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Irán deviene superpotencia regional

Piotr Goncharov
Redacción
jueves, 4 de enero de 2007, 21:54 h (CET)
El vocablo “Irán” tiene todos los motivos para figurar en la primera decena de eventos más notables del año, comenzando por el expediente nuclear y terminando por la conferencia sobre el Holocausto, sin hablar ya de la fraseología antiisraelí del presidente de Irán, Ahmadineyad.

Si resumimos todo en una frase, Irán nos ha obligado a hablar de ese país como de una potencia regional y jugador clave en el Cercano Oriente.

El programa nuclear de Irán sigue siendo el tema de primer orden. Para ello hay todos los motivos. Lo que está en juego es el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Ahora ya no cabe duda de que si Irán pone en práctica su programa nuclear en la forma en que lo declara, a saber: a base de tecnologías propias de enriquecimiento de combustible nuclear el régimen de no proliferación se verá fuertemente comprometido y el Tratado de No Proliferación del Arma Nuclear podrá ser bien enterrado. El factor iraní actuará según el principio del dominó pues no tardarán en seguir el ejemplo de Irán países como Arabia Saudita, Egipto, Jordania que ya de hecho lo han anunciado.

No se trata en definitiva de si Irán va o no va a tener bomba nuclear. Bomba puede no haber, y lo más probable es que Irán no la vaya a crear. Pero estará a dos pasos de su creación. Igualmente a dos pasos de su creación estarán Arabia Saudita, Egipto y Jordania. Además, Irán promete compartir sus tecnologías nucleares con Kuwait y, desde luego, con Siria. Es de imaginar el polvorían en que se convertirá esta área, tomando en cuenta las doscientas ojivas nucleares que ya se conocen.

Por otra parte, hay, sin duda, razones para temer el cariz que pueda tomar el programa nuclear iraní y preocuparse por su conformidad con los fines civiles. Concretamente, la planta ya puesta en servicio para enriquecer uranio en Natanze debe contar con 54 mil centrifugadoras. Es cierto que de momento se han puesto en marcha sólo dos cascadas de 164 centrifugadoras cada una, pero Teherán se propone poner en marcha toda la planta. A este respecto surge la pregunta: ¿para qué?

Según comentan expertos en energía nuclear rusos, esta cantidad de centrifugadoras le permitirá a Irán crear combustible nuclear propio para 20 unidades generadoras de centrales electronucleares. Hoy por hoy en Irán se tiene previsto poner en marcha una unidad que se construye en Bushire. La puesta en marcha física está prevista para septiembre y la energética, para noviembre. La construcción de las 19 unidades será en perspectiva muy lejana.

Mas, por otra parte, al decir de los expertos arriba mencionados, estas 54 mil centrifugadoras, en el caso de que así se decida o, como suele decirse, si para ello hay voluntad política, le permitirán a Irán crear 5-7 cargas nucleares durante dos semanas como máximo.

Es lógico, por tanto, que la Agencia Internacional de Energía Atómica, organismo habilitado para controlar el desarrollo de las tecnologías nucleares no dé plenas garantías de carácter civil del programa nuclear iraní, aunque, es cierto que tampoco confirma su carácter militar. La AIEA de momento tiene preguntas que plantearle a Teherán, preguntas a que éste aún no ha dado respuesta. Esta respuesta podría llegar a servir de garantía del carácter civil del programa nuclear iraní, mas, lamentablemente…

Las negociaciones que se sostienen en torno al programa nuclear iraní, igual que los interminables debates de expertos, politólogos y otros, sobre todo teniendo por fondo la hábil diplomacia iraní, llegan a recordar escenas de una serie con mucho suspense. Y no es para menos, pues el Consejo de Seguridad de la ONU le fija a Teherán un plazo hasta el 31 de agosto para que cese trabajos en la primera cascada para 164 centrifugadoras. Pasan más de tres meses, e Irán pone en marcha otra cascada para 164 centrifugadoras. Hacia fines de marzo de 2007 Teherán promete poner en marcha 3 mil centrifugadoras en total.

Las incesantes declaraciones del presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, acerca de que la nación iraní “ha tomado su gran decisión y marcha con dignidad por su camino” y que Teherán califique toda decisión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre las sanciones contra Irán “como acto hostil” no son más que una baladronada a que el mundo ya empieza a acostumbrarse.

No cabe duda que Teherán teme sanciones, y lo evidencia, por ejemplo, la urgente visita que realizó a Moscú el Secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional de Irán, Laridjani, justo antes de la prevista escala en Moscú del presidente norteamericano Bush. En Teherán se tenía miedo de que Bush le persuadiera a Moscú de aceptar las severas sanciones contra Irán. Teherán necesitaba apoyo de Rusia, y lo obtuvo. Pero nada puede durar eternamente.

Este apoyo, como más tarde Vladimir Putin explicó la postura de Rusia, tenía por objetivo lograr que en el proceso de diálogo con la AIEA Teherán aclarara las cuestiones que la agencia tiene con éste, restableciendo de esta forma la confianza en el carácter pacífico de sus esfuerzos en la esfera nuclear. Todo parece indicar, no obstante, que Teherán no está dispuesto, al menos de momento, a volver a sentarse a la mesa de las negociaciones.

Moscú piensa que las sanciones a aplicar contra Irán deben extenderse únicamente a las actividades que provocan las preocupaciones de la AIEA, o sea, el enriquecimiento de uranio, reprocesamiento químico, proyectos basados en agua pesada y producción de vectores de armas nucleares.

Mas, parece que, independientemente de las sanciones, el papel que Irán como vecino de Rusia desempeñará en la arena internacional no dejará de ser un papel clave. Es el resultado principal de la historia del expediente nuclear iraní.

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Piotr Goncharov, para RIA Novosti.


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