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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Zapathuero

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 1 de enero de 2007, 14:46 h (CET)
Hemos perdido el tiempo porque el Gobierno no ha sabido comprender e interpretar correctamente los reiterados mensajes de rearme que le enviaba la banda terrorista ETA. Siempre ha habido un empeño gubernamental en forzar los análisis para interpretar estas acciones de la manera más conveniente a sus intereses, recordemos los días que pasaron hasta que se aceptó oficialmente que las 350 pistolas habían sido robadas por la banda criminal.

Yo siempre he defendido que Zapatero estaba haciendo bien en intentar la negociación con ETA, así lo puede leer quien lo desee en otras páginas de este blog. Siempre he defendido que ETA tiene 200.000 colaboradores de la banda que en cada elección le demuestran fielmente su apoyo. Por eso no se puede acabar con ETA como se puede acabar con el GRAPO. Esos 200.000 votantes son potenciales sustitutos de cada etarra encarcelado, ni se puede ganar por goleada a ningún ejército de asesinos terroristas tan numeroso ni hay cárceles tan amplias para tantos miles de terroristas potenciales.

La prueba de todo ello es que los tres últimos presidentes del Gobierno lo han intentado, todos ellos han buscado, si bien de modos distintos y con intensidades diferentes, el final pactado de los asesinatos, de la extorsión y de los secuestros. Zapatero estaba pues en pleno derecho a intentar buscar el bien de España por ese camino. Las urnas iban a dictar con el tiempo el veredicto ajustado a sus esfuerzos, su voluntad su acierto y sus resultados. En ese esfuerzo Zapatero se jugaba mucho, nos lo jugábamos todos y todo indica ahora que lo hemos perdido.

Él, el presidente del Gobierno, ha ofrecido permanentemente una expresión de endeblez que trasmitía indeleblemente la imagen de cesión ante la banda, no ha sabido hacer comprender a los asesinos que todos, hasta ellos mismos, estamos bajo el imperio de la Ley. La sociedad percibía una excesivamente grande disposición del Gobierno a ceder, reinterpretando la Ley a favor de los terroristas. Ahí posiblemente, en la falta aparente de firmeza, en el aire continuo de cesión haya estado parte del problema. Su discurso ha sido buenista y vacío, poco firme y huero. Zapathuero.

Quizá sus esfuerzos estaban condenados de antemano al fracaso porque ETA no es una asociación de señoritas de beneficencia, pero tanto la labor de sus compañeros del País Vasco (recientemente Ramón Jáuregui pedía un nuevo estatuto que pudiera aceptar Batasuna, lo que era pedir que la ley se adaptara a los deseos de cada ciudadano y aceptar que con la fuerza se pueden obtener réditos políticos) como las declaraciones faltas de consistencia de diferentes miembros del Gobierno han terminado por dejar crecerse a la banda.

Todavía no ha hablado en público el presidente cuando escribo estas líneas, España ignora su postura oficial, salvo las escuetas manifestaciones de Rubalcaba pero deseo encontrarme un presidente que no minimice de nuevo la situación, que no niegue la realidad de lo sucedido, especialmente grave si como parece debemos poner un muerto más en el haber de ETA.

Esto puede no haber sido más que un envite, quizá un órdago, un puñetazo encima de la mesa de la banda para seguir negociando. Los amarrakos que ha usado han destrozado varias plantas de un moderno aparcamiento y todo apunta a que han matado a una persona. Sospecho que el diálogo, la negociación o como se quiera llamar, continuará dentro de unas semanas, pero confío sinceramente en que mi presidente no se arrugue, no reinterprete la realidad a su gusto y sepa estar en su sitio, en el sitio más importante de España, representándonos a todos y defendiendo los intereses generales.

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