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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Flujos intempestivos

Nos vemos arrollados por numerosas avalanchas
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 5 de diciembre de 2014, 07:59 h (CET)
Incluso lo más sencillo, está moldeado por una ristra de condicionamientos. Algunos detectados a simple vista; pero, quizá la mayoría, son de una enorme complejidad, de una comprobación laboriosa. La SIMPLICIDAD podemos catalogarla de inexistente. A los sumo lo parece, porque desconocemos sus motivaciones de fondo. La confluencia de diversos factores aporta colaboraciones, pero también dificultades; no tenemos más que observar cuantas experiencias afrontamos a diario. Nos acordaremos sobre todo de las desfavorables, las que nos importunaron en mayor medida.

Nos vemos arrollados por numerosas avalanchas. Cada vez intervenimos menos en la configuración de los rasgos ambientales de la convivencia. La rapidez de los acontecimientos no da tregua. Las ideas nos vienen dadas por las resonantes vías tecnológicas; las propias quedan recluidas sin opciones de salida. Tales rumbos provocan una progresiva DECODIFICACIÓN de la personalidad de cada sujeto; degradada por la anulación progresiva de sus mejores cualidades. Todavía con ánimos reivindicativos, las circunstancias cambiantes aceleran la inestabilidad de las conciencias. En plena vorágine, la articulación del pensamiento es una quimera. ¡Sálvese quien pueda y cuanto antes! La identidad personal permanece en entredicho por el aturdimiento derivado de las circunstancias.

La corriente degradante no se detiene en algún sujeto desprevenido, invade cualquier rasgo de humanidad sin contemplaciones. Dicha afectación del conjunto porvoca una DESMANTELACIÓN de las masas; desprovistas y dominadas por las avalanchas sucesivas. Así las cosas, ni como particulares ni como sociedad articulada dispondremos de capacidad de reacción. Y ya sabemos que el curso de los acontecimientos no revertirá por sí mismo. En definitiva, despreciados los buenos atributos de las personas, el horizonte abre sus puertas a las fuerzas dominadoras, llamense confabulaciones bancarias, maquinaciones políticas o gestores endiosados. El número de adeptos pierde su valor por carecer de consistencia argumental.

En cuanto a la cacareada información que debiera iluminarnos, también la invaden flujos nefastos. A los pocos minutos del contacto con cadenas televisivas, prensa o radio; percibimos el tufo de un trato SECTARIO en los comunicados. Las tendencias lógicas por los puntos de vista diferentes, ya pasan a ser ladridos monocordes; detectamos la desaparición de la pluralidad comunicadora. Quien silencia los Eres o las graves tropelías sindicales, propala en exclusiva las tropelías en áreas que no le son afines. O a la inversa. Mientras, ya nadie menciona a Urdangarín y sus adláteres. Las trayectorias informativas adolecen de un dirigismo dogmático apegado a intereses ideológicos alejados del propio ciudadano.

Independientemente de su veracidad, medias verdades o auténticas mentiras; las tácticas de tergiversación informativa recurren a cualquier aportación disponible. Aunque mucho se achacó a los nazis su machacona REITERACIÓN como arma propagandística; aquello quedó diluido a la vista de los petimetres aupados en las diferentes emisiones actuales. Es tan escasa la variación de sus formas, no les importan los matices, que les serviría de modo parecido el automatismo de un robot; sus titulares son idénticos, y los silencios también. ¿El núcleo de los asuntos tratados? Será una consideración secundaria, perdida entre el fárrago de improperios utilizados en su propaganda. Es una verdadera malversación informativa practicada a diario.

A menudo escuchamos referencias a protocolos de cada procedimiento, niveles de audiencia, manifestaciones multitudinarias, número de visitantes en las páginas de las redes sociales; con la paradoja lamentable de la menor calidad en la valoración de la persona humana concreta, fulano o mengano, sus necesidades o circunstancias. Las raudas imágenes y las grandes panorámicas invaden casi todos los espacios. Cada vez cuenta menos el personaje concreto de cada sujeto con sus pormenores, problemas y cualidades. Como ROBINSONES, afrontamos a las instituciones, empresas, agrupaciones, incluidos los medios de comunicación. Somos gente sospechosa con la pretensión de ejercer como protagonistas de nuestra propia vida.

Una sensación frecuente es la de que estamos atrapados, bien localizados y sin escapatoria a la vista. Existimos con muchas fijaciones desde el nacimiento hasta la muerte. Sobran los aspectos ineludibles a lo largo de la vida. De ahí el interés para suavizar entre todos las penalidades mayores. Sin embargo, olvidamos pronto lo del bien común. Todavía somos muy propensos al incremento de las barreras y dificultades. Abundan los elementos con vocación controladora sobre el mayor número posible de personas. ENJAULADOS de tal guisa, tropezamos con los barrotes de la usura, del desprecio por el valor de la persona, del trato despectivo, de la falta de responsabilidad; incluso inventamos cada día nuevos barrotes.

A los impedimentos naturales sumemos la ingente recua de dificultades creadas por los humanos; por eso es tan complicada la obtención de conclusiones ante cada problema. ¿Algunos se liberan de estas limitaciones? Aquí es donde suele saltar la sorpresa; tantas veces, que no debiéramos sorprendernos. Me refiero a la proliferación y subsistencia de los INTEGRISMOS de variado cuño. Es increíble encontrarnos con gente tan dogmática e intransigente. Nadie alcanza tal nivel de certezas. No obstante, los hay que conocen las exigencias de Dios, otros diseñan patrias a su gusto servidos por los ciudadanos; o bien tenemos a los que sólo tratan con dineros. Son representantes de un absolutismo fiero, alejados del buen sentido existencial.

El siguiente es un relato peculiar de rabiosa actualidad. La historia de un divorcio y un maridaje. El divorcio con la excelencia, vilipendiada la pobre e irreconocible entre las algarabías. Y el maridaje con la mediocridad, recibida festivamente en los círculos mayoriatarios. Es uno de los arreglos de conveniencia con aires de poco futuro; sin embargo, perdura en el tiempo con una arrogancia inusitada. Sucede muchas veces, lo que parecía pasajero, subsiste sin parar mientes en argumentos, ni tener en cuenta el interés general. Si el amor es ciego, estos arreglos, al menos son tuertos.

Algunos flujos potentes de curso solapado, de pronto los descubrimos en la cruda realidad de COMUNIDADES SECUESTRADAS. Sean jóvenes adiestrados en una educación obsoleta, ajena a los requerimientos sociales y a los avances técnicos; ancianos poco menos que aparcados; parados, mantenidos en compartimentos estanco, aislados de las tropelías bancarias e incluso sindicales; secuestro de amplios grupos comunitarios por embaucadores políticos. Formas y maneras de fácil observación y complicada recuperación.

Vengan los flujos del norte o del sur, con frecuencia encuentran la colaboración de VICTIMISMOS peligrosos por su funcionamiento intrínseco. Engendran la pasividad derivada del alejamiento de responsabilidades, siempre son otros los culpables. Favorecen la demagógica lucha de todos contra el enemigo exterior. Mientras la propia labor permanece ofuscada entre la nebulosa ambiental pergeñada. Representan una auténtica evasión, eluden la participación sincera.
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