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Los vecinos de Irak podrían prestarle ayuda

Elena Melkumián
Redacción
lunes, 1 de enero de 2007, 18:49 h (CET)
La situación en Irak no se presta a arreglo ni por vía militar, practicada por EE.UU. y sus aliados, ni por vía negociada (incluyendo el Congreso de Reconciliación Nacional).

Pero la estabilidad política interna, amenazada antes que nada por los enfrentamientos armados entre los chiítas y sunitas, podría ser lograda invitando a los países lindantes a intervenir en calidad de mediadores.

Teherán, aunque lo niega, presta apoyo no oficial a los grupos chiítas iraquíes. Al propio tiempo, Irán corre el riesgo de verse en aislamiento, tanto a nivel global como regional, porque los países limítrofes, preocupados con sus ambiciones nucleares, ya expresan abiertamente su inquietud y no se inclinan a prestarle apoyo en el conflicto con Occidente. Precisamente por esta razón la invitación a Irán a tomar parte en el arreglo de la crisis iraquí podría ofrecerle una buena oportunidad para mejorar las relaciones con los países del área. Teherán podría renunciar a sus acciones provocadoras en Irak, a condición de que la comunidad internacional no ejerza presiones desproporcionadas en relación con el programa nuclear iraní.

Siria es otro país que también presta apoyo sigiloso a los grupos chiítas de Irak. Y también podría participar en el arreglo de las contradicciones en este país. Igual que Teherán, Damasco es blanco de críticas desde fuera. En primer lugar, por su injerencia en los asuntos del Líbano. Bajo determinadas condiciones, Siria podría contribuir al cese de los enfrentamientos entre los chiítas y sunitas, así como a la búsqueda de fórmulas de compromiso para arreglar la crisis que desgarra hoy a Irak. Con tanta más razón cuanto ya está diseñado el mecanismo de incorporar a Irán y Siria a la solución de los problemas de Irak. Me refiero a las reuniones de los cancilleres de los Estados lindantes con Irak.
Arabia Saudita y otros países del Golfo Pérsico están interesados en desempeñar un papel especial en la normalización de la situación en Irak. Las autoridades sauditas impidieron los intentos del clero de prestar apoyo a los sunitas de Irak, lo que inevitablemente provocaría guerra civil en este país. Para Arabia Saudita, lo mismo que para Bahrein, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y otros países miembros del Consejo de cooperación de los Estados árabes del Golfo, por varias razones es sumamente importante una solución positiva de los problemas iraquíes y el establecimiento en este país de un régimen democrático que actúe a tenor de la constitución aprobada. Entre estas razones figuran la consolidación de la seguridad regional y la cooperación a las reformas internas ya iniciadas en los países arriba citados.
Además, los vecinos de Irak no quieren que éste se desintegre. La formación de enclaves según el principio étnico o confesional podría instigar a los movimientos separatistas en Irán, Siria, Turquía y provocar la movilización de los grupos chiítas en los países árabes del Golfo Pérsico. Por lo tanto, los países limítrofes que también son multiconfesionales o multiétnicos, se pronuncian por mantener la integridad territorial y secundan asimismo la idea y los esfuerzos por promover en Irak el arreglo político, liquidar los focos de resistencia, normalizar las relaciones entre diversas fuerzas políticas que representan los principales grupos de la población: chiítas, sunitas, kurdos.
Ello no obstante, de momento continúan los enfrentamientos entre los grupos políticos sunitas y chiítas, en los que se están involucrando cada vez más representantes de estas comunidades. No quiero afirmar que Irak sea escenario de una guerra civil a gran escala, pero las escaramuzas entre los sunitas y chiítas van cobrando envergadura. Otro problema es la resistencia que siguen oponiendo tanto agentes de los servicios secretos y efectivos de las unidades élites del régimen de Sadam como miembros de diversas organizaciones terroristas transnacionales. Esto se debe a que en Irak no se han creado condiciones que priven a estas fuerzas del apoyo por parte de la población. El actual régimen iraquí y la administración de ocupación son incapaces de poner bajo control el desarrollo de la situación política interna.
Es de suponer que la declaración oficial hecha por la Casa Blanca sobre una pronta retirada de las tropas norteamericanas de Irak pueda mejorar un tanto la situación. Tal paso de la Administración USA haría mermar la movilización de las fuerzas radicales que seducen a la gente a sus filas haciendo gala de la retórica antiyanqui. Pero sería lógico que la retirada de las tropas de Irak fuese consensuada con los poderes públicos locales y las élites gobernantes de los Estados lindantes para prevenir la amenaza de golpe de Estado. La retirada de las tropas norteamericanas debe efectuarse paulatinamente, atendiendo las posibilidades de las autoridades iraquíes para garantizar la seguridad nacional. Es de entender que los planes actuales de incremento temporal del efectivo orgánico de las tropas norteamericanas en Irak (para acelerar la estabilización política interna y permitirles a los norteamericanos retirarse definitivamente) no surtan el efecto apetecido.

Precisamente por eso, repitámoslo, en la tesitura actual, la solución óptima sería lograr una participación activa de los Estados lindantes con Irak en la solución de los problemas de este país, lo que requiere, desde luego, el apoyo de la comunidad internacional.

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Elena Melkumián, Doctora en Politología, para RIA Novosti.

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