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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La utilidad de la cortesía

Ignasi Castells (Barcelona)
Redacción
domingo, 31 de diciembre de 2006, 01:50 h (CET)
En un reciente artículo, el conocido psiquiatra Luis Rojas Marcos reflexionaba desde Nueva York sobre el hecho documentado de que los perjudicados por los errores médicos, son menos propensos a denunciarles o a plantearles una demanda legal cuando los facultativos habían admitido sus fallos y se habían disculpado. Más allá de la lógica satisfacción de las aseguradoras por los posibles ahorros millonarios, el tema en cuestión va en la línea de confirmar algo que muchos se empeñan en ignorar: la cortesía es útil y beneficiosa, tanto a nivel personal como profesional.

En este sentido, las disculpas, a las que hacia referencia el artículo, son una de las tres estrategias básicas de cortesía que las personas utilizamos para mantener relaciones positivas y equilibradas con los demás. En efecto, cuando nos sentimos “dañados”, o de algún modo perjudicados, necesitamos imperiosamente recibir algún tipo de compensación, “reparación” por parte del causante del daño. Muchas veces un “lo siento” sincero será suficiente, otras hará falta algo más, pero nunca menos. Cuestión de justicia.

Otra estrategia de cortesía que juega un papel importantísimo en las interacciones humanas son los “agradecimientos”, todas aquellas expresiones - “…gracias,..se lo agradezco” -, que intentan compensar a nuestro interlocutor por algo que ha hecho a nuestro favor, tienen un efecto igualmente poderoso, puesto que refuerzan su autoestima. Todos hemos vivido los espectaculares y favorables cambios de actitud que se producen en el interlocutor al pronunciar estas expresiones, por no hablar de los indeseables efectos que se consiguen por obviarlas.

La tercera estrategia, los “saludos”, del tipo “hola, ¿cómo estás?”, es para la mayoría la forma más elemental de cortesía, pero no por ello la menos relevante, al contrario. Su ausencia anuncia de modo inequívoco que la relación es inexistente, se ha roto, o va por el camino de hacerlo. Retirar o negar el saludo es condenar al otro a “no ser”, que es una forma de morir en vida. Y las personas necesitamos este reconocimiento mínimo de nuestra presencia, de nuestra existencia, como requisito previo e irremplazable para iniciar cualquier tipo de relación personal o profesional. Saludar, agradecer, disculparse,… tres estrategias de actuación para mejorar la convivencia. ¿Nos lo proponemos para el año que viene?

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