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Etiquetas:   Libros   Autores   -   Sección:   Entrevistas

“Al hacernos mayores echamos de menos haber perdido la capacidad de sorpresa”

Entrevista a Javier Ikaz y Jorge Díaz, autores de ‘Yo fui a EGB 2’
Herme Cerezo
jueves, 4 de diciembre de 2014, 08:49 h (CET)
Después de que Jorge Díaz, nacido un Domingo de Ramos, y Javi Ikaz, nacido un sábado después de comer, ambos en Euskadi, autores de ‘Yo fui a EGB’, auparan la “egebemanía” al puesto más alto de ventas y convirtieran el libro en el más vendido del año, ahora vuelven a acompañarnos en un viaje por todo aquello que hizo que los 70, los 80 y los 90 permanezcan todavía en nuestro recuerdo. Sobresaliente para un fenómeno único que, revolucionando las redes sociales con sus ochocientos mil seguidores en facebook y su blog, no acepta imitaciones y merece la matrícula de honor. Desde el Cococrash hasta los Fraggle, pasando por la Nancy o Exin Castillos, el nuevo libro ‘Yo fui a EGB 2’, editado por Plaza&Janés, viene cargado de novedades en torno a la música, el cine, la televisión, la comida, el deporte, la tecnología, el mobiliario o las fiestas. Ambos creadores, porque llamarles escritores parece poco, pasaron por Valencia para presentar su libro, promocionarlo y atender a los medios de comunicación. Y los dos respondieron indistintamente a mis preguntas.

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Javier y Jorge, ¿cómo surge la idea de escribir este segundo volumen de ‘Yo fui a EGB?
Nos lo llevaban pidiendo bastante tiempo en facebook nuestros seguidores, que hoy ya rebasan los ochocientos mil. Nos animaban a publicar un libro incluyendo todo lo que insertábamos en el blog y diciéndonos que lo comprarían. Hablamos con varias editoriales y decidimos quedarnos con Plaza & Janés. Y el resultado está ahí: dieciséis ediciones y doscientos mil ejemplares vendidos. Pero como tenían ganas de más, pues hemos escrito este segundo volumen.

¿Estamos ante la reivindicación de una época o de un sistema educativo, en este caso la EGB?
No, no, ni reivindicamos ni renegamos de nada. La idea de incluir EGB en el título nunca fue para hablar del sistema educativo en sí, sino para tratar de las tres décadas que duró. EGB es la palabra que identificar a la gente que dice “yo fui de esa época”.

¿Qué echáis de menos de aquellos años?
Sin duda ser niños. La nostalgia creo que parte de ahí, de echar de menos lo que hemos perdido, como por ejemplo la capacidad de sorprendernos con cada pequeña cosa. A mis treinta y seis años, estoy viviendo un montón de primeras veces gracias al libro, pero echo de menos esa falta de sorpresa.

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¿Qué encontramos en ‘Yo fui a EGB 2’ que no estaba en el anterior libro?
Teníamos claro que el segundo había de ser mejor que el primero. En principio, incluye más páginas y más fotografías que el anterior. Lo hemos cuidado mucho y hemos tenido en cuenta otros detalles. Por ejemplo, la primera fotografía, la del profesor fumando en clase, estuvimos buscándola y decidimos que, hasta que no apareciera, no íbamos a publicarlo. Además introducimos el deporte, las casas o las Navidades, aspectos que no salían en el anterior y hemos desarrollado otros que ya estaban, como la música. También incluimos las pegatinas que aparecían en ‘Superpop’, que hay que colocarlas donde corresponde, porque el libro no está concluido sin la colaboración del lector. En las últimas páginas aparece una mezcla de oca y trivial, en cuyas casillas hay que responder una pregunta ochentera, y un collage final en el que están todos los personajes de los dibujos animados que veíamos entonces. Realmente, este es un libro para compartir y evocar recuerdos juntos.

¿Por cierto, cómo os documentáis para ‘Yo fui a EGB 2’? ¿Internet es la fuente máxima de aprovisionamiento o también vivís de recuerdos y de fuentes orales?
Afortunadamente, disponemos de una variedad muy amplia de seguidores que nos envían cosas antiguas, colecciones de cromos, discos, fotografías de juguetes… Son objetos que estaban perdidas en casa de sus padres y los han recuperado. Sabemos que algunas personas incluso han buscado recuerdos en los contenedores de basura. Los lectores que conservan el chip de EGB nos tienen muy presentes y viven pendientes del más mínimo detalle para hacérnoslo llegar. Incluso nos dicen que ahora la limpieza de los cuartos trasteros les resulta más divertida.

