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Final de año embrollado

Pascual Falces
Pascual Falces
sábado, 30 de diciembre de 2006, 12:28 h (CET)
Distinguiendo en paz y desde lejos, pero en detalle, el ir y venir de las gentes de la aldea, se diferencian como dos capas de actividad superpuestas. La primera es sencilla y rutinaria, marcada por los quehaceres propios de esta época de fin de año tan singular; como verse con la familia, o, si no, recordarla nostálgicamente; hacer balance del año que ya se ha escurrido de entre las manos; y algunos cálculos y presupuestos para cómo afrontar el que viene intentando por todos lo medios sobrevivir y sacar adelante las ineludibles obligaciones. La segunda es un cisco; no hay quien se aclare y sólo se puede deducir; ni siquiera los que se creen amos del cotarro tienen claro salirse con sus intenciones. Ambas son como una tranquila y laboriosa planicie formada por los afanes cotidianos de toda índole, que son muchos, y, por otra parte, un enriscado juego de intereses que, a toda costa, pretenden influir sobre la anterior.

Es lo mismo contemplar la aldea a escala mundial, que a la pequeña proporción que habitan los españoles en Europa. Tal vez, mejor dicho, ¡seguro!, el llano sobre el que se mueven los hombres normales y corrientes resulta muy equivalente en todas las latitudes. Porque, lo que se cierne ensombrecedor sobre ellos, varía mucho según prevalezca el orden mundial, los intereses locales, o ambos a la vez. Es como contemplar la laboriosidad de las disciplinadas hormigas en interminables hileras, o, ver la burda bota que puede aplastarlas en cualquier momento del paso siguiente. Otros años, este temor, ha sido menos apreciable, y no parecían cernirse oscuros presagios. Pero, este fin del 2006 no es equiparable a un pacífico trayecto, con aterrizaje seguro, de un largo viaje interoceánico de trescientos sesenta y cinco días.

La inexplicable pujanza del Islamismo se avecina como una cuña incrustada a martillazos sobre el llamado Occidente. ¿Hará cambiar el mundo? Épocas anteriores han existido para todos los gustos. Por un lado, empujan, ¿qué duda cabe?... más, ¿qué acontecerá si ahorcan a Sadam, o Irán llega a disponer de un bombardero con ingenios nucleares? Por otro lado, es manifiesto el interés de muchos “occidentales” por servirse de musulmanes extremistas en ayuda de sus propias rencillas. ¿Va a olvidarse que las disputas entre los godos reinantes en España fueron las que llamaron en auxilio partidista a los moros, para su travesía del Estrecho, en el año inicial de su instalación durante siete siglos en la península ibérica?

Existen poderosas corrientes, aunque disimuladas, para despojar de todo resto cristiano a la ciudadanía de Occidente, y, éste, tampoco hace mucho por defender algo que no sólo es suyo, sino que le ha conferido su identidad. Minucias aparentemente no dignas de atención obedecen a un ramalazo de vientos descristianizadores. ¿Qué más da?... se respira como fruto de un trastornado relativismo. La disimulada tiranía de lo “políticamente correcto”, mantiene mudas muchas lenguas, y las plumas alejadas de los tinteros. Tan sólo un atisbo de actitud “defensiva” ya es tildado de incorrecto, o sea, de borrego, de cenutrio, impropio de un ser civilizado. Cabe la pregunta, ¿de qué civilización se habla? Tal vez esté mutando, como los genes que han determinado la evolución de las especies...

Esta salida y comienzo de año, tampoco es como la tranquila cola de entrada a un cine o espectáculo, en que, obligadamente, cada espectador, uno detrás de otro, sostiene en su mano el ticket que el portero revisará para permitirle el paso a su localidad. Multitud de vientos impiden mantener orden en la cola, y el ciudadano, que sólo quiere vivir y dejar vivir, se ve desplazado y, lo que es peor, desorientado. ¿Qué espectáculo le ofrecerá el nuevo año?... ¿será un concierto? ¿Será otro circo? ¿Se avecina una tragedia griega? Sólo quienes sostienen sus pies sobre el firme suelo, capeando el temporal desde lo más íntimo de sus convicciones -Dios es luz, y en él no hay tinieblas-, llegarán impolutos al próximo mes de diciembre, y, mirando hacia detrás, podrán identificar lo que ahora aguarda; una mezcla de caos y galimatías.

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