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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Cándida': cuando Dios aprieta, ahoga pero bien

Pelayo López
Pelayo López
miércoles, 7 de febrero de 2007, 19:21 h (CET)
En nuestra pequeña pantalla, actualmente, triunfan los formatos televisivos –léase Aquí no hay quien viva o Camera Café- que buscan nuestra risa a través de un reflejo excesivo, y al mismo tiempo sarcástico, de los arquetipos sociales fácilmente identificables por todos nosotros, nosotros mismos incluidos. La ópera prima de Guillermo Fesser, la mitad del dúo radiofónico-humorístico Gomaespuma, es una tragicomedia que continúa dicha estela. Atrás quedan ya la imaginación y el delirio de los dos anteriores títulos co-escritos, como también es el caso de la actual, junto a su hermano Javier, El milagro de P. Tinto y La aventura de Mortadelo y Filemón.

Ahora le ha llegado el turno a este homenaje, como se puede ver y entender muy sentido por su parte, hacia una figura esencial en su desarrollo como persona. La protagonista de esta historia es la propia Cándida Villar, la mujer que fuera asistenta en su casa y a la que él, ya en su estatus de estrella radiofónica, sacó de servir para contar con ella como particular crítica cinematográfica. Aunque, en realidad, la historia es un homenaje extensible a todas las mujeres tan sufridas y abnegadas como ella que han tenido la fuerza y el tesón suficientes para sacar adelante al país. Cándida es Cándida, se interpreta a si misma porque, después de barajar varias posibilidades, el director se decantó por contar con ella a pesar de no ser actriz. A este respecto hay que destacar que, para cualquier profesional, meterse en la piel de esta señora hubiese supuesto un auténtico reto difícilmente alcanzable, y que, al mismo tiempo, nadie mejor para interpretarse a una misma que ella. Su presencia física y su característico modo de hablar, mitad disléxico y mitad extraído del lenguaje de otros congéneres que necesita el mismo decodificador que ella menciona, supondrían también un obstáculo difícil de salvar para cualquiera. Junto a Cándida están un solvente y correcto Jorge Bosch, en un papel de estrella televisiva con una vida personal desaparecida a la que la protagonista rescata -¿será el alter-ego del propio director?-, y, sobre todo, un excelente Raúl Peña, de series televisivas como UPA o SMS, que está soberbio en su papel de hijo drogadicto. Habrá que estar pendiente a su evolución.

Precisamente de esto también habla la película, de las drogas, de los malos tratos, de los problemas mentales, de la homosexualidad… pero, por encima del resto o como común denominador, de la soledad con la que esta mujer convive y que remedia con un aparato de televisión de ida y vuelta. Como se puede comprobar, no ha salido de otro mundo, es demasiado de éste, más de las viviendas de protección de oficial que de los adosados y con el único sueño de una pequeña granja que permita alejar los problemas de su entorno. El sueño se cumple, pero como ella misma reconoce, los sueños ya no lo son cuando se cumplen y desaparecen de nuevo. No obstante, Cándida, golpe tras golpe, los encaja uno tras otro y sigue recibiendo más, y siempre muestra, a pesar de todos ellos, la misma voluntad de seguir para adelante incluso arrimando el hombro para todo aquel que lo necesita convirtiéndose en un personaje tan entrañable mitad la Julie Andrews de Sonrisas y lágrimas y mitad la de Mary Poppins. No se puede hablar en este caso del guión, de la fotografía ni de otras circunstancias similares porque aquí no son lo importante. Esto es un producto cinematográfico pero no lo es, es el relato vital de mucha gente y la crónica social de gran parte de nuestro país.

La música que acompaña todo este transitar por la cara oculta de Madrid, eso sí, está muy bien hilachada –muy en especial la versión del Gwendoline del internacional Julio Iglesias en versión flamenca-, aunque hay que reconocer que el “todo” en esta película lo pone Cándida. Ella es el espíritu de estos metros de celuloide, donde, por cierto, al principio hay, al menos para mí, un recuerdo para el genio de Gila. Al salir del cine me ha quedado con dos dudas. La primera, saber si el hecho de que las risas fluyan por la sala es bueno o malo, lo difícil que resulta, en algunas situaciones, saber si nos reímos con ella o de ella. Y la segunda, saber si estas fechas navideñas son las más propicias para un estreno de estas características, porque, si uno se pone a reflexionar sobre lo que aquí se cuenta, las luces seguramente se apagarán y la alegría se disipará. Ya lo dice el título de otra anterior colaboración, en este caso literaria, entre Guillermo Fesser y Cándida Villar: Cuando Dios aprieta, ahoga pero bien.


FICHA TÉCNICA

- Calificación: 3 estrellas.
- Director: Guillermo Fesser
- Reparto: Cándida Villar, Jorge Bosch, Raúl Peña, Víctor Sevilla y Yaiza Guimaré.

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