¿Tener ochocientos mil seguidores en facebook os ha pesado a la hora de escribir esta segunda parte o más bien os ha servido de acicate?
Hemos trabajado con la misma libertad que antes. La verdad es que si fuésemos conscientes de todo lo que tenemos detrás, nos cortaríamos, porque nuestro blog es muy exagerado en cifras: el mes pasado alcanzamos los tres millones de páginas vistas, una cifra a la que muchos medios de comunicación no llegan. Sin duda, el hecho de que cada día colguemos nuevas cosas nos ayuda a vencer el miedo a escribir.

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En ‘Yo fui a EGB 2’ el trabajo de maquetación es muy importante, ¿no?
Sí, claro. Cristina Irisarri, nuestra diseñadora, es una crack. También diseñó el primer volumen y no podemos hablar de horas extras invertidas por ella en este trabajo, porque su dedicación ha sido plena. Elaborar un libro de estas características es complicado, porque una vez ya maquetado encontramos fotos mejores y hay que cambiarlo todo.

Hay una serie de cosas que se citan en el libro (cambiar cromos, escribir en el pupitre, escaquearse, pasar notitas a los compañeros, llegar tarde a clase…) que hacíamos de pequeños, ¿cuántas de ellas seguimos haciéndolas de adultos?
La verdad es que de mayores seguimos con lo mismo. Entonces el hecho de que una cosa estuviera prohibida y nos castigaran por hacerla la hacía más divertida. Es como cuando salían los dos rombos en la televisión, que nos despertaban el morbo y nos incitaban a ver el programa en cuestión. Y sobre las cosas que citabas en la pregunta, antes nos enviábamos notitas escritas en papelitos, ahora escribimos whatsApps; antes llegamos tarde a clase, ahora a nuestros trabajos y así un largo etcétera.

Otra frase mítica que también encontramos en ‘Yo fui a EGB 2’: “Papá, cuando ponemos el árbol de Navidad”, ¡qué recuerdos!
Era una fecha mágica que marcaba el inicio de las fiestas. Cuando tu padre ponía el árbol contigo disparaba la magia de la Navidad. Era un momento muy especial, que también ha cambiado mucho hoy. Muchos lectores nos han dicho que tal y como relatamos esa escena es como si hubiéramos vivido en sus casas. Al margen de la Navidad, el árbol lo ponemos rápido y pronto, quitarlo cuesta un poco más y, a veces, en febrero todavía está puesto [risas].

El papel de empapelar también triunfó y marcó una época. Con poco dinero, era capaz de convertir una habitación mínima en una sala del Palacio de Versalles.
Es verdad y además esos papeles eran hipnóticos. Si te fijabas en sus dibujos te quedabas como hipnotizado. Luego llegó el gotelé y el papel pintado se fue al traste, porque ya había pasado de moda. El gotelé era síntoma de modernidad, pero luego también pasó de moda y hubo que quitarlo y alisar las paredes.

Con el libro en las manos y por lo que hablamos, parece claro que tanto en Catalunya, como en Euskadi, Galicia o Andalucía, todos vivimos igual ese tiempo, ¿no?
Sí, precisamente es lo que llama más la atención, lo que más ha acentuado el sentimiento de unidad en esta comunidad. Expresiones o palabras que creíamos haber inventado nosotros, los demás también las utilizaban y en lugares muy distintos y lejanos. Es algo que nos ha sorprendido mucho.

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‘Yo fui a EGB 2’ tiene bastante de análisis antropológico, aunque no sea su objetivo primordial.
Eso nos lo dice también mucha gente. Y la verdad es que, aunque sea de modo un poco anecdótico, sí que lo es. Hay aspectos, como la Dictadura o los atentados de ETA que no tocamos, porque en aquellos años éramos niños y no nos afectaban tanto. Un director de cine, como el valenciano Berlanga, hubiera podido rodar una película genial sobre toda esa época si viviera.

La última por hoy: ¿habrá un ‘Yo fui a EGB 3’, pasaréis directamente a escribir sobre BUP o cambiaréis de registro?
La gente es insaciable. Nos felicitan y nos preguntan para cuándo el tercero. Lo cierto es que al hacer esta segunda parte nos hemos vaciado y no guardamos nada para el futuro. Te puedo adelantar que ha salido también un cedé con la banda sonora de aquellos años: sintonías de la tele, de los dibujos animados… El cedé incorpora un libro con treinta y seis páginas, una chapa de ‘Yo fui a EGB’, una pegatina para el coche -, una costumbre que intentamos recuperar -, y un carnet numerado de socio, igual que cuando éramos pequeños y pertenecíamos a una banda.
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