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Etiquetas:   Minoría absoluta   -   Sección:   Opinión

Dos salvajadas para despedir 2006

Patxo Palacios
Patxo Palacios
miércoles, 3 de enero de 2007, 21:05 h (CET)
La mañana del sábado amanecimos sobresaltados por dos noticias de enorme repercusión, una a nivel nacional y otra internacional.

Hacia las 4 de la madrugada, el sátrapa iraquí Sadam Hussein era ahorcado en Irak, de forma sorpresiva, pese a que su sentencia ya confirmada, podía ejecutarse en cualquier momento.

Las irregularidades del proceso por el que fue condenado, así como lo precario de las condiciones objetivas de justicia y seguridad de Irak, donde el Gobierno y su sistema legal están sujetos con alfileres y con el apoyo estadounidense, hacía sin duda más adecuado su enjuiciamiento por un Tribunal Internacional. Tenemos uno en La Haya, pero más decorativo que otra cosa.

Y no solo Hussein, sino cualquier tirano que haya cometido delitos de lesa humanidad debería ser juzgado por un Tribunal de Justicia Internacional, a cuya tutela sometan todos los países el enjuiciamiento de criminales que hayan cometido estas atrocidades desde el poder (militares, dictadores, etc.), para evitar posibles confrontaciones sociales civiles en sus respectivos países.

Ni qué decir tiene, la pena de muerte - que es un horror y degrada al que la usa - por ahorcamiento ha sido la guinda a tanto dislate. La ley del ojo por ojo, diente por diente no es propia de sociedades civilizadas y habría que erradicarla del planeta.

Matar debería estar prohibido por cualquier ley, ni más ni menos.

El otro mazazo del sábado fue la salvaje explosión de la furgoneta-bomba en el parking de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Dos pobres ecuatorianos han sido borrados del mapa por la acción de unos canallas fundamentalistas de ETA. La tregua hecha añicos, la posición del Gobierno en entredicho, la de Batasuna idem. Por más que Otegi se apresurara a decir que el proceso seguía adelante ahora más que nunca, se sigue echando en falta un mínimo de gallardía, de coraje para oír del líder de la izquierda abertzale alguna crítica a esta salvajada. Cuando uno mata, no hay más culpable que él mismo, por mucho que haya circunstancias alrededor de uno u otro tipo. La reorganización y el reabastecimiento de la banda estos meses no hacía presagiar nada bueno y el sábado se confirmó.

El que haya dado la orden, Txeroki o quien sea, ha podido dar el tiro de gracia a la legalización de Batasuna cara a las elecciones municipales y autonómicas en primavera. De una tacada, vuelve a demostrar la sumisión absoluta y vergonzante del aparato político al militar. Así, Otegi o el mismo Josu Ternera quedan a la altura del barro: desplazados y derrotados por los más descerebrados radicales militaristas, que no han aprendido nada en todos estos años.

Solo queda apelar a la sensatez de los partidos políticos, a no rentabilizar electoralmente esta situación y a aprender de los errores cometidos en el diálogo con ETA. Quizá sea el momento de liquidar a ETA, a través de Batasuna / EHAK o como se llamen ahora. Al fin y al cabo, los únicos legitimados por las urnas para hablar de sus reivindicaciones.

Mientras en ese mundo no haya un verdadero poder político autónomo que haga prevalecer su criterio, están, estamos apañados.

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