Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Qué nos ha traido el 'euro' a los españoles?

Miguel Massanet (Barcelona)
Redacción
domingo, 31 de diciembre de 2006, 01:50 h (CET)
Parece ser que, hace ya cinco años, que se produjo la sustitución de la peseta por el euro y, en consecuencia, el señor ministro de economía ha decidido que, con tan fausto motivo, se acuñen una serie de monedas conmemorativas de tal evento. Me parece bien: si a los señores coleccionistas les da ilusión aumentar sus colecciones, ¿por qué no darles ese gusto? Al fin y al cabo no perjudican a nadie. Otra cosa sería, sin embargo, considerar las consecuencias que la implantación de la nueva moneda trajo para los ciudadanos españoles.

No voy a entrar en disquisiciones de alta economía porque es evidente que no estoy capacitado para ello; por tanto dejaré de lado las ventajas o inconvenientes que, a nivel europeo, ha supuesto el establecimiento de una moneda única y el grado de interdependencia que la nueva moneda pueda tener con el dólar o el yen; para limitarme a utilizar la famosa “cuenta de la vieja”, que es la que siempre da el mejor resultado cuando se trata de economía doméstica.

La primera impresión que nos produjo el cambio fue, sin duda, de desconcierto; nadie sabía como transformar el euro en pesetas y viceversa, y no había para menos, porque: ya me dirán ustedes como es posible buscar un método eficaz para calcular mentalmente cuántas pesetas son ochocientos sententa y tres euros (hagan la prueba de hacerlo sin calculadora y diganme si han acertado). Luego vino una reacción de incomodidad y enfado: a nadie le gusta verse como un analfabeto ante los demás. Quien más quien menos procuraba disimular su torpeza aprendiéndose de memoria algunos montantes de cantidades pequeñas para hacer ostentación de facilidad mental ante los amigos; pero la cosa se complicaba cuando se hablaba de cifras elevadas, entonces los millones nos empezaban a bailar y lo mismo pecábamos por defecto que por exceso y, señores, ¡hay temas que no se pueden tomar a broma!, y las finanzas es uno de ellos.

Pero, sin duda, lo peor de todo ha sido la facilidad con la que hemos devaluado mentalmente la nueva moneda. Un euro, si no me equivoco, representa el equivalente de ciento sesenta y seis pesetas con treinta y ocho céntimos; o sea, que cuando usted iba a comprar un periódico, antes del cambio de moneda, le costaba unas ciento cincuenta pesetas; la primera consecuencia fue que pasó a costarle un euro lo que significaba un incremento de dieciséis y pico de pesetas y ello simplemente por la cara (de las editoriales, por supuesto). Y lo peor fue que, con anterioridad, se nos había repetido hasta la saciedad que nadie iba a salir perjudicado a causa de la conversión ¡Pues anda que, si llegamos a serlo, nos quedamos en ropa interior!

Por otra parte los sueldos, salarios, pensiones y rentas (para los que las tuvieran) seguían siendo los mismos, los calculara usted en euros o en pesetas; éstos no aumentaban como lo venían haciendo los precios. Pronto llegaron los famosos redondeos (liderados por la Banca) que, burla burlando, fueron haciendo que la calderilla quedara pronto relegada al olvido (calderilla de diez, veinte, treinta o más pesetas) como si la moneda fraccionaria fuera una futesa sin importancia; todo sin que los usuarios parecieran preocuparse, inmersos en una inopia absoluta. Daba la sensación de que los españoles estábamos hipnotizados por estar en Europa y, ante ello, nos rendíamos a la fatalidad sin oponer resistencia alguna.

Después de cinco años creo que las cosas se han clarificado, y que todos nos hemos concienciado de ser más pobres que antes; de que, de una manera inconsciente, hemos devaluado mentalmente el euro, al que hemos llegado a considerar como la unidad monetaria mínima (¡166’386 pesetas!); hasta el punto de que, cuando algo sólo nos cuesta un euro sonreimos felices, como bobalicones, por haber encontrado una verdadera ganga. Antes se daban propinas en los bares de cinco, diez o quince pesetas y, sólo los más dadivosos, largaban veinte duros; ahora dar una moneda de veinte céntimos (33 pesetas) hace que el presunto beneficiario arrugue el ceño sin dignarse dar las gracias. ¡Ah! Eso sí, salvo los jóvenes, que ya casi no recuerdan las pesetas, los que peinamos canas, aquellos que tenemos la suerte de tenerlas, continuamos contando mentalmente en pesetas y siempre provistos de nuestra calculadora.

Lo cierto es que, bromas aparte, los paisanos fuimos engañados como chinos, tragándonos los sapos que nos endilgaron los economistas de la Administración, camuflados, para que entraran mejor, del señuelo del progreso y la modernidad.El resultado de toda la operación ha quedado reducido a una general tomadura de pelo que nos ha llevado a un encarecimiento de vida reflejado en todos los ámbitos económicos que afectan, más directamente, a los bolsillos de los ciudadanos de a pie quienes, como siempre suele ocurrir, somos los paganos de todas las brillantes ideas que se les ocurren a nuestros políticos. Sería muy ilustrativo que los sabios de la economía, en vez de liarse en Opas y demás zarandajas, se dedicaran a calcular lo que nos ha costado a los españoles el famoso invento; pero, seamos realistas y no nos quejemos, porque, en todo caso, nos merecemos lo que nos pasa, ¡por idiotas!

Noticias relacionadas

Los patinetes de nuestra niñez hoy artefactos motrices de mayores

Un inesperado giro del medio de transporte urbano, que ha cogido con el pie cambiado a los ayuntamientos de las grandes ciudades

Mohamed VI. Liderazgo positivo en el Magreb

Un liderazgo positivo pone a Marruecos al frente de la modernidad, la tolerancia religiosa y el pluralismo en su región

Octogenaria Paca y nonagenaria Ida

La Aguirre octogenaria lee con calma en el escenario. La Vitale vitalista, todavía se queda hasta altas horas de la noche escribiendo

Enrarecido ambiente

Estoy convencido de que es precisa la salida de "cum fraude" del Gobierno para empezar a ver la luz

Política idealista y realista

G. Seisdedos, Valladolid
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris