Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Revista-zonajoven

Etiquetas:   El Comentario   -   Sección:   Revista-zonajoven

Navidades: trabajo extra para el estómago

Saúl Ivars
Redacción
domingo, 31 de diciembre de 2006, 23:00 h (CET)
España. Finales del mes de diciembre. Llegan las fiestas navideñas. Los católicos celebramos el nacimiento de Jesucristo, el hijo de Dios. Las calles se llenan de luces de colores. Se dispara el consumismo. La mayoría de la gente se llena de felicidad e ilusión. Los niños están ansiosos por recibir sus regalos. Y mi estómago comienza la más ardua y dura faena de todo el año: aguantar y digerir todas las comilonas que se le vienen encima en tan sólo quince días.

¿Se han parado a pensar por qué comemos más en estos días festivos que durante el resto del año? Igual es que al volver los anuncios de las ONG’s con lemas como “Acabar con el hambre es posible” nuestro cerebro lo interpreta, pero a su manera. Sí, es posible acabar con el hambre, pero el mío. Con un poco de suerte, el carrusel gastronómico-festivo, puede empezar el 22 de diciembre con el sorteo de la Lotería de Navidad, de la que seguro todo buen ciudadano tiene, al menos, un décimo. Como salen tantos premios y se reparte por toda la geografía española, seguro que conocemos a alguien que le ha tocado un pellizco o un buen pellizco de euros; es aquí donde el estómago empieza la campaña, con la copa de sidra o cava y los primeros polvorones para celebrar que la suerte ha sonreído a alguien cercano.

Si tiene la suerte o desgracia (hay casos para todo) de trabajar, en un 99’9% de los casos antes de Nochebuena (24 de diciembre), tendrá lugar la copiosa cena o comida de empresa. Habrá a quien les siente mejor, ya sea porque paga el rácano del jefe o por ver a sus compañeros de trabajo borrachos y bailando Los pajaritos, y habrá a quien le siente peor, aquellos a los que les toque sentarse al lado del jefe en la mesa y encima han de pagarse la comida. La cuestión es que nuevamente nuestro estómago vuelve a su faena.

Las siguientes paradas obligatorias, y que vienen contiguas, son la cena de Nochebuena y la comida de Navidad. Además, en estas ocasiones, el anfitrión aprovecha para hacer alarde de su generosidad alimenticia y no escatima en llenar los platos dos y tres veces. Por quedar bien o por gula, dejamos el plato limpio. Pero después de la tormenta...no viene la calma, esta vez llegan los dulces navideños (polvorones, turrones, mantecados, peladillas, caramelos, chocolates, etc.) y las copas correspondientes (sidra, cava, champán, mistela, licores, orujos, whisky, etc.); convirtiendo nuestra panza en una olla a presión. Si es que debería estar prohibido asistir a dos sentadas de este calibre en tan solo 16 horas.

Si con un poco de suerte, se sobrevive a estos ataques de colesterol y glucosa, entre muchos otros espasmos que nos podrían venir encima, luego las consecuencias son evidentes. Los pantalones que te venían ajustados, no te caben. El jersey manchado de algún alimento que no se quita ni con Cillit Bang. Insomnio. Ardores de estómago. Almorranas. Resaca y dolores de cabeza. Posiblemente a ustedes no les pasen estas cosas, pero a un servidor que no sabe decir “que no”, que le gusta mover las mandíbulas y que ve los documentales de osos de La 2, esto es sólo un avance de lo que le suele acontecer por estas fechas tan entrañables.

Menos mal que hasta el año que viene no toca otra vez. ¡Ostras! ¡Pero si faltan dos días!

Noticias relacionadas
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris