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¿Por qué se tiñe de rojo América Latina?

Piotr Nikolski
Redacción
miércoles, 27 de diciembre de 2006, 02:45 h (CET)
Se dice que en la lengua china existen trece palabras para designar diversos matices del color rojo.

Pues, el análisis objetivo requiere tener en cuenta esos matices al discutir el color rojo o el desvío hacia la izquierda que comienzan a prevalecer en la vida de América Latina, conceptos que el año pasado entraron en moda. Naturalmente, si hay deseo, se podrá incluir en el “batallón revolucionario rojo” al brasileño Lula de “color rosa moderado” y al venezolano Chávez “purpúreo-radical”, pero tal análisis pecará de imprecisión.

Sin embargo, se observa también la tendencia general que explica en parte por qué de improviso los latinoamericanos comenzaron a dar preferencia al color rojo. Baste que Tío Sam se relaje después de desintegrada la URSS, sienta euforia y se concentre en otras regiones: Oriente Próximo, Irán y la Península de Corea, sin echar de la cuenta la guerra en Irak, comience a implantar democracia en Afganistán y así sucesivamente, para que, acto seguido, América Latina, privada del apoyo de hormigón armado norteamericano, se deslice bruscamente a la izquierda. No se trata del primer “enrojecimiento” en la historia del subcontinente, pero es curioso señalar que esta vez ha sucedido sin participación soviética y ni siquiera cubana: lo que hoy preocupa a La Habana es la grave enfermedad de Fidel y, con tal motivo, las conjeturas que se hacen respecto a su porvenir.
Cada uno de los países, catalogados formalmente en el bloque de izquierda: Bolivia, Brasil, Venezuela, Ecuador y Nicaragua, aunque estén teñidos de rojo con distinto grado de intensidad, pero, en general, por el mismo motivo. Naturalmente, en todos ellos cierto papel desempeñaron los factores internos, prevaleciendo, no obstante, los externos. El izquierdismo actual de América Latina es respuesta a la política practicada por el “gran vecino del Norte”, resultado del descontento por la política que hacia el área aplican EE UU y la mayoría de compañías transnacionales. Al mencionado grupo de descontentos se agrega a estas alturas la “Isla de la Libertad”. También se puede incluir en éste la mitad del Perú, donde en los recientes comicios presidenciales el candidato de la izquierda estuvo a punto de ganarlos, y, probablemente, a México, que después de las elecciones sigue dividido en dos bandos. Aunque en el Perú y México las fuerzas de izquierda no lograron reunir suficiente número de votos, el matiz electoral de 2006 se tiñó de rojo casi de la misma intensidad que la sangre de la probeta bolchevique: en Venezuela Hugo Chávez dejó fuera de combate por K.O. a su rival y, por consiguiente, fue reelegido.
El interrogante principal que hoy preocupa a todos es: ¿qué saldrá de todo eso? Creo que nada en particular. Seguramente, la región no se convertirá en “socialista”, aunque, después de obtener la victoria en las elecciones, rebosando alegría, el apasionado Hugo Chávez prometió advenimiento de la época socialista.
En primer lugar, no sucederá nada porque hoy en América Latina bajo las banderas rojas no marchan maoístas ni trotzkistas ni bolcheviques, sino aquellos que exigen soberanía real y no imaginaria para sus respectivos países y reivindican una economía socialmente orientada; aquellos que quisieran poner coto al saqueo de sus recursos naturales y los que protestan airadamente contra la injerencia norteamericana en sus asuntos internos meramente nacionales. Muy raras veces se puede ver en las banderas rojas los llamamientos a suprimir la propiedad privada o a “expropiar a los expropiadores” que portan ancianos o adolescentes ambiciosos con el único fin de causar efecto. Nada tienen que ver con los marxistsas convencidos.
Consiguientemente, todas estas consignas repiten de hecho, aunque en forma actualizada, las ideas bolivarianas de lucha por la soberanía, contra la miseria, tan habituales para la región. Incluso el más radical líder regional, Hugo Chávez, no hace alegaciones a Marx, sino que evoca el nombre de Bolívar. Después de la desintegración de la URSS, Cuba hace dejación de las ideas marxistas-leninistas y se pone de cara a las ideas bolivarianas y de su Apóstol José Martí.
Está claro que el “batallón revolucionario rojo” de América Latina sigue el borde izquierdo del camino conducente a los cambios deseables, pero tal es su opción. Por el momento, no se registran aun intentos más o menos importantes de abandonar la senda capitalista. Creo que esta situación se mantendrá también en el futuro. Pero a condición de que Estados Unidos no cometa de nuevo un burdo error intentando inmiscuirse sin miramiento alguno, lo que le es propio, en esa marcha capitalista de izquierda. Si esto sucede, Hugo Chávez se proclamará comunista, lo que se vio obligado a hacer en su tiempo Fidel Castro, y no por voluntad propia, sino porque los norteamericanos le restaron apoyo.
El segundo motivo que no permite interpretar como generalizado el proceso teñido de rojo que se desarrolla en América Latina, es una calamidad tradicional del subcontinente: la falta de unidad. Parece que no hay un país suramericano que tenga arregladas por completo las relaciones con sus vecinos. Por esto falta confianza y son frecuentes las colisiones fronterizas en la selva donde simplemente no existe la línea de demarcación. Actualmente, entre los “rojos”, Venezuela y Cuba mantienen la cooperación más estrecha y fructífera. Pero miren el mapamundi: ¿dónde está Caracas y dónde, La Habana? ¡Sabe Dios lo que podría suceder si tuvieran frontera común!
Se dice que momentos antes de morir, Bolívar susurraba una misma palabra: “unidad, unidad, unidad”.

Sabía lo que decía. Precisamente las discordias y falta de unidad en el área no permitieron a Simón Bolívar crear los Estados Unidos Latinoamericanos capaces de luchar con mayor éxito contra la lejana España y contra Estados Unidos, cuyas ambiciones eran evidentes ya entonces.

No cabe duda que apoyándose en los países de la región que siguen en su órbita, EE UU hará cuanto esté a su alcance por que hoy no se haga realidad el recóndito sueño de Bolívar. Pero existen otros factores. Washington ya ha perdido mucho, mientras que los rivales aparecidos en su tradicional “vientre blando”, al desembarcar en el litoral latinoamericano, comienzan a arraigar de prisa. Procede señalar que esos adversarios no son de los que se dejan lanzar fácilmente al mar: China, la Unión Europea, el Canadá y últimamente Rusia que está restableciendo sus vínculos con Cuba y coopera activamente con Venezuela.

En resumen, América Latina no será “socialista”, pero sí más independiente de Estados Unidos.

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Piotr Nikolski, para RIA Novosti.


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