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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Internet: vuelve la censura franquista

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
domingo, 7 de enero de 2007, 09:46 h (CET)
Aprovechando las vacaciones navideñas y el consiguiente despiste del personal, el gobierno del talante y las libertades ha presentado un anteproyecto de Ley – ley a la que, muy en la línea marxista de denominar a las cosas por su antónimo, han llamado nada menos que "Ley de Impulso de la Sociedad de la Información"- que supondrá, el otorgar al poder ejecutivo (a cualquier órgano administrativo) la capacidad de ordenar la clausura de páginas web. Sin orden judicial. O lo que es lo mismo: la vuelta de la censura franquista. Eso si es aprobada tal y cómo se ha presentado -el plazo de alegaciones finalizaba el pasado 27 de diciembre-.

Y es que, aunque algunos los denosten, los ignoren o simplemente traten de silenciarlos, los periódicos y semanarios digitales y hasta las bitácoras o blogs forman ya parte fundamental de los medios de comunicación del futuro -que se lo cuenten a los useños: allí los blogs gozan ya de notable influencia política-.

La orden de persecución -"control"-, emitida hace dos años desde las páginas del boletín oficial de la carcundia progre, es decir, “El País”, después de que José Luis Cebrián, ese ex director de los informativos franquistas –siempre hay una explicación para las cosas. Liberticida ayer, liberticida hoy- , llamara a “controlar” la red, llevaba ya demasiado tiempo sin ser atendida. Parece que a los progres en general y a “El País” en particular le preocupa, según ellos mismos clamaban en su diario, lo que denominan “el escoramiento ideológico” de la red hacia la derecha "más reaccionaria". Ya saben, eso que los progres llaman "derecha extrema" (la extrema derecha, por el contrario, es socialista, intervencionista, antiliberal, antisemita y antiamericana; todo lo contrario que este movimiento liberal que tanto les aterra a ellos. Pero todo vale en este festival de la confusión).

Vamos, que les preocupa el que la red sea algo libre que ellos, tan acostumbrados a imponer a golpe de "corrección política" su pensamiento único totalitario, no pueden controlar. Y que la derecha sociológica -que no la política, que sigue siendo timorata y acomplejada en esto de las nuevas tecnologías- haya encontrado en la blogosfera y en determinados medios de comunicación liberales nacidos en al amparo de la red, su vía de escape y la posibilidad de, por fin, dar la batalla por las ideas a las que su partido de referencia, el PP, ha renunciado. Vamos, que les tiene en un sinvivir eso que Juan Carlos Girauta, en su libro del mismo título, ha dado en llamar "La eclosión liberal".

La red, la globalización de la información, es parte del progreso, se pongan como se pongan los de las cavernas que se tienen por progresistas y muy modernos -cuando son reaccionarios y carcas hasta la náusea-. Y es que en la red no hay censura que valga. En la red, de momento, no hay pesebre. La red es libre. Precisamente debido a ello estamos asistiendo a un nuevo fenómeno: muchos internautas otorgan mayor credibilidad a lo que leen en determinados medios o bitácoras de la red que a los medios tradicionales, siempre tan comprados de sí mismos y tan vendidos al poder.

Sin duda, el mero hecho de haber presentado este proyecto de ley representan un brutal ataque contra la libertad de prensa y la libertad de expresión. Eso sí, un ataque consentido por la mayoría de esos que se autoproclaman “periodistas independientes o plurales”, a los que no se les ha oído o leído una sola línea acerca del asunto.

Amparándose en la excusa de combatir los fraudes que a diario se cometen en la red, el gobierno pretende que cualquier autoridad administrativa pueda ordenar, caso de aprobarse la ley de la censura, la clausura de cualquier página web. Medios de comunicación incluidos. Es más, la ley, en su artículo 11, apartado 2, pretende no dejar resquicio alguno a la "cosa". Textualmente transcribo: “Si para garantizar la efectividad de la resolución que acuerde la interrupción de la prestación de un servicio o la retirada de contenidos procedentes de un prestador Establecido en un Estado no perteneciente a la Unión Europea o al Espacio Económico Europeo, el órgano jurisdiccional o administrativo competente estimara necesario impedir el acceso desde España a los mismos, y para ello fuera necesaria la colaboración de los prestadores de servicios de intermediación establecidos en España, dicho órgano podrá ordenar a los citados prestadores de servicios de intermediación que suspendan el correspondiente servicio de intermediación utilizado para la provisión del servicio de la sociedad de la información o de los contenidos cuya interrupción o retirada hayan sido ordenados respectivamente.”

Vamos, como en China.

Para que se hagan una idea de la aberración que se pretende perpetrar: el gran y único apoyo para este ataque totalitario y liberticida lo ha encontrado el gobierno en esa institución tan prestigiosa y querida por todos los españoles; esa institución tan altruista, generosa y solidaria, que se ha ganado por mérito propio el respeto no sólo de los internautas, sino de cualquier españolito de a pie. Hablo, como no podía ser de otra forma, de la SGAE. Ni siquiera el Secretario de Estado de Telecomunicaciones ha querido apoyar el engendro. Parece ser que es desde la Moncloa desde donde se presiona (¿con energía?) al Ministerio de Industria para sacar adelante la aberración totalitaria.

Caso de aprobarse el alcalde de cualquier pueblo podría ordenar cerrar la página web de la oposición. Y el gobierno, por supuesto, podrá ordenar cerrar todas aquellas webs que le resultan molestas. Imaginen, por ejemplo, que un blog o una web no se cansa de pedir la dimisión de Rodríguez Zapatero por su cobarde reacción tras el atentado del 30-D y por el ridículo que hizo el día anterior, día en que demostró, no sólo que vive completamente alejado de la realidad, sino que no sabe ni por dónde se anda en esto de la lucha antiterrorista. O por la vileza esa del "la energía que tengo para alcanzar la paz es hoy aún mucho mayor" pronunciada sobre los cascotes y escombros de la T-4, con un desaparecido aún sin localizar, un cadáver aún caliente sobre la mesa y pocas horas antes de que la Ertzaintza localizase en un bidón depositado junto a un vehículo con casi cien kilos más de "energía" preparados para hacer explosión. Imaginen que hay webs que piden, día tras día que Rubalcaba se vaya a su casa por estimar que no nos merecemos un gobierno que nos mienta. O que ponen a caer de un burro al director General de la Policía y de la Guardia Civil, Joan Mesquida, por haber afirmado el día de Nochebuena que no hay datos que "hagan pensar ahora mismo ni que ETA se está rearmando ni que pueda existir un comando" operativo en el interior.

Pues, hala, ya podrían cerrarla. Censura. Corren, pues, malos tiempos para aquellos que se niegan a integrarse en el ¿pensamiento? único progre. Más, como dice la expresión popular, es imposible tratar de tapar el sol con un dedo. Por mucha energía que crea uno que tiene.

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