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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Indianos y patricios

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 2 de enero de 2007, 13:05 h (CET)
En estas fechas señaladas en que las personas se hacen regalos las unas a las otras, en señal de consideración y respeto, cariño, gratitud o simplemente por generosidad, me vienen a la mente dos personas que fueron generosas de verdad para sus conciudadanos.

En ocasiones se dice que tal o cual persona es generosa porque tiene una inmensa fortuna. Crea fundaciones para hacer el bien a los demás. Pero también para obtener réditos fiscales que finalmente le devuelvan el favor.

Los hay que se hinchan de robar por pura enfermedad mental y atesoran fortunas de las que sólo ellos disfrutan hasta que el peso de la Ley cae sobre ellos. Estos pobres personajes, raramente muestran generosidad alguna, salvo el pago de favores a quienes han colaborado en el engaño que les ha llevado a su “éxito” económico.

Dos personajes de la reciente Historia Económica de nuestro país, fueron singularmente generosos.

Un indiano, como se denominó a aquellos que volvieron de América con una gran fortuna, Francisco Gumà Ferràn, de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), al regresar a su ciudad mediado el siglo XIX, luego de una larga estancia en Cuba, se obstinó en la realización de una línea de ferrocarril que uniera a Vilanova con Barcelona, pues el proyecto de la vía marítima no prosperaba y lo más audaz era el tren. Su ciudad se estaba quedando marginada del progreso económico que experimentaba toda la región por falta de una comunicación directa y moderna con la metrópoli.

Así, Gumà obtuvo a título personal, del gobierno de España, la concesión para la realización y explotación de una línea férrea entre Barcelona y Valls (Tarragona), mediante Ley de 12 de enero de 1877 aunque sin un duro de subvención.

El propio Gumà inició una suscripción popular, con medio millón de duros, de los tres y medio que suponían la totalidad del proyecto. Gumà consiguió que todos los suscriptores se apretaran el cinturón y renunciaran a percibir dividendos durante la construcción de la vía férrea. Las contratas se adjudicaron en públicas subastas, entre empresas de la zona, para evitar a las grandes compañías nacionales y extranjeras.

En 1881 llegó a Vilanova el primer tren desde Barcelona, gracias a la obstinación, el tesón y la generosidad de aquel indiano que tuvo la voluntad de hacer algo provechoso con su fortuna personal para sus paisanos.

Un patricio barcelonés, como se conoce a aquel que por sus virtudes, riqueza o cuna descuella entre sus conciudadanos, Manuel Girona Agrafel, nacido en Tàrrega (Lleida) en 1818, fue un financiero de gran éxito profesional que fundó el Banco de Barcelona en 1844 y el Banco Hispano Colonial en 1876, juntamente con Antonio López. Fue impulsor de una línea férrea al igual que Gumà, entre Zaragoza, Barcelona y Port-Bou, en la frontera con Francia.

Manuel Girona fue alcalde de Barcelona entre los años 1876 y 1882 y fue el Comisario Real de la Exposición Universal de Barcelona de 1888. Fue en esa época en la que toda Barcelona se transformó, como ahora sabemos que lo hacen las ciudades que son sede de la Exposición Universal, de cara al fenomenal evento que entonces suponía la proyección de la ciudad en el micro mundo civilizado y viajero de la época.

A la sazón, la catedral de Barcelona que ya existía en el 559 cuando el Concilio de Barcelona, pero que había sido destruida por Almanzor en el 985 venía construyéndose desde que en 1046 el Conde Ramón Berenguer El Viejo iniciara la construcción de una nueva catedral románica. Posteriormente, en 1298 se iniciaron las obras de la actual catedral gótica, en el mismo emplazamiento de la románica, aunque con inversa orientación de su fachada principal. Las obras fueron alternativamente parando y reemprendiéndose, hasta que en 1519 se dieron por finalizadas, salvo la fachada y el cimborrio, para la reunión de la Orden del Toisón de Oro, convocada por el emperador Carlos I.

Posteriormente, la catedral quedó en desuso y en lamentable estado de conservación. Y fue con ocasión de aquella Exposición Internacional, cuando Manuel Girona, a sus expensas, decidió en 1882 la finalización de la catedral. La fachada fue finalizada en 1888 para disfrute y solaz de los barceloneses y sus visitantes. El cimborrio se finalizó en 1909 cuatro años después de su fallecimiento.

Cuentan que cuando el rey Alfonso XIII, con ocasión de la inauguración de la Exposición Universal y ante la magnitud de la obra en la catedral pagada por Manuel Girona, le propuso en reconocimiento regio, la concesión de un título nobiliario, a lo que este respondió agradecido que, en cualquier caso, los únicos títulos de su interés eran los de la Deuda Pública.

Esos sí fueron regalos generosos. Feliz Año Nuevo.

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