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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Dibujos animados para cambiar el mundo

Raúl Tristán

miércoles, 27 de diciembre de 2006, 02:45 h (CET)
Quisiera hacer una reflexión educativa sobre la que he estado cavilando ante la reciente desaparcición de un gran creador. Se trata de la muerte de Joseph Barbera, quien junto a William Hanna (fallecido en 2001) formó una de las parejas más fructíferas que se conocen en el mundo de la animación.

Todos aquellos que seáis de mi época, o anteriores, y quizás algunos un poco posteriores, recordaréis a personajes tan inolvidables como el oso Yogui, Scooby-Doo, Tom y Jerry, Los Supersónicos, el gorila Magilla, la gente de Los Autos Locos, don Gato, Los Snorkels,...Pierre Nodoyuna, Penélope Glamour, Patán... el resto de vosotros, desgraciadamente, os habréis visto bombradeados con las sagas interminables de dibujos japoneses que invaden nuestras televisiones.

Y digo desgraciadamente porque casi el 90% de esos dibujos y sus personajes me parecen una aberración, máxime cuando se pretende que sean visionados y asimilados por un público infantil.
Ya desde los martirizante-depresivos-lacrimógenos Heidi o Marco, Yaki y Nuka, hasta los más actuales, en los que el proceso de incorporación de la agresividad y la violencia a unos rostros desencajados por la furia o la ira, el odio, se han completado de forma tan magistral que nuestros hijos, en lugar de reir con limpias carcajadas, o de apasionarse con sentimientos amables, agradables, felices, sólo reciben mensajes que les crean una ansiedad interna o un estado de tensión nerviosa y les generan unas pulsiones psicológicas tan negativas que pueden considerarse un factor coadyuvante más en ese fenómeno creciente que constituyen hoy en día los "caínes" (parafraseando al escritor zaragozano García Valiño) o los "pequeños dictadores" de los que nos habla Javier Urra en su famoso libro.

Creo que aquellos que dirigen las televisiones deberían preocuparse más de la basura que inoculan, cual veneno insidioso, en las mentes de nuestros niños y adolescentes. Los padres, pese a que lo intentamos, evitando poner la TV, o si lo hacemos, selecionando contenidos en DVD o CD de nuestro gusto (véase programas de aprendizaje de idiomas, o series como Barrio Sésamo, Érase una vez... ) no podemos vigilar en todo momento y lugar lo que nuestros hijos ven, pues existen muchos ámbitos que escapan a nuestro control

No conozco la razón por la cual Japón está creando y desarrolando esa serie de monstruos de ojos enormes, iracundos, furibundos, asesinos sin piedad, pero lo que sí que puedo afirmar con rotundidad es que seguir esa línea es tomar un camino erróneo, un sendero equivocado por el cual no deberíamos permitir a nuestros hijos transitar.

Pero para ello debemos apelar, en primer lugar, a la responsabilidad social de la que deberían hacer gala los gestores de contenidos de nuestras cadenas televisivas, un deber que no están ejerciendo en absoluto.

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