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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Cuento, bastante imposible, de Navidad

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
martes, 26 de diciembre de 2006, 10:02 h (CET)
Tengo que escribir un artículo sobre la Navidad. Es la época, toca. Pero tengo que encontrar una idea nueva, distinta. Por lo general, la idea de Navidad va asociada a otras más ajadas, más manidas, y que ya no sirven. Abandono el ordenador y trato de pensar.

¿Pero es que no se ha escrito ya todo sobre Navidad? Vienen a mi memoria viejos libros, recuerdo viejas estampas de las que siempre decimos que son nuevas... ¡Cuántas cosas viejas recuerdo! No es ese el camino, por ahí no puede ir mi artículo sobre la Navidad.

Intento distraerme, pensar cómo pasarán la Navidad personas distintas; personas que no tengan nada en común, que no se hayan visto nunca, personas que aunque hablaran el mismo idioma no lograran comprenderse. Llevamos dos mil años pensando en los mismos protagonistas..., ya está bien, hay que buscar nuevos actores.

Por ejemplo, Marisa, aunque a sus clientes siempre les dice que se llama Jenny. Ni la conozco ni sé si existe, pero seguro que existe. Malvive en cualquier callejuela, oscura seguramente, con olor a orines. Ella, Jenny, huele a perfume barato, parecido. Un día su señor padre la puso de patitas en la calle. No importa la razón, la echó. Para subsistir Jenny vende lo que tiene. Y lo vende bien. Bueno, bonito y barato. Es 24 de Diciembre y Jenny bebe en cualquier mugriento bar. Jenny está desesperada. Jenny no llora para que no se le corra el rimel. Jenny clava sus uñas en el vaso de güisqui. El vaso estalla. Jenny sangra. Jenny llora.

Dicen que en Belén nevaba la noche del 24, por lo menos haría frío. ¿Y la Navidad en África? En Somalia, por ejemplo. Hay gentes famélicas, niños panzudos, hombres que limpian su fusil. Salen, entran, corren y disparan. Pero no han puesto el Nacimiento, ni veo por ningún lado los tres Reyes Magos. ¡Ah!, es que no son cristianos, para ellos el 24 es un día más, un buen día para morir si la causa es buena. Y mueren.

Mientras echo una mano al Matías con el árbol, no puedo evitar que entre tanto la imaginación se me escape con Jenny. Ya no sangra. Está en casa. Se mira al espejo. Vive bien. En Somalia ha caído un niño más. Gana buen dinero, tiene buena clientela. Es un piso bonito. Debe ser feliz, pero está llorando. A lo peor sólo necesita que alguien se le acerque ofreciéndole amor, en lugar de exigírselo. A lo peor.

Obligo a mi imaginación, decididamente la historia de Jenny no sirve como artículo de Navidad. Quizá lo de Somalia, pero no creo. Demasiada muerte y destrucción, y ésta es una fecha de turrón y felicidad, de anuncios de colonia con la familia reunida ante la tele.

¡Condenado artículo! Sólo necesito una idea que me permita hablar de la Navidad sin caer en los tópicos al uso. Creo que Jenny terminará por suicidarse.

Tengo que encontrar una historia creíble, de nuestros días, de nuestra sociedad. Me acuerdo de Don Luis, tal vez me sirva su historia, no sé.

Jenny se sienta frente al espejo. Don Luis va a pasar las fiestas con su familia. Vendrán las niñas con sus maridos. Don Luis cerró ayer un magnífico negocio. Jenny se sube la manga. Con una comisioncilla muy interesante. Le va a permitir engordar un poco más su cuenta corriente. Sus cuentas corrientes. Jenny duda. Pero antes de la cena Don Luis va a arreglar un último asunto, venga, Ramírez, me paga usted los cienmil y en paz.

Y Ramírez dice que no puede, que por favor, que si unas semanas más, que si patatín, Jenny se decide, que si patatán...

Mire, Ramírez, ya le he dado demasiado tiempo, arrégleselas como pueda, lo necesito antes de fin de mes, si no...

Don Luis va por el champán. Jenny tiembla. En Somalia luchan. Don Luis descorcha. Jenny pincha. En Somalia disparan. Don Luis sirve. Jenny se inyecta. Somalia estalla. Don Luis levanta la copa. Jenny tira la jeringuilla. En Somalia mueren. Don Luis se pone en pie. Jenny cae al suelo. En Somalia lloran...

Bueno, lo dejo por imposible. No escribiré ningún artículo sobre Navidad. Trataba de escribir saliéndome de las viejas ideas, pero no he encontrado más que ideas absurdas, sin relación alguna con las fechas tan jubilosas que conmemora la cristiandad toda.

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