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El compromiso entre los grupos Palestinos

Gueorgui Mirski
Redacción
sábado, 30 de diciembre de 2006, 13:02 h (CET)
El enfrentamiento entre las dos principales fuerzas políticas de Palestina: el Movimiento de Liberación de Palestina (Fatah) y el Movimiento Islámico de Resistencia (Hamás) no es nada casual. Era inevitable. Ello no obstante, resulta que la humanidad de hecho es impotente ante la amenaza de una nueva guerra civil en Oriente Próximo.

Recordemos que en enero de 2006, inesperadamente para todos e incluso para sí mismo, el Movimiento Hamás obtuvo victoria en las elecciones parlamentarias de Palestina, lo que originó la dualidad del poder, pues el presidente de la Autoridad Nacional Palestina es Mahmud Abbas, líder de Fatah.

Fatah no quiso resignarse con la pérdida del poder, con la derrota. Al fin y al cabo, la dualidad del poder paralizó la vida en los territorios palestinos, sobre todo, teniendo en cuenta la circunstancia de que Occidente esté dispuesto a tratar sólo con Abbas y a condición de que el dinero que, no obstante, se transfiera a los palestinos, sea gestionado por él y no por el Gobierno palestino formado por Hamás.

De hecho inmediatamente después de su victoria, los integristas, conscientes de que se verían en aislamiento internacional, les propusieron a Fatah y a otras fuerzas políticas formar un gobierno de unidad nacional. Pese a los reiterados intentos emprendidos durante todo el año saliente, esta empresa no cuajó en realidad.

El principal factor de las desavenencias entre Fatah y Hamás es la renuncia de los integristas a reconocer a Israel y todos los acuerdos palestino-israelíes anteriormente suscritos. Se equivocaron aquellos quienes presagiaban que pasado algún tiempo, Hamás abrazaría el camino del difunto presidente de la Autoridad Palestina, Yaser Arafat, quien en aras de lograr el reconocimiento internacional, renunció a la lucha armada contra Israel.

La cosa es que Arafat representaba una organización laica, cuya meta fundamental era crear su propio Estado. Para alcanzarla, sus miembros estaban dispuestos a cambiar de táctica y reconocer a Israel. Hamás, en cambio, es por su esencia una organización religiosa que no puede cambiar de ideología de la noche a la mañana. De lo contrario habría dejado de existir convirtiéndose en una división de Fatah.

Después de que los dos movimientos por enésima vez no pudieran llegar a un acuerdo y su enfrentamiento armado amenazaba con desembocar en una guerra civil, Abbas decidió anunciar la celebración de las elecciones parlamentarias y presidenciales anticipadas. Fatah, en caso de triunfar, podría recuperar la plenitud del poder en los territorios palestinos. Reacio a que los acontecimientos tomen tal cariz, Hamás se opone tajantemente a los comicios y anunció que los boicoteará.

Pero Abbas reservó posibilidades para elaborar una fórmula de compromiso. Dejó un resquicio diciendo que todavía podían reanudarse las negociaciones sobre la formación del gobierno de unidad nacional. Es decir, el líder palestino espera que los integristas, reacios a la convocatoria de las elecciones, acepten aumentar el número de carteras ministeriales que serían otorgadas a Fatah. En tal caso se podría prescindir de la celebración de los comicios.

para los integristas sino también para Abbas quien pone en juego su propio cargo. Porque si algún personaje de Hamás se postula para la presidencia de la Autoridad Palestina y gana las elecciones, en tal caso Fatah lo perdería todo: la presidencia, el parlamento, el Gobierno. Por lo visto, Abbas no desea arriesgarse demasiado, jugarse todo a una carta.

Ya que ambas partes enfrentadas se muestran cautelosas respecto a las elecciones, precisamente esta circunstancia puede impulsarlas a elaborar una fórmula de compromiso. En este tema podría desempeñar un papel positivo el hecho de que los líderes de ambos movimientos estén conscientes de que sus fuerzas son aproximadamente iguales. Mientras Fatah posee mayores recursos financieros y dispone de una infraestructura material más sólida, Hamás se caracteriza por una mayor combatividad, precisamente debido al fanatismo religioso.

Teóricamente, no puede descartarse la desintegración de la Autoridad Palestina en dos cuasi Estados, por nadie reconocidos, desde luego: uno en la franja de Gaza, dominada por Hamás, y otro en Cisjordania, controlada por Fatah. Pero es poco probable que esta variante les convenga a los propios líderes de ambos movimientos, pues en tal caso se podría dar por sepultado el sueño secular de crear el Estado palestino. De modo que intentarían llegar a un acuerdo. Ahora Hamás debe dar su consentimiento para la redistribución de los cargos en que insiste Abbas. De todas formas, cabe reconocer que las perspectivas de llegar a una fórmula de compromiso son bien ilusorias, y en este asunto tendría mucha importancia la ayuda de mediadores.

¿Quién podría asumir tal papel y qué métodos de influencia podría emplear?
Las evidencias vienen a apuntar que tendrían efecto sólo palancas de presión financiera. Pero ni Europa ni Estados Unidos podrán utilizarlas por secundar sólo a una parte involucrada en el conflicto - Fatah, mientras es imprescindible alentar a ambos movimientos a la vez. De lo contrario, los dos irán imputando el uno al otro el fracaso de las negociaciones.

Los únicos que podrían asumir el papel de mediadores en esta situación son los países árabes. Estos países, ante todo los que lindan con Palestina, así como Arabia Saudita, ya están aplicando esfuerzos por impedir la guerra civil entre los palestinos. Es necesario hacerlo ante todo para mantener el prestigio del mundo árabe e impedir la desintegración de la Autoridad Palestina en dos Estados. Tal evolución de los sucesos sería desfavorable para ellos. A decir verdad, sería desfavorable para todos, incluidos los israelíes, porque si en Palestina estalla una guerra civil, los atentados terroristas volverán a flagelar también a Israel.

Ciframos nuestras esperanzas en la misión mediadora de los países, pero sólo el futuro mostrará si se coronarán de éxito sus intentos de reconciliar a Fatah y Hamás.

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Gueorgui Mirski, colaborador del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de Rusia, Doctor en Historia, para RIA Novosti.

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