El capítulo 3 de Génesis nos describe el origen del mal. Nos presenta a un personaje que se llama Satanás, Diablo, que es un ángel que previamente se había rebelado contra Dios y que se encarna en una serpiente. Adán desobedeció a Dios por instigación satánica, pero el texto nos dice que el hombre fue responsable de su desobediencia lo cual le reportó castigo. Ahora el hombre es portador del virus del mal y con el apoyo satánico es el responsable de todas las fechorías que se cometen. La consecuencia de haber hecho caso al engaño de Satanás y de haber desobedecido a Dios pronto se hacen notar. La Biblia registra el primer crimen que se cometió: Caín mata a su hermano Abel, hijos de Adán. Antes del diluvio “el Señor vio que la maldad del hombre era muy grande en la tierra, y que los propósitos del pensamiento de su corazón sólo era el mal todo el día” (Génesis 6:5). Si esto es lo que Dios vio en aquel tiempo lejano, ¿qué es lo que ve hoy? Desde su mismo inicio la historia de la humanidad está teñida de sangre. Se dicen muchos pronunciamientos de paz. Se firman tratados de paz y se hacen muchas ofertas de dialogo para resolver pacíficamente los conflictos, pero, mientras se firman y se habla ya se está pensado en convertir en papel mojado los buenos propósitos.

Las fechorías que nos dejan estupefactos porque ignoramos cómo pueden llegarse a cometer, y más si las hace alguien a quien consideramos buena persona, nacen en el corazón del hombre: “Porque del corazón nacen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19). Los pensamientos afloran antes que los hechos. Si se pretende erradicar el mal combatiendo las acciones dejamos intacto el corazón de donde provienen. Así no se resuelve el problema de los muchos Eichmann que nacen. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). El mal no es algo externo en el hombre. Se origina en su corazón y es aquí en donde debe erradicarse si es que en verdad nos preocupa su presencia entre nosotros. La excarcelación de violadores que se produjo hace unos meses puso en estado de alerta a la ciudadanía porque no estaba segura que la cárcel reinserte a sus huéspedes. Es natural que las personas tengan miedo a la excarcelación de delincuentes peligrosos porque los programas educativos que se utilizan no sirven para curar el corazón. El lobo sigue siendo lobo, solamente necesita la oportunidad de morder.
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