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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

2007, un deseo: que ni Zapatero ni Bush se sienten a nuestra mesa

Raúl Tristán

jueves, 4 de enero de 2007, 21:54 h (CET)
El 2006 acabó, se esfumó el año de cifra última la de inicio, medio y final (666) de la Bestia para unos, para otros Ángel de la Luz, caído a los abismos desde los cielos por pretender iluminar a los hombres con la sabiduría que Dios se arroga para él solo...

Serpiente divina, ese demonio, que no quería arrancarnos la vida eterna, ni en un supuesto pecado hacernos incurrir, sino concedernos la gracia del libre albedrío.

La libertad de pensar y actuar.

El 2006 continuó desangrando los países con sus guerras incomprensibles. Como la barbarie de Irak, donde una nación se autodestruye, consumiéndose en las brasas encendidas de la guerra iniciada por un fugado del frenopático. Bastarda democracia la que con un homicidio comienza, aunque sea asesinando a un genocida. ¿La guerra y la validez legal de la pena de muerte es lo único que un pueblo occidental, que se dice evolucionado, ha exportado a la cuna de la civilización mesopotámica?

EEUU hace regresar a casa a sus muertos, muertos por la furia irracional e irresponsable de un necio. Un necio que agitó el avispero, creyéndose invencible, a salvo de la picadura de los himenópteros, bajo la cobertura de un traje de camuflaje.

Los muertos son de sus familias, no del necio, que no pierde nada.
¡Qué fácil es jugar con las vidas ajenas, sentado en un cómodo sillón!

Y el 2006 nos quitó las vanas esperanzas en una paz interna que nunca llega.

Una trampa mortal en la que un ingenuo pretencioso cayó. Otro de esos insignes padres de la patria que se creen llamados a hacer avances por si solos, que creen poder triunfar allá donde grandes hombres han fracasado antes. Alguien que ha ocultado la verdad, faltando a ella. Los ciudadanos quieren la paz, pero el precio no lo puede imponer quien fuera de la sociedad se encuentra, y menos aún puede pactarlo a hurtadillas quien representa la sonrisa estúpida de la traición al Estado. Porque la sonrisa del falso talante huele a rancio, la sonrisa sinsentido insulta cuando el hormigón se derrumba, aplastando a los inocentes. Las palabras vacías, los discursos vanos, las esperas continuas obviando la realidad diaria. Hacer la vista gorda, taparse los ojos, vendárselos para evitar que el fantasioso mundo que ha construido se vea desmontado por los hechos irrefutables. Y lo que es peor, intentar por todos los medios vendarle los ojos al pueblo, a la opinión pública, a los medios de comunicación, con una sutil censura que avanza como la peste, intentando acallar las bocas de los espíritus libres.

La farsa ha terminado, puede dejar caer la máscara, la careta que ya conocemos bien. No nos engaña, la verdadera gente de bien no sonríe de ese modo frente a la adversidad.

La suya es la sonrisa de quien, hablando de progreso y de libertad, encierra tras las alambradas a quienes trabajan de verdad por esos dos sagrados conceptos.

Libertad para pensar y actuar. Luz y oscuridad del ser humano. Sobre todo cuando quienes nos gobiernan cimentan sus carreras, su ascenso en el ránking de la fama, su aparición en los libros de Historia, en el poder de las armas y la siembra de destrucción o en la sumisión de de sus gobernados a la muerte.

En los EEUU o en España, es la dictadura de la estulticia.

Que el 2007 nos traiga mejores amos, que en el 2006 ya soportamos los excesos de los tiranos.

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