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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Memoria presente sin historia

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
jueves, 28 de diciembre de 2006, 14:42 h (CET)
El ministro de Justicia que estampó su firma sobre leyes como el divorcio exprés y la de equiparación del matrimonio a las uniones homosexuales, Juan Fernando López Aguilar, ha dicho que el Gobierno está estudiando aplicar indemnizaciones económicas a los homosexuales que fueron encausados en virtud de la Ley de Vagos y Maleantes de la Segunda República, actualizada en 1954, y la Ley de Peligrosidad Social de 1970. Se les ampliaría la pensión no contributiva a 800 euros mensuales, más un pago único de 12.000 euros. Retroactividad de la ley en disitintos régimenes, que parece no tener igual rasero para otros en períodos democráticos. Desde que en 1981 se aplicó la ley del divorcio, son centenares de miles de niños los que han vivido sus negativas consecuencias que los diversos estudios están sacando a la luz. Consecuencia de aplicación de esta ley y la reforma que agiliza y facilita sus resultados, son estos niños que se vieron apartados de sus padres al ser expulsados de sus casas. Personas ya adultas y los niños que ahora lo viven son los principales sufridores de leyes que consideran progreso el divorcio sin prever sus consecuencias: hijos sin padres, padres sin hijos y la perdida de dignidad.

No estará incluida en la ley de Memoria Histórica sino que se harán por Decreto las indemnizaciones que se estudian. Las consecuencias generadas en hijos y posteriormente en sus padres, tarde o temprano son susceptibles de ser reconocidas sin tener que hacer malabarismos históricos. El apartamiento de hijos de sus padres mediante el repudio encubierto es memoria presente sin historia. Cada día, cada año que pasa, encastran este hecho de la almoneda noticiable como cimiento de la ingeniería social histórica. Estos niños tienen todavía la vida por delante para reivindicar a la democracia por qué sin alienación maternal no se les preguntó por su futuro. Muchos despiertan una vez formada familia de su particular síndrome de Estocolmo. Cada día que pasa es un día menos para el reconocimiento universal del niño, a tener por igual padre y madre en España.

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