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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Me gustaría ser catalán

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 30 de diciembre de 2006, 12:28 h (CET)
El Estado anda regalando estatutos a todos los que lo quieran. Ahora dice Ramón Jáuregui que hay que cambiar el estatuto vasco para que lo acepte Batasuna. Eso es hacer que la ley se adapte a los ciudadanos, en vez de los ciudadanos a la ley. Basta acogotar al Estado planteándole un reto político, económico o legal para que el Estado se acongoje, se baje los pantalones y se meta por ese sitio todas las alusiones constitucionales a la igualdad de los españoles (Ah, ¿pero quedan españoles?) ante la Ley. Sucedió con González, sucedió con Aznar y sigue sucediendo con Zapathuero. Hoy por hoy si usted es catalán o gallego, por ejemplo, puede opositar en toda España, pero no ocurre lo contrario, yo no puedo aspirar a una plaza de juez o de maestro en esas regiones. Si usted es vasco o navarro sus impuestos serán claramente distintos a los demás, usted saldrá beneficiado y los demás ciudadanos, perjudicados.

Sólo son pequeños ejemplos muy concretos de las distorsiones que acompañan a este ¿Estado de Derecho? El Estado se ha quedado siempre con las vergüenzas al aire ante nacionalistas de cualquier lugar. Sólo las pobres e indefensas regiones que no poseen un fuerte partido nacionalista salen permanentemente perjudicadas, enviando así un claro mensaje a los votantes sobre cuál es el voto útil.

Y aviso a presuntos lectores iracundos, lenguaraces y hábiles en el manejo del vocabulario escatológico de que mi crítica no es anticatalana o antivasca, sino ante catalanista o antivasquista, por ejemplo. Y “antiestatista”, pues es el Estado el que lo consiente. No debemos confundir a catalanes o vascos con sus respectivos partidos nacionalistas, como tampoco debemos confundir a los españoles en general con estos torpes e injustos desGobiernos que padecemos. Desde Pujol hasta ahora se ha regulado la recaudación de impuestos, por ejemplo el IVA que recogen las administraciones autonómicas, al dictado de CiU. Y eso ha sido así con todos los gobiernos desde Felipe González. ¿Pero su obligación no era gobernar para todos los ciudadanos? ¿Estábamos todos los ciudadanos representados por los intereses de Pujol y Convergencia i Unió? Pues eso.

Claro que eso sería poco significativo si en las demás autonomías (este columnista escribe desde la multidividida Castilla, ¿por qué Castilla no es una autonomía como lo es Galicia, Cataluña o Andalucía?) tuviésemos políticos entregados al pueblo que defendieran sus intereses y si no les importara enfrentarse a sus respectivos partidos por el bien de sus regiones. Sin embargo hemos padecido a personajes tragicómicos como Pepe Bono, Barreda, Juanjo Lucas o Juanvi Herrera, que convierten ser español de Castilla en ser ciudadano de tercera regional al que se puede hacer cualquier diablura política, sin que nadie, en un pueblo abotargado y que asume anticipadamente su decrepitud, moviera una mano para evitarlo.

Espero con ansiedad este año nuevo que nos traerá elecciones locales y autonómicas, para comprobar una vez más que nada se mueve en el electorado castellano, sumiso a sus gobiernos, que protesta de los nacionalismos en la barra del bar pero es incapaz de sumarse a una acción política destinada a poner freno a esta discriminación anticastellana.

En Castilla y León se enfrentarán Luis Vicente Herrera, un presidente intrascendente, que nada pinta en el panorama político español, absolutamente desconocido fuera de los límites de su región, carente de influencia en el resto de España, y Ángel Villalba, representante de un partido socialista que se asocia encantado de sí mismo con los nacionalismos. ¿Izquierda y nacionalismo? Si, el PSOE y sus hermanos pequeños, pero a los que está sometido el poder, del PSC y PSE.

De ese PSOE de Ángel Villalba ha salido el actual presidente de un Gobierno que ha recortado a última hora 190 millones de Euros de los fondos FEDER que había prometido a su propia región. Quién va a fiarse entonces de alguien como Villalba incapaz de plantarse ante Zapathuero y decirle que Castilla y León sólo es una región... pero al menos es una región, y tiene los mismos derechos y muchas más necesidades que las nacionalidades.

Y también con idioma propio, por cierto.

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