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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

España acosada: separatismo, progresismo antisistema y yihadismo

“El horizonte es negro, la tempestad amenaza; trabajemos. Este es el único remedio para el mal del siglo” André Maurois
Miguel Massanet
viernes, 5 de diciembre de 2014, 08:00 h (CET)
España está triste. Nadie diría que vivimos en la misma nación optimista, alegre, dicharachera y abierta a la amistad y la camaradería que, sólo hace unos años, era la admiración de propios y extraños. Si empleáramos un símil musical, podríamos decir que, desde hace unos años, nuestra nación ha entrado en un “tono menor”, un estado melancólico en el que los ciudadanos parecen que han entrado en un estado cataléptico del que parece que son incapaces de salir. Claro que, si bien es cierto que existen amenazas exteriores que pueden afectarnos como miembros de la CE, hay otras, que podríamos calificar de más dañinas y peligrosas, que proceden de dentro de nuestra propia patria.

El hecho innegable de que aún no hemos conseguido salir de la crisis pese a que, últimamente, parece que se dan importantes signos que anuncian una recuperación, no puede contrarrestar la enorme lacra de tener más de cinco millones de personas sin trabajo, con las consecuencias que ello comportan, no sólo en cuanto a la situación precaria de aquellos que no disponen de trabajo; la importante carga que, para el Estado, supone tener que dedicar un 30% de nuestro presupuesto a pagar las correspondientes subvenciones; el endeudamiento al que es preciso recurrir para disponer de recursos suficientes para atenderlas y lo que todo ello supone en cuanto a la disminución de la demanda interior, que ayudaría a salir de su estancamiento a tantos miles de pequeñas empresas que hoy no consiguen salir adelante, ante la atonía de ventas por falta de la demanda correspondiente.

Es posible que no se le pueda achacar todo al gobierno del señor Rajoy; es evidente que los anteriores partidos que estuvieron en el poder, desde el PP del señor Aznar, hasta el del señor Rodríguez Zapatero (verdadero causante de la mayoría de problemas que actualmente vienen afectado, de forma determinante, al hecho de que el separatismo haya adquirido carta de naturaleza, debido a las continuas cesiones que los distintos gobiernos han tenido que ir aceptando para conseguir mantenerse en el poder. Cuesta entender que la falta de patriotismo, la tozudez de mantener políticas de enfrentamiento irreductibles, entre el partido en el gobierno y el de la oposición, como ha sido el caso de el PP y el PSOE; hayan permitido que se tuviera que recurrir a los nacionalistas y no hayan sido capaces de llegar a acuerdos puntuales, que hubieran evitado el auge del sentimiento nacionalista que, ahora, se ha convertido en una de las grandes preocupaciones del Estado español. Sea como fuere, la realidad es que, el señor Rajoy, se encuentra ante un problema de difícil solución, enfrentado al nacionalismo radical de Mas y Junqueras, gracias a los cuales no estará lejos el momento en el que se tendrá que “mojar” si, como parece, los separatistas están dispuestos a llegar a las últimas consecuencias en su demanda de independencia.

Junto al separatismo, gracias a una política nefasta de comunicación del Gobierno y de una falta absoluta de atención, de la dirección del PP, a las lógicas y sensatas peticiones de sus propios simpatizantes y afiliados –a los que han ido ninguneando como si no fueran las bases en las que se apoya el partido –, desoyendo sus advertencias, incumpliendo las promesas electorales y tratándolos a baqueta, como si su opinión no contara, ante la absoluta cerrazón de un Ejecutivo encerrado en su burbuja de cristal, convencido de que estaban por encima del bien y del mal. La ventaja que les otorgó el disgusto de los ciudadanos con el anterior gobierno del PSOE, hasta el punto de concederles una amplia mayoría absoluta, han sido incapaces de aprovecharla y la han dilapidado, sometiéndose a las exigencias de una oposición de izquierdas que, a fuerza de presionar al gobierno débil del PP, han conseguido neutralizar la fuerza que les otorgaba el disponer de la potestad de aprobar las leyes que consideraran beneficiosas para España, gracias a su domino en ambas cámaras.

El descontento con los dos partidos, aquellos que han prolongado durante años el bipartidismo en nuestra nación, que ha llegado a acumular el pueblo español, durante los últimos años de gobierno, ha hecho que ahora ya no se fiara de ninguno de los dos, a los que viene considerando como incapaces de gobernar, siempre enzarzados en peleas inútiles que han conseguido que, el país, vaya dando tumbos mientras los ciudadanos se consideran las víctimas de su falta de entendimiento ante cuestiones que han sido cruciales para la marcha del país. Ello ha favorecido el auge de extremismos que, primero con los 15M, estudiantes desorganizados, pero que pusieron en la cuerda floja al Gobierno y, posteriormente, con los mismo elementos pero, en esta ocasión, bien organizados, con personas inteligentes al frente y gracias a la propaganda que les han proporcionado las cadenas de TV y los periódicos, especialmente los de izquierdas; han irrumpido con fuerza en la política nacional, amenazando gravemente al bipartidismo y la estabilidad de la nación; aunque su oferta no tiene la menor posibilidad de ser llevada a la práctica, han conseguido engatusar a gente sencilla que ve, en ellos, un clavo ardiente al que agarrarse para salir de la precaria situación económica en la que se encuentran.

Pero hay un tercer motivo de preocupación. Algo que, no por tratarse de una amenaza endémica que se ha venido cerniendo sobre nuestro país; parece que, hasta ahora, nadie haya tenido en cuenta ni el Gobierno ni, tampoco, los ciudadanos, que siempre lo contemplaron como una amenaza lejana, imposible de cumplirse, por la que no hacía falta preocuparse. La amenaza del EI ha dejado de ser un cuento de las “Mil y una Noches” para irrumpir de forma devastadora, con una inusitada fiereza y con matanzas capaces de helarle la sangre al más osado, en Oriente Medio, donde se están fortaleciendo y manteniendo sus conquistas, amedrentando a los pueblos conquistados ejecutando verdaderas carnicería entre la población no musulmana. Los yijadistas no amenazan en vano, son una fuerza formidable que dispone de dinero a espuertas y que están provistos de las mejores armas para poder llevar a cabo su particular lucha de exterminio de sus enemigos, sin que, hasta ahora, como ha reconocido el ministro de Exteriores, señor Margallo, los miles de bombas que los aviones de los EE.UU y el RU han dejado caer sobre las posiciones yihadistas, hayan conseguido acabar con ellos. Al revés, sus filas se siguen nutriendo cada día, con miles de nuevos conversos que les llegan del resto del mundo musulmán; pero también, con gran preocupación de los gobiernos occidentales, de la propia UE y de los EE.UU de América.

Ya no podemos ignorar la amenaza porque ya existen focos, tanto en Libia como en Argelia, que se puede decir que se encuentran a las puertas de nuestras fronteras del sur. Los entendidos dicen que no se les podrá derrotar si no es con soldados de tierra. ¿Supone esto que hará falta enviar tropas españolas a luchar con ellos? Antes, solo se enviaban a “misiones humanitarias”, pero nos tememos que la tranquilidad con la que hemos contemplado como los otros nos sacaban las castañas del fuego, se nos está acabando. Lo evidente es que, lo que nos espera, no tiene pinta de ser algo agradable. Al menos así lo vemos nosotros. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos estremecidos como los nubarrones políticos oscurecen el horizonte de nuestro país.
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