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Etiquetas:   Experiencias   -   Sección:   Revista-zonajoven

La guinda del universitario

Beatriz Paniego
Redacción
domingo, 31 de diciembre de 2006, 23:00 h (CET)
Vivir lejos de casa, independencia, conocer gente nueva, convivencia, fiestas. Aprender, reír, sentir, divertirse, llorar. Todas esas experiencias y sensaciones, y muchas más, son las que se manifiestan viviendo en un colegio mayor. Ésta es sólo una parte de lo que significa esta residencia para tantos estudiantes universitarios.

De niños se considera a los padres lo que para un religioso puede ser dios: un ente superior, creador, que vela por nosotros. Al crecer, y sobre todo en la adolescencia, los padres se convierten en un control del que queremos escapar. Es entonces cuando seempieza a pensar en la independencia, una independencia que para muchos empieza al entrar en la Universidad, alejándose de sus casas, marchándose a otras ciudades y recurriendo a la vida en un colegio mayor.

Como a tantas otras cosas nuevas, a un colegio mayor también hay que adaptarse: quizás esa sea una de las etapas más duras en las primeras semanas de estancia. Sin embargo, los veteranos ya saben lo que es eso y el día anterior al primer día de clase, cuando todos comienzan a instalarse, preparan un encuentro entre todos los colegiales para empezar a conocer a los novatos y para que se produzca el reencuentro entre los veteranos. Ya en ese momento se dan las famosas y, a la vez, temidas, novatadas. Decir tacos en el idioma de los extranjeros, beber chupitos, darse picos, fingir un orgasmo son sólo algunas de las nimiedades que pueden pedir los veteranos.

Pronto se conoce a todos los colegiales, de vista o de charlas, y se llega a considerarlos hermanos: al fin y al cabo, se produce una convivencia, todos los días se ven, se saludan, se charla, se comparte. Y allí, como en la facultad, es donde se conoce a aquellos que van a ser tus amigos para la posteridad, donde se encuentra a las personas con las que gusta estar y hablar, las personas con las que coincides y encajas.

En un colegio mayor no hay tiempo para el aburrimiento, sólo los fines de semana, cuando todos los colegiales que viven relativamente cerca de la ciudad vuelven a sus casas durante dos días. Pero siempre hay algo que hacer: hablar con tu compañero de habitación; bajar al salón a ver la televisión; conectarse a Internet (en la habitación o en la sala de ordenadores); jugar al tenis de mesa; ir a los conciertos, conferencias o pases de cine; hacer ejercicio en el gimnasio; tomar un café con los amigos; prepararse para las numerosas fiestas que se dan cada jueves e, incluso, en determinados fines de semana del año; y un largo etcétera.

En ocasiones puede resultar duro, agobiante o estresante verse entre cuatro paredes, rodeado de gente que conoces desde hace muy poco tiempo, encontrarse lejos de casa; pero estar en casa también puede reportarte la misma sensación. Lo mejor del colegio mayor es la independencia que sientes: eres totalmente libre de salir y entrar cuando quieras, de comer a la una o a las tres, de dormir solo o acompañado, de hacer esto o lo otro. Libertad e independencia. Además se está casi igual de bien cuidado que en casa: te dan la comida, te limpian la habitación... Lo único de lo que hay que preocuparse es de hacerse la colada y cumplir con las responsabilidades, en la medida en la que cada uno quiera.

Siendo ya los mejores años de la vida de los jóvenes la etapa universitaria, si los acompañas de la experiencia de vivir en un colegio mayor puedes poner la guinda a los años de las despreocupaciones y la felicidad.

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