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Etiquetas:   Crítica   -   Sección:   Revista-teatro

Lo curioso de lo absurdo

Versiones de La cantante calva
Redacción
jueves, 28 de diciembre de 2006, 19:05 h (CET)
Siempre he pensado que el silencio no es incómodo. A veces es preferible incluso no decir nada si lo que vamos a decir no tiene sentido, ¿no creen? En el teatro es diferente. De cualquier tema, por absurdo que parezca, se puede extraer jugo, siempre y cuando se juegue bien con el imaginario. Y para eso Eugène Ionesco era un experto.

Rafaela Rivas
“La cantant calba” es el primer espectáculo que tengo el placer de ver de este autor, y realmente, me ha sorprendido. Seguramente a más de uno de los espectadores que hemos pasado por las butacas de l'Espai Lliure nos ha llamado la atención esta obra por tratarse del texto de una de las figuras más emblemáticas del teatro del siglo XX. Ionesco, Beckett y Adamov consiguieron en su época, los años 50, un teatro nuevo con textos que aunque pretendían ser sólo una crítica de la condición metafísca del hombre acabaron por convertirse en los promotores de un nuevo: el “teatro de lo absurdo”. Ionesco en concreto fue aclamado como “el autor capaz de extender un puente por encima del vacío entre la literatura y el entretenimiento”, con textos muy verbales y ricos en acciones absurdas. En el caso de “La cantante calva” el debate filosófico en tono de parodia se acaba fundiendo con lo absurdo, provocando la risa de los espectadores y el éxito que un autor de estas características se merece. Tal ha sido el interés que en Febrero de 2007 “La cantante calva” celebrará su representación número 13.500 en el Théâtre de la Huchette. Lo que se puede llegar a ver en esta obra, o el mensaje que se puede llegar a transmitir, no se sabe qué es realmente, pero parece que esta “anti-obra” no tenga marcado en su destino el olvido entre los dramaturgos y directores, sea la época que sea.



La cantant calba


La doble versión que se presenta en el Espai Lliure del Teatre Lliure de Barcelona (hasta el 14 de Enero) es, a pesar de lo esperado, una combinación un tanto extraña. La primera de las versiones con las que se encuentra de improviso el público es la auténtica de Ionesco. De entrada parece que nada una esta pieza con la de Lluïsa Cunillé (“La cantant calba al Mc Donald's). Tal y como señala Julie Sermón, asesor dramaturgo, en la de Ionesco “no nos encontramos con la intriga ni con personajes dignos de este nombre; en el mundo de Ionesco nada se construye en el tiempo ya que pasamos todo el tiempo y demasiado rápido de un tema a otro, yuxtaponiendo anécdotas, entrando en un bucle, embalándonos y parándonos de golpe para reactivarnos con la misma fuerza. Es un mundo que solo funciona por medio de instantáneas, donde los hechos, como las identidades, sólo tienen la verdad de la palabra enunciada, el verdadero protagonista de este teatro”. Y ciertamente es así, la palabra gana el terreno a la expresión en este espectáculo: diálogos que parecen no tener sentido, juegos de palabras, repeticiones de frases, todo unido de tal manera que parece formar parte de una partitura con una melodía un tanto extraña pero altamente divertida y curiosa. Porque ¿me negarán que alguna vez no se han quedado boquiabiertos y expectantes ante una conversación ajena? No forman parte de ella, desconocen de lo que hablan, pero no pueden dejar de escuchar e intentar seguir el hilo, y finalmente, aunque no han entendido mucho, les parece formar parte de esa historia, porque les ha interesado en cierta manera lo que han dicho, o mejor aún, el cómo han presentado cada uno de los detalles del relato...Pues sí, aunque ahora no me entiendan a mi, uno sale de l'Espai Lliure con esa sensación de haber visto algo que no acaba de entender pero que es interesante y curioso, muy curioso. Como mínimo después de la primera parte. No sucede lo mismo después de ver la versión de Lluïsa Cunillé (“La cantant calba al Mc Donald's”). Sí que es cierto que se ven muchas coincidencias con la primera parte pero no por ello suena a repetitivo porque la forma de decirlo cambia. No obstante esta contemporaneidad que se le ha querido dar al texto incluso inventando el personaje de la cantante calva y basando la historia en su existencia hace que pierda su magia, lo curioso de lo absurdo ahora resulta que intenta tener un sentido, un sentido que no existe ni tiene porqué existir, por eso es absurdo ¿no? El único sentido que tiene “La cantante calva” de Ionesco es que no tiene un sentido claro...Que quieren que les diga, me quedo con la de Ionesco, que aunque es mucho más absurda me causa la perplejidad gratificante de no entender nada ni querer hacerlo.

